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Medina Mora: ascenso y caída // ¿Y los expedientes del Cisen?

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uién iba a decir que su meteórica cuan cuestionada carrera en la burocracia dorada terminaría en medio de una investigación en su contra –presuntamente por lavado de dinero y otras menudencias– que motivó su renuncia –11 años antes de lo previsto– al enorme bombón que obtuvo luego de tres sexenios al hilo: ser ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y el fuero que ello implica. Ni sus poderosos amigos, socios y cómplices de la política y la cúpula empresarial pudieron evitarlo.

Ahora, ya en el suelo, con la renuncia presentada, aceptada por el Presidente de la República y en trámite en el Senado, Eduardo Medina Mora exige el respeto que nunca tuvo para el país ni para los mexicanos a los que supuestamente debió servir desde que brincó de un mediano puesto en el sector privado al primer plano del gobierno federal.

Antes de que el mariguanero Vicente Fox lo convirtiera en director general del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), a pesar de no contar con mínima experiencia en el ramo, Medina Mora despachaba como director de Planeación Estratégica del corporativo privado Desc.

Previo al hueso que le dio Fox, Medina Mora se movía en el mundillo de empresarios de alcurnia que compartían el control del Grupo Desc, entre los que sobresalían el barón Alberto Baillères, Rubén Aguilar Monteverde (padre de quien se convertiría en vocero de Marta y Vicente), Valentín Díez Morodo, Fernando Senderos Mestre, el banquero Carlos Gómez y Gómez y Carlos González Zabalegui (en ese entonces cabeza visible de Comercial Mexicana), a su vez padrinos de otros políticos.

Bien a bien nadie se explicó cómo un empleado del citado corporativo privado logró colarse al gobierno federal y menos que lo hiciera en un puesto de relevancia como la dirección general del Cisen. Por cierto, su hermano Manuel –quien llegó a ser presidente de Citibanamex– fue quien enterró el Fobaproa –del que se sirvió generosamente–, por mucho que los mexicanos lo sigan pagando.

La muerte de Ramón Martín Huerta, secretario de Seguridad Pública Federal de Fox, hizo posible que Eduardo Medina Mora alcanzara la titularidad de esa dependencia pública a partir de septiembre de 2005 y en ella cerró el sexenio del cambio, no sin antes llevarse a casa los expedientes recolectados en el Cisen.

Instalado en Los Pinos, Felipe Calderón criticó acremente al gobierno anterior por no hacer nada para erradicar al crimen organizado y cuestionó la efectividad de los órganos de inteligencia y seguridad en tiempos de Fox. Sin embargo, más tardó en decirlo que en nombrar a Eduardo Medina Mora como procurador general de la República, es decir, al responsable de los órganos de inteligencia y seguridad en el sexenio previo.

Más adelante Calderón le regaló una enorme beca al designarlo embajador de México en el Reino Unido; tres años después, ya con Peña Nieto en Los Pinos, cambió a la sede diplomática mexicana en Washington y allí se mantuvo un bienio hasta que EPN lo promovió para convertirse en ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación –la cereza de su meteórica carrera burocrática–, aunque el gusto le duró hasta el jueves pasado.

¿Quién hizo posible esa meteórica carrera, con tremendo historial impune de tropelías? Habrá que ver, pero el exempleado del Grupo Desc creyó que el importante era él y no los padrinos que tenía atrás.

En vía de mientras, La Jornada (Gustavo Castillo) lo informa así: “desde la primera quincena de agosto la Fiscalía General de la República inició, con base en la denuncia presentada por la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda, una carpeta de investigación que involucra al ministro, ex embajador de México en Estados Unidos y Gran Bretaña, Eduardo Medina Mora, en la posible realización de operaciones financieras irregulares por 107 millones de dólares.

Las rebanadas del pastel

¿La mejor defensa de Medina Mora será el altero de expedientes del Cisen que guarda bajo 20 llaves?