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Ruta sonora

Clientelismo en los festivales de rock: un fenómeno global

E

n mayo de 2019, este espacio emitió una crítica que causó amplia respuesta aprobatoria entre muchos músicos locales, aunque también molestia en las oficinas mexicanas de management y operadoras de conciertos: La mafia del poder del rock, en donde quien escribe expuso que el monopolio Ocesa (que maneja a sus propios artistas, además de estar controlada por Live Nation, promotora número uno en el mundo, desde julio de 2019: https://bit.ly/3182QIt), más unas cuantas casas de representación, tienen copados los festivales de amplio presupuesto, infraestructura y promoción, de forma que muchas bandas tienden a quedarse fuera, lo cual debilita y erosiona la escena (https://bit.ly/37GKpNz). Tras su publicación, esta autora recibió ataques en redes, ofensas, burlas, así como el ridículo: “es que no incluyen a su banda Los Licuadoras (la cual está en pausa por asuntos personales desde 2017, además de sí haber actuado dos veces en Vive Latino), entre toda una variante de insultos misóginos, buscando desacreditar lo aseverado y reducir el tema a algo personal, sin darse cuenta de que ponerse a la defensiva sólo los puso en evidencia.

Además, el tiempo pone las cosas en su lugar, y cada vez son más los llamados públicos sobre dicho acaparamiento a escala internacional. Para muestra, dos botones exteriorizados en el último mes.

El primero ocurrió el 7 de enero. La cuenta de Twitter @abbipress hizo viral una radiografía del cartel del festival Coachella 2020 (https://bit.ly/2RYF4dM), el más publicitado a nivel internacional, poco después de darse a conocer el mismo (a celebrarse en abril), con un afiche de diseño idéntico al original, donde en vez del nombre de cada banda, aparece el de la oficina de booking (agenda) y/o management (representación), lo cual demostró cómo un cartel con cerca de un centenar de artistas está absorbido por unas 10 instancias. El primero en dar a conocer esta información fue el sitio estadunidense ROSTR (https://bit.ly/2U9dpJP). Mediante varias gráficas, hace ver que, por ejemplo, sólo tres agencias (Paradigm, WME y CAA) representan casi al 75 por ciento del talento total. Y tal y como se hizo ver en la Ruta Sonora citada, artistas poco conocidos o que se mueven poco en escenarios menores, son introducidos mediante coacción: si los empresarios quieren en su cartel a equis artista destacado, su management lo ofrece siempre que incluya a varios más de su roster (catálogo). Esto no es tan malo para los artistas nuevos que buscan ser impulsados; lo negativo es cuando se ven voraces y no proponen uno o cinco artistas noveles, sino 10 o más, bajo el chantaje del todo o nada. Es por eso que muchos carteles están llenos de artistas desconocidos.

Y para corroborar la existencia de esta práctica, otro botón. El 12 de enero, El Diario (medio español: https://bit.ly/2uJgQMG) retomó la publicación de ROSTR para refrendar que algo semejante ocurre en España, aunque en menor medida. Se vende paquete de artistas: las negociaciones ocultas para salir en el cartel de los grandes festivales, es el encabezado, y la tesis es la misma: “el manager de una gran banda internacional puede poner como condición para su actuación, que formen parte del cartel promocional otros grupos menores de su catálogo (…). ¿Hasta dónde llega la libertad del promotor? ¿En qué Juego de Tronos se ha convertido la industria de la música?” En la nota entrevistan a una fuente (de la cual guardan identidad) con experiencia en programación: “La praxis de contratar a los artistas en paquete existe y es muy habitual (…). En España pasa, pero no de forma tan descarada como en Estados Unidos (…). Aunque es verdad que estamos muy condicionados al contratar bandas y por eso (tales oficinas) han ganado mucho poder de negociación”. Esto es, los elencos de los carteles sí están determinados por dichas instancias, tal y como también se afirmó en la Ruta Sonora señalada. En el mismo texto, David G. Aristegui, portavoz del Sindicato CNT Sector Musical (en España), asegura: "Que toquen siempre las cinco mismas bandas en los festivales lleva a la imposibilidad de profesionalizarse de todas las demás (…). Que sólo puedas ver a tus bandas favoritas en ciertos festivales no es sano para el ecosistema musical". Y señala como culpables a los promotores de los eventos y a las salas de aforo mediano: "No programan: alquilan. Los festivales arriesgan poco, pero las salas nada. Pagas por tocar ahí”. Esto, en concordancia de igual forma, con lo que afirmó también este espacio la semana pasada en torno al cierre de foros en la CDMX (https://bit.ly/2vvHJnz).

Como puede verse, todo este tipo de conductas amafiadas, que sólo ahogan el quehacer artístico de los músicos locales, es un fenómeno global. Tristemente, la industria de la música en México, a diferencia de lo que afirma El Diario según pasa en España, sí replica tales prácticas de forma tan descarada como en Estados Unidos.

Twitter: patipenaloza