Opinión
Ver día anteriorSábado 13 de julio de 2019Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Loops, loops, loops, loops…
A

sí de repetitivas (pero nunca monótonas) resultaron tres cuartas partes del más reciente concierto, Loops, del Ensamble del Cepromusic bajo las manos de José Luis Castillo. Circunstancias: sala Ponce, junio 29. Para explicarme mejor, inicio con esa otra cuarta parte.

Novara (1962), de Earle Brown, para ensamble mixto con piano, es una pieza muy de su época, que sustenta su discurso bastante disjunto y contrastado en recursos de producción sonora que por entonces eran novedosos, así como en una dosis perceptible de aleatorismo. Esta última característica da a quien escucha Novara una clara percepción de lo que pudiera llamarse ‘‘música modular para ensamblar”. Se trata, en todo caso, de una música más especulativa que expresiva.

A diferencia, las otras tres obras del programa de Castillo y el Cepromusic transitan de manera clara por diversos ámbitos de la ‘‘música con estructuras repetitivas”… ¡líbreme el cielo de que Philip Glass me sorprenda diciendo ‘‘minimalismo”! La primera de ellas, Clapping Music (1972), de Steve Reich, es un depurado ejercicio de solfeo rítmico a cuatro manos (dos pares de palmas) que fue ejecutado con precisión por dos de los percusionistas del ensamble.

¿Cómo certificar esa precisión? Atendiendo, por ejemplo, a los puntuales momentos de unísono, que efectivamente lo fueron. Toda distancia guardada, hay en Clapping Music algunos puntos de contacto con otras obras de Reich, como Drumming o las piezas de la serie Phase en las que explora, más bien, el desfase de los patrones rítmicos.

Después, Cheating, Lying, Stealing (1993-1995), de David Lang, para violoncello, piano, clarinete bajo y percusión. Esta pieza, de articulación mucho más cohesiva que la de la obra de Brown, está construida cabalmente a través de gestos y elementos reiterados, y su sólida estructura es reforzada por el inteligente uso que el compositor hace de la pausa y el silencio. De pronto, en medio de lo repetitivo (sazonado con un saludable desplazamiento de acentos rítmicos), el oyente se descubre percibiendo un discur-so que tiene mucho de tonal y que, muy al estilo de las mencionadas fases de Reich, se va complicando por el desfase de sus elementos constructivos. Aquí, también, muy destacada la disciplina rítmica de los músicos del Ensamble del Cepromusic.

Para concluir, un clásico contemporáneo del repertorio de cuerdas: Shaker Loops (1978), de John Adams, en cuyo título el autor se refiere de manera jocosa y simultánea tanto a la rama de cuáqueros protestantes conocidos coloquialmente como shakers, a las estructuras cíclicas que subyacen el plan constructivo de la pieza, y al uso del trémolo y otros recursos instrumentales análogos. Esta pieza es más conocida en sus ejecuciones con cuerda completa, pero la del Cepromusic, realizada sólo con septeto, no fue menos atractiva. Ventaja y riesgo simultáneos: todo se oye, todo se nota, todo resalta y, justo es decirlo, los cuerdistas del ensamble superaron con elegancia los retos de una pieza que, precisamente por sus características repetitivas, requiere de una concentración profunda, especial. Shaker Loops es una de las piezas de esta corriente cuya energía se percibe casi como una cosa física, y que llega a adquirir perfiles de un mantra. Para la especulación, la posibilidad de que Castillo programe en el futuro otra notable obra de Adams, titulada Christian Zeal and Activity, análoga a Shaker Loops en cuanto al uso de la repetición, las cuerdas, y la religión, que aquí adquiere dimensiones surrealistas. Muy atractivo programa y muy buenas interpretaciones de este programa ‘‘casi-todo-repetitivo” y todo estadunidense. Si la asistencia no fue tan profusa como pudo ser, se debió a que esa tarde el centro de la ciudad colapsó, pero colapsó por una buena, colorida y necesaria causa: la Marcha del Orgullo LGBTTTIQA. Y no queda más que repetir mi anuncio clasificado: Se solicita con urgencia arquitecto experto que aísle acústicamente la sala Ponce. Requisitos: rápido, barato y sin alterar la esencia arquitectónica y decorativa de la sala.