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El aniversario, el próximo 18

China: dinero, sexo y cultura, 40 años después de la reforma económica
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▲ Guangxi, sur de China, una de las zonas que ha reportado un fuerte crecimiento económico.Foto Xinhua
 
Periódico La Jornada
Domingo 16 de diciembre de 2018, p. 18

Pekín y Shangái., Desde el boom económico, pasando por la liberalización sexual y artística, la política de reforma y de apertura, lanzada hace 40 años en China, ha cambiado irremediablemente la imagen del país, aunque los derechos políticos no hayan evolucionado tanto.

El país celebrará esta semana el aniversario del comienzo de la Reforma Económica China, aprobada por el Partido Comunista (PCC) el 18 de diciembre de 1978.

Para esta ocasión, Afp ha entrevistado a cinco chinos que relatan lo que ha cambiado exactamente en sus vidas.

La obrera de fábrica

Mi vida es mucho mejor que la de mis padres, dice con una sonrisa Ou Banlan, delante de la antigua fábrica textil donde trabajaba en Shenzhen (sur), ciudad-laboratorio de la apertura que vivió enormes cambios a lo largo de 40 años.

Esta mujer, de 52 años, de cabello corto y vestida con una camiseta rosa, nació en un pueblo de los alrededores, donde vivió hasta su adolescencia.

La vida era extremadamente dura. Toda China era así en esa época. Muy pobre. Teníamos lo justo para comer, recuerda.

Siempre quise vivir en la ciudad, así que cuando Shenzhen buscaba obreros vine para acá.

La metrópoli cuenta actualmente con cerca de 13 millones de habitantes, pero antes sólo era un pueblo agrícola que se abría a la industrialización.

La vida no era genial. Era una obrera, que comía en la cantina y vivía en un dormitorio. El ambiente era caótico, sucio. No había tantos rascacielos como ahora, afirma.

Desde 1979 y el comienzo de las reformas económicas, el producto interno bruto chino se multiplicó por 69, y 800 millones de chinos salieron de la pobreza, según el Banco Mundial.

Después de algunos años de trabajo tuve vivienda propia, tiempo de ocio y podía viajar. Tenía tiempo libre para ir a restaurantes, de compras. Antes ni lo habría imaginado.

En China, los varones pueden jubilarse a los 60 años y las mujeres a los 55. Los trabajadores como Ou Banlan pueden hacerlo cinco años antes.

Estos pasados 40 años la calidad de vida del ciudadano medio ha aumentado notablemente, aunque el estrato más bajo de la población siga teniendo dificultades para proteger sus derechos, señala.

El joven emprendedor

Zhao Chen, nacido poco después del lanzamiento de las reformas, es un joven emprendedor moderno de 34 años.

Desde su oficina en un rascacielos de Zhongguancun, barrio de innovación de Pekín, financia startups especializadas en inteligencia artificial, electrodomésticos y robots que entregan paquetes.

Niño en los años 80, Zhao Chen se imaginaba una carrera en una empresa pública o en la administración, como sus padres.

Pero prefirió aprovechar la apertura del país y formar parte de la ola de chinos que en los años 2000 fueron a estudiar al extranjero. Obtuvo un máster en informática y un MBA de universidades estadunidenses prestigiosas.

Después de ocho años en California volvió a China para fundar Plug and Play, incubadora que aconseja, financia y ayuda a las startups a sacar sus productos al mercado.

Primero, volví por mi familia. Pero también por las oportunidades. Las salidas están aquí, señala Zhao, para quien el ritmo es mucho más acelerado en China que en Silicon Valley.

La gente tiene hambre de éxito. Muchos están dispuestos a trabajar duro, de nueve de la mañana a nueve de la noche, seis días a la semana, explica.

Es un ritmo que habría sido difícil concebir en la década de 1970, cuando la economía nacional estaba anquilosada.

En esa época mis padres debían obtenerlo todo con cartillas de racionamiento. Hoy, pagan con dinero desmaterializado, escaneando un código QR con sus teléfonos inteligentes, dice Zhao Chen.

Además, no había elección entre comidas, vacaciones, viajes, compras por Internet o entregas como hoy. Somos los beneficiados de las reformas, asegura.

El artista

Para los artistas como Jin Shan, los cambios permitieron romper el yugo de la época maoísta (1949-1976).

Antes, la gente no saciaba el hambre. El problema se resolvió y consiguieron la libertad de hacer y pensar muchas cosas, explica el artista plástico de 41 años, de renombre en China y quien ya ha expuesto en el extranjero.

Hay más libertad de creación, subraya.

En la época del fundador del régimen, Mao Zedong, el arte estaba principalmente destinado a ensalzar la ideología comunista.

El padre de Jin Shan, también artista, realizaba carteles de propaganda o de decorados de obras de teatro oficiales. Pero la reforma aflojó las cuerdas y abrió las fronteras a influencias exteriores.

El atractivo del arte descansa en la imaginación, considera Jin Shan, quien lleva unas gafas de montura gruesa.

China se convirtió en uno de los mayores mercados mundiales del arte. Algunas obras de artistas locales se venden por millones de euros, en especial las de celebridades como el provocador Ai Weiwei.

Jin Shan realiza esculturas de plástico o de poliuretano, que representan humanos descarnados y enroscados. Una metáfora de las transformaciones de la era digital.

Creo que coincide bien con lo que piensa la gente sobre la vida, declara.

En cambio, las obras políticas o dirigidas contra el PCC en el poder siguen siendo tabúes. A veces se anulan exposiciones.

No esculpo figuras políticas, así que no sufro realmente presiones. Hay cierto grado de libertad. Pero sigue siendo problemático si se hacen cosas comprometidas, admite.

La sexóloga de la red

Para Yi Heng, el nacimiento de Internet fue una bendición.

La joven, de 29 años, conocida con el seudónimo Nüwang C Cup (Reina Copa C), es una bloguera especializada en una de los efectos más visibles de la apertura de la sociedad: la disminución de los tabúes en materia de sexo.

En la red social Weibo, responde (por un precio) a los temores de sus conciudadanos: miedo de sufrir dependencia sexual, angustia después de haber padecido una infidelidad o frustración tras un matrimonio platónico.

Muchos chinos tienen miedo de no ser normales, explica Yi, quien cita una de las preguntas más frecuentes: ¿Por qué las demás tienen un orgasmo y yo no?

Esta bloguera nació a finales de los años 80, periodo de gran desarrollo económico, pero cuando el sexo seguía siendo tabú.

Los profesores evitaban las clases de educación sexual, explica. Y los padres sólo trataban el tema bajo el enfoque de la pubertad o de la salud.

Pero Internet lo cambió todo. En la universidad, Yi Heng navegaba por las páginas extranjeras especializadas, cuando la web en China no estaba tan filtrada como hoy.

Era como explorar pequeñas islas antes inaccesibles, apunta Yi.

Si bien muchos sitios y redes sociales extranjeros (Facebook, Google, Instagram) siguen estando bloqueados en China, la gente siente curiosidad en materia de sexualidad y buscan servicios como los de la Reina Copa C.

Aunque sigue habiendo opiniones conservadoras. En Internet, mucha gente ataca a las chicas que ya no son vírgenes, señala Yi Heng. Y el cuerpo de la mujer sigue siendo considerado un objeto, añade. Persiste una creencia: La de que cuando un hombre tiene dinero, puede disponer de una mujer a su antojo.

El disidente

Wu’er Kaixi fue uno de los más mediáticos portavoces de los manifestantes de la plaza Tiananmen en Pekín en 1989, tras 10 años de cambios económicos.

Hoy exiliado en Taiwán, el activista tenía 21 años cuando reclamaba, como decenas de miles de estudiantes, el fin de la corrupción y más democracia.

Pero la represión del movimiento por el ejército (de varios cientos a varios miles de muertos según las fuentes) frenó brutalmente cualquier liberalización política en China.

Vimos en los pasados 40 años que no ha habido realmente apertura ni reforma política, declara.

“Nuestra esperanza de reforma política, libertad y participación en el ‘gobierno del pueblo (traducción literal de la palabra democracia en China)’ ha sido negada desde 1989.”

Wu’er Kaixi se hizo conocido por una huelga de hambre y por dirigirse, vestido en pijama de hospital, al primer ministro de entonces, Li Peng, durante un encuentro televisado.

Tras la represión, buscado por las autoridades, huyó a Hong Kong (entonces colonia británica) y después a Estados Unidos, antes de casarse con una taiwanesa e instalarse en la isla (dirigida desde 1949 por un régimen autónomo rival de Pekín).

El disidente, en su deseo de volver a China continental, intentó en vano varias veces entregarse a las autoridades chinas en Japón, en Estados Unidos y en Hong Kong.

Hoy se mofa de la inocencia de Occidente. La reforma política viene de la base de la sociedad, en cooperación con la gente que está en el poder, explica. El mundo occidental debe aprender que las reformas económicas nunca garantizan las reformas políticas.