Opinión
Ver día anteriorViernes 13 de septiembre de 2019Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Ahora contra los migrantes legales
E

l presidente Donald Trump ha lanzado la iniciativa de restringir el estatus migratorio de aquellos migrantes que, buscando la residencia permanente o la ciudadanía, podrían convertirse en una carga para la economía de Estados Unidos. En particular, habla del uso de programas de asistencia social. No se trata en esta ocasión de atacar a los indocumentados, sino a aquellos que se encuentran en Estados Unidos de manera perfectamente legal o que buscan hacerlo.

Es altamente probable que algún juez detenga, matice o modifique este tipo de disposiciones, pero la tendencia y perspectiva es claramente antimigrante. Es igualmente claro que cualquiera de estas medidas afecta a millones de mexicanos y, por supuesto, la ingenuidad no alcanza para suponer que el gobierno mexicano intentará hacer algo al respecto. A pesar de que los afectados sean mexicanos y sí, se cuenten por millones.

El presidente estadunidense, que busca relegirse, está ahora diversificando su discurso antimigrante y mucho me temo que ahora puede generar mayores apoyos. Mas allá de su base electoral. Veamos.

Durante la campaña electoral de 2016 y sus primeros años de mandato, Trump enfocó sus baterías hacia la migración indocumentada. Los acusó de traer droga y de ser violadores. De ahí la idea de construir un muro y las críticas –y sometimiento– a México para detener esa migración en su territorio. Este discurso, ya lo sabemos, alimenta a sus bases, las consolida en torno su candidatura y en algunos casos extremos, como ocurrió con el atacante de El Paso, los inspira para agredir a mexicanos. Total, son delincuentes.

Ahora hay una nueva componente. Las medidas anunciadas ya no están enfocadas hacia los indocumentados. Sin abandonar el discurso que ataca la migración indocumentada, ahora se trata de que los migrantes legales no le cuesten al contribuyente estadunidense y que no sean una carga.

Este discurso es más rentable políticamente y le puede generar apoyos mas allá de sus enardecidas bases. Tiene toda la lógica, ¿por qué nos deben costar los migrantes? Esta retórica la suscribirían la mayoría de los mexicanos con respecto a los migrantes centroamericanos e incluso es en el fondo, y a veces no tan en el fondo, lo que muchos hispanos en Estados Unidos piensan. Poco importa que esas medidas tengan efectos negativos y que sin esa ayuda social esos migrantes serían aun más costosos o que los hispanos sean los que menos usan esos programas.

En esta misma lógica se inserta otro mensaje que suena políticamente aun más correcto y que para los hispanos sería devastador. Desde hace tiempo el presidente Trump ha insistido en que el sistema de selección de los migrantes legales sea en función de méritos y se acabe así, con lo que él y muchos otros llaman incorrectamente, como la migración en cadena, que técnicamente ha sido utilizada con propósitos de unificación familiar. Es decir, no es sólo que los migrantes no nos cuesten, sino que además lleguen los mejores y no los familiares, ¿quién podría oponerse? El presidente Trump tiene cada vez mejores asesores.

Las posiciones de Trump tienen dos problemas que no son visibles.

En el fondo, deshumanizan el desarrollo de una sociedad. La base del desarrollo social es la familia y, por supuesto, no lo digo desde una perspectiva moral. Un migrante aislado, sin su familia, no tendrá un desarrollo e inserción social sana, no buscará esforzarse o crecer en una sociedad, ¿para qué o para quién?

Adicionalmente, esa lógica incorporaría una distorsión en el mercado laboral y atraería migrantes que, esos sí, desplazarían a los estadunidenses. La migración como se ha dado hasta ahora, se reconozca o no, es complementaria y ha servido para cubrir ocupaciones que los nativos no quieren y en eso ayuda un diferencial en la calificación de la mano de obra que llega. Alguien muy calificado difícilmente aceptará trabajar en la construcción en invierno o llegará a trabajar a las cocinas de los restaurantes a las cuatro de la mañana. Peor aún, preguntemos en Estados Unidos: ¿usted quién prefiere que construya su casa?, ¿un noruego con doctorado o un mexicano sin licenciatura?

El escenario es preocupante, porque el debate se centra en discursos muy desfavorables para la comunidad latina y, particularmente, para la mexicana en Estados Unidos. Cada vez es más claro que desde México no se hará ni se dirá nada y que la clase política en Estados Unidos, en ningún partido, es la solución. Cada vez es más evidente que lo que los migrantes no hagan por ellos mismos, nadie más lo hará. Mientras los hispanos y mexicanos no participen en la solución de sus problemas en Estados Unidos, las comunidades a las que pertenecen seguirán siendo atacadas.

* Presidente de Mexa Institute

www.mexainstitute.org

Twitter: @mexainstitute