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Elecciones España

Preocupante avance del ultraderechista Vox

Encuestas dan como ganador del debate al candidato socialista, Pedro Sánchez

Prevén nuevo empate técnico que dejaría la llave de la gobernabilidad en manos de fuerzas nacionalistas

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▲ El socialista Pedro Sánchez, quien busca la relección a la presidencia del gobierno español, y el líder ultraderechista de Vox, Santiago Abascal, durante actos proselitistas en días pasados.Foto Ap y Afp
Corresponsal
Periódico La Jornada
Miércoles 6 de noviembre de 2019, p. 28

Madrid. Todas las encuestas, las de redes sociales y las de los grandes medios de comunicación, coinciden en dos cosas: el debate electoral celebrado el pasado lunes tuvo dos claros vencedores: el presidente del gobierno y aspirante del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Pedro Sánchez, que aguantó las embestidas, y el líder emergente de la extrema derecha de Vox, Santiago Abascal, quien se convirtió en el gran beneficiado de la jornada.

Mientras en las filas socialistas impera el optimismo moderado y hasta la complacencia, en los cuarteles generales de Ciudadanos (C’s) y de Unidas Podemos (UP) crece la preocupación ante lo que podría ser una noche electoral aciaga.

España vivirá sus segundas elecciones generales en menos de un año. Las del pasado 28 de abril arrojaron una fragmentación parlamentaria que los dirigentes de los principales partidos políticos, sobre todo los de izquierda, fueron incapaces de encausar.

La falta de acuerdos derivó en la convocatoria a votar en lo que serán los cuartos comicios en cinco años, con los que se confirmó una nueva realidad política en el país, muy lejos ya del tradicional bipartidismo que imperó durante décadas.

Con las espadas desenvainadas los cinco aspirantes a presidir el gobierno acudieron al único debate que se llevará a cabo; en parte porque el periodo electoral se acortó debido a la repetición de los comicios y también porque no hubo acuerdo entre los dirigentes para organizar más.

Durante casi tres horas se escucharon los argumentos de unos y otros; todos repitieron hasta la extenuación sus consignas de los últimos meses, para que finalmente la audiencia (más de 52 por ciento de cuota de pantalla) sentenciara que el claro vencedor del debate fue el socialista Sánchez. Muy cerca le sigue la figura que preocupa cada vez más a la opinión pública, Santiago Abascal, quien enarbola un discurso tradicional de la extrema derecha con ataques reiterados a los extranjeros, a las políticas igualitarias de vocación feminista, que pretende proscribir a todos los partidos nacionalistas y que hasta impulsa un debate para abolir definitivamente el actual modelo autonómico.

El debate también confirmó lo que vienen advirtiendo en las últimas semanas las encuestas, que el PSOE ganará, pero no tendrá los apoyos necesarios para gobernar; que el Partido Popular se consolidará como la segunda fuerza electoral y recuperará el terreno perdido; que las dos fuerzas emergentes de los últimos años, C’s y UP, sufrirán una dura caída, y que el partido de la extrema derecha populista, xenófoba y misógina gana cada vez más adeptos, hasta el punto de que podría llegar a convertirse en la tercera fuerza electoral.

Algunos sondeos advierten de que se prevé un escenario de empate técnico entre el llamado bloque de la derecha con el de las fuerzas progresistas, con lo que, una vez más, la llave de la gobernabilidad estaría en manos de las fuerzas nacionalistas catalanas y vascas. Un escenario aún más complejo si se toma en cuenta el actual conflicto catalán y la ausencia de diálogo entre Barcelona y Madrid.

La resultante de esa nueva correlación sería un mapa todavía más fragmentado que el actual y en el que ambos bloques quedarían muy lejos de la mayoría absoluta (de entre 20 y 21 escaños de distancia). A lo que habría que añadir el hundimiento de C’s: perdería 74 por ciento de escaños en apenas seis meses, lo que altera definitivamente el mapa electoral y auparía a Vox hasta la tercera posición.

En este escenario, al que hay que sumar el escepticismo y el desencanto creciente de la sociedad –todavía hay 30 por ciento de electores indecisos–, los partidos políticos enfrentan una semana decisiva que definirá el reparto del poder en los próximos cuatro años.