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Berchelt es mejor, pero la experiencia y el hambre están de mi lado, dice Mickey Román
Juan Manuel Vázquez
 
Periódico La Jornada
Jueves 20 de septiembre de 2018, p. a16

Mickey Román es brutalmente honesto: el campeón superpluma Miguel Berchelt es mejor que yo. Lo dice sin asomo de vergüenza. Es una declaración de principios para un peleador con una trayectoria demasiado amplia como para necesitar maquillajes a la realidad.

Si el actual campeón superpluma del Consejo Mundial de Boxeo tiene 35 peleas en su historial, la hoja de trabajo de Román supera los 70 combates. Un recorrido que afina los nervios y dota de la suficiente templanza para reconocer las virtudes del otro. Sin embargo, Román matiza en un deporte donde la lógica tiene reglas propias.

Berchelt tiene mejor técnica, boxea más bonito, hay que reconocerlo, dice Román desde Los Ángeles, California. Mi estilo no es muy bueno, también hay que decirlo, pero la experiencia y el hambre están de mi lado.

Mickey pone por delante todo el caudal de experiencias a las que se ha tenido que sobreponer para tener esta oportunidad como retador oficial del Consejo Mundial de Boxeo. Todos los escenarios imaginables le dieron la solidez que exhibe de manera genuina.

Por lo que he vivido en más de 70 peleas sé que en el boxeo no necesariamente gana quien tiene la mejor técnica, dice con malicia; hay otras habilidades que también pueden influir para sacar una victoria.

Ha pasado casi un año desde que venció a un oponente duro y peligroso como Orlando Salido hasta la fecha para disputar del título el 3 de noviembre de 2018 en El Paso, Texas. Un lapso largo de espera y paciencia durante el cual Mickey hizo un un par de peleas para mantenerse en ritmo, mientras el campeón Berchelt –asegura– posponía su obligación de enfrentar al número uno de la clasificación.

Me mandó hasta el final de la fila, dice Román; los campeones tratan de evitar a los retadores oficiales porque prefieren buscar rivales más cómodos o que le garanticen mejores ganancias. Pero el tiempo se agota y llega el momento en que ya no pueden negarse a enfrentar al aspirante que por reglamento le toca.

Lo que impulsa a un retador oficial es la certeza de que se ganaron a golpes el derecho a pelear por el campeonato, que nadie les regaló ese lugar. Román está tan concentrado en esa meta que piensa que es combustible suficiente para resultar imparable.

Esta puede ser mi última oportunidad, lo dice sin ánimo retórico; tengo 32 años y si no lo consigo difícilmente habrá otra oportunidad. Así que voy por lo que quiero que sea mío: el campeonato.