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Los políticos temen a la música porque conocen su poder

Las diferencias enseñan a abrazar la tolerancia, expresa Richard Bona, quien cerrará gira en México

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▲ Richard Bona, considerado uno de los mejores bajistas del mundo, ha compartido el escenario con Bobby McFerrin, Pat Metheny, George Benson y Branford Marsalis, además, ha colaborado con Quincy Jonnes y Herbie Hancock, entre otros.Foto Yassine Toumi
 
Periódico La Jornada
Lunes 17 de septiembre de 2018, p. a10

Tres veces postulado al Grammy, Richard Bona es un camerunés que radica entre Nueva York y París. Sin embargo, ni su prodigiosa habilidad, que le ha merecido el mote del Sting africano, lo ha eximido de las políticas de migración europeas y las estadunidenses, de Donald Trump.

El cantautor y bajista tuvo que abandonar la capital francesa ya una vez, después de que las autoriades le negaron la renovación de su permiso migratorio.

¿Qué tienen los europeos que enseñarnos sobre migración? ¿Quién es Trump para decirme algo sobre el tema? Ellos también migraron, no aparecieron en sus países por arte de magia. Sus políticas son de lo más estúpido. Antes migrábamos por todo el mundo. Nos hacen sentir culpables, pero no tiene porque ser así, expresó el músico en entrevista telefónica con La Jornada.

Richard Bona nació en octubre de 1967 en Minta, Camerún. Es nieto de uno de los percusionistas e intérpretes más importantes de su país e hijo de una cantante.

Desde pequeño aprendió a tocar cualquier instrumento: bastaba con que viera cómo lo ejecutaban otros para que en dos días dominara la técnica.

Ingenioso fabricante de sus instrumentos

Se dice que a falta de una tienda donde comprar sus instrumentos, él los fabricaba. Incluso, se cuenta, construyó una guitarra, pero como no encontró cuerdas adaptó los cables del freno de una bicicleta. Ahora ya no elabora instrumentos, porque si vives en Nueva York no tienes que ir a la selva a buscar un árbol y cortarlo para hacer algo, puedes ir a la calle 48 y comprarlo, bromeó el artista.

Para Richard Bona, considerado uno de los mejores bajistas del mundo, la música es como la escuela de la vida, que le ha enseñado que las personas más diferentes a uno son las que más enseñan y con las que se logra abrazar la tolerancia.

Los políticos temen a la música porque conocen su poder, ya que es más fuerte que cualquier otro lenguaje: ella nos habla espiritualmente; nos empuja a sentir que estamos vivos y que todos estamos conectados. No todos amamos la política, no todos amamos la Iglesia, pero todos amamos la música y es una prueba de que puede hacer un cambio.

Poseedor de una elegancia musical y amplia sonrisa, ha compartido el escenario con artistas como Bobby McFerrin, Pat Metheny, George Benson o Branford Marsalis. A sus 50 años, cuenta con una larga lista de colaboraciones con Quincy Jonnes, Herbie Hancock, Stevie Wonder y Salif Keita, entre muchos artistas ya consagrados, pero también ha tocado con decenas de músicos de origen variopinto: indios, cubanos, gitanos, mexicanos, japoneses, lo que le ha reafirmado su apertura hacia la otredad.

Premiado en Francia

¿Qué es lo que sigue? quién sabe, ya veré mañana, señaló entre risas, quien en 2004 fue reconocido como el mejor artista internacional por los premios franceses Victoires du Jazz. Por ahora, comienza una gira junto con su banda de jazz por América Latina, que pasará por Argentina, Uruguay, Brasil, con una última parada en México el 2 de octubre, a las 21 horas, en el Lunario del Auditorio Nacional.

México me encanta, señaló el cantautor. En este país tengo grandes amigos; tiene gente hermosa y buena comida, por lo que nada puede ir mal. Regresará a la capital mexicana después de dos años de su primera visita, cuando ofreció un concierto en el Zinco Jazz Club.