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El erotismo dialéctico del arte de Tord Gustavsen
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Periódico La Jornada
Sábado 2 de febrero de 2019, p. a12

He aquí teoría y práctica de lo bello, lo vasto, lo bueno en música.

The other side, el nuevo disco del noruego Tord Gustavsen, erige naves catedralicias, surca cielos en auriga, navega planicies líquidas con aves de sobrevuelo. Es Alicia del otro lado del espejo. The other side.

Es el retorno también del poderoso Trío de Gustavsen, silenciado por la sorpresiva muerte de su genial, joven contrabajista Harald Johnsen, hace siete años. Su relevo, Sigur Hole, cava hondo también.

Desde la batería gobierna ‘‘the one and only”, como place a Gustavsen presentar a su amigo, Jarle Vespestad, un poeta con tambores.

Eros y Bach: así puede compendiarse el contenido de este disco apetecible: la música de carne trémula y la espiritualidad de la música de Bach, terciados por egregios himnos noruegos muy antiguos. Y todo resulta nuevo, fresco, rubicundo. Agüita limpia.

El arrebato, la inspiración poética, la manera de frasear del pianista Tord Gustavsen nos remite a los orígenes, Eros y Tánatos, piel erizada, ojos cerrados, cuerpos trenzados, cópula loca.

Tres corales de Bach impulsan tal poética.

Luego de semanas de escucha, comienzan a desgranarse los frutos prohibidos de esta versión noruega del árbol de la vida: estamos frente a un álbum monumental en sus dimensiones, frugal en su sintaxis, exquisito en matices, plácido en su sonar a fuego lento, melodías de encantamiento.

Tord Gustavsen es creador de melodías de encanto, haunting melodies.

La canción de cuna, el himno, los corales de Bach, el lento latir del paisaje nórdico: he ahí las señas de identidad de este músico fuera de serie.

La aparente sencillez de su música encierra enigmas, mundos, misterios: por ejemplo, hay momentos donde el escucha experimenta una sensación de movimiento en círculos concéntricos y, vaya prodigio, movimientos en reversa.

Como es costumbre del Disquero, una vez que la mente comienza a captar los mensajes, luego de días de escucha acude a investigar y ¡eureka!: ¡Tord Gustavsen generó esa intención expresa de movimiento hacia atrás, esa sensación extraña y deliciosa! Lo que suena es tan elaborado, con apariencia de sencillez, porque posee un andamiaje de pensamiento. Diría Theodor W. Adorno: estilo e idea.

Este músico es un claro ejemplo del pensador que ejecuta, del músico que elabora un pensamiento alrededor del sonido que crea, del teórico que pone en práctica sus ideas, hipótesis y conclusiones.

Estudió música y también estudió filosofía, sicología y musicología. Su tesis de doctorado se titula El erotismo dialéctico del arte de la improvisación musical.

Explica Tord, ‘‘mi campo central de interés es la sicología y la fenomenología de la improvisación”.

Sigue los lineamientos trazados por dos eminencias: el sicoanalista alemán Helm Stierlin y la sicóloga noruega Anne-Lise Lovlie, además de los filósofos Hegel y Husserl. Dialéctica y fenomenología en música.

En su tesis de doctorado, inicia citando a un periodista musical australiano que anunció así un concierto de Tord Gustavsen: ‘‘En música todo es sexo. Se trata de tensión y relajación, afány contención, gratificación y generosidad, control y rendición, y otras delicadas fuerzas opuestas en un gozoso camino al éxtasis”.

Nada menos que la dialéctica materialista: la unidad y lucha de contrarios. La naturaleza de las cosas, su estructura interna que posibilita toda transformación. En el caso de la música de Tord Gustavsen, transfiguración.

La relación de pareja, nuestra evolución como personas, el entorno social, el trabajo con otros músicos. Esos son los temas que desarrolla la tesis doctoral de Tord Gustavsen.

Elige temas: momento versus duración, la percepción del aquí y ahora, la capacidad de dejar fluir sensaciones de manera consciente, para así ‘‘escapar del sentido del tiempo y el espacio”.

Llega así al discurso del continuo y discontinuo, de Georges Bataille. ‘‘Toda actividad erótica disuelve a los participantes para revelar su continuo fundamental, como el oleaje del mar bajo tormenta”.

Así suena la música de Gustavsen.

Además de esa estructura teórica, Tord describe así el contenido de su álbum, The other side: ‘‘es un diálogo entre mis composiciones y los corales de Johann Sebastian Bach (además de un par de simpáticas melodías nacidas en arcaicos himnos noruegos). Además, es una conversación con el trabajo que realizamos en la trilogía que grabamos entre 2003 y 2007 con mi trío original, pero ahora con mayor profundidad en el paisaje sonoro, el uso sutil de sonidos electrónicos con mayor intervención del contrabajo y los tonos bajos de la batería”.

Añade: ‘‘se trata de permanecer atados a tierra, mientras de muchas maneras emprendemos vuelo y se trata del anhelo de melodías sin dulcificar. Esta música es una suerte de gospel abstracto y también de himnos sin palabras”.

Todo el disco es un mar de encantamiento. Se percibe con claridad la influencia de Keith Jarrett en los procedimientos para edificar sonido catedralicio, rematar frases, inclusive cantar.

Ah, Jarrett también, por cierto, es autor de un tratado notable acerca del arte de la improvisación como un ejercicio de pensamiento filosófico.

No es casualidad entonces que The other side articule frases insólitas, teja malabares sin aspaviento, entrecruce miradas, fascine. Maraville.

La interconexión con el contrabajo acústico de Sigurd Hole es semejante a cuando en una sinfonía de Sibelius las violas conectan con el grupo de alientos-madera y directamente proporcional al vuelo de aves sobre el manto oceánico frente a las costas de Noruega.

El trabajo del baterista Jarle Vespestad es todo un capítulo de Fedro y la belleza. Es Platón en diálogo con Homero, es decir: meditativo y epopéyico al mismo tiempo.

En los videos de algunas de las piezas en este disco pueden apreciarse los gestos señalados de los tres: la concentración idílica de Tord Gustavsen en las teclas, el vuelo arcangélico del contrabajista y los ojos cerrados y la expresión de éxtasis del baterista. Los tres en territorio zen.

He aquí un nuevo descubrimiento del otro lado del espejo.

Escuche usted, querida lectora, amable lector, The other side y tenga buen viaje.

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