Opinión
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Despojo
E

n varias ocasiones retratamos a la colonia Polanco. Recordamos su historia desde la época prehispánica cuando era una llanura, cruzada de algunos ríos, que servía de paso hacia Azcapotzalco y Chapultepec.

Tras la Conquista se establecieron haciendas, una de ellas, la de los Morales, poseía grandes extensiones de tierras con varios ranchos, entre otros, el de nombre Polanco.

En 1937 José G. De la Lama y Raúl Basurto, comenzaron la traza y la urbanización del que habría de convertirse en uno de los mejores fraccionamientos de la ciudad: amplias calles con generosas banquetas jardinadas, áreas verdes, zona comercial y varios parques.

La estrella de la colonia es el que nació con el nombre de Parque de los Espejos, debido a dos extensos cuerpos de agua, que originalmente se cubrieron de una pintura metálica que con los rayos del sol reflejaban las imágenes. Tiene un teatro al aire libre, una jaula con pájaros y una torre con un reloj. Conserva las bancas y los letreros originales en estilo art decó polanqueño.

Había un pequeño lago que con el tiempo se desecó y se convirtió en una pequeña pista para patines y triciclos; por la mañana temprano, se imparten clases gratuitas de tai chi y yoga. Es un espació muy utilizado por los vecinos.

En 1966 se inauguró en el parque una estatua en bronce que representa a Abraham Lincoln, el presidente estadunidense que en 1863 abolió la esclavitud en Estados Unidos.

Cabe recordar que en nuestro país el cura Miguel Hidalgo, como cabeza del movimiento insurgente, abolió la esclavitud en 1810.

Al acto asistieron los presidentes de México, Gustavo Díaz Ordaz, y de Estados Unidos, Lyndon Johnson, con sus respectivas esposas. A partir de esa fecha se le comenzó a llamar parque Lincoln.

Ahora en la pista que es el sitio más relevante de juego y encuentro, se levanta una masiva construcción que concesionó la delegación Miguel Hidalgo. Se dice que el objetivo es realizar una promoción del grupo Expansión.

Así, el espacio estará bloqueado a lo largo de varias semanas despojando de su disfrute a los vecinos y afectando de manera severa la imagen urbana.

Las autoridades delegacionales que lo permitieron brillan por su ausencia. Xóchitl Gálvez, quien fue electa por la ciudadanía y prometió concluir su mandato, hace meses que renunció para buscar un escaño en el Poder Legislativo: el compromiso delegacional se fue por el caño.

Hace tiempo mencionamos que varios años atrás Polanco se puso de moda, se desató la voracidad inmobiliaria. Muchas casonas del característico estilo colonial californiano han sido destruidas; las que sobreviven por estar protegidas por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), las han recubierto con terrazas de vidrios y colmado de negocios, mayormente restaurantes y uno que otro antro. Esta enajenación del parque parece ir dentro de esta tendencia.

Para consolarnos vamos a comer a uno de los restaurantes má antiguos de la zona: La Bottiglia, que acaba de cumplir 30 años; varios de los meseros son de esá época, muy amables y eficientes.

Se encuentra en Édgar Allan Poe 8, esquina Campos Eliseos, tiene mesitas en la banqueta con vista al bosque. El interior, muy acogedor, nos traslada a una típica trattoria italiana.

La carta ofrece los platillos característicos de ese país. Buenas pastas, pizzas, carpaccios y ensaladas; la de jitomate, aceitunas, lechuga y mozzarella de búfala es deliciosa.

Además, diariamente preparan viandas especiales que le muestran en un carrito. Hace unos días era difícil elegir entre una brocheta de pulpo a la parrilla con melón y calabaza, costillas de cordero con jalea de menta o la pasta con frutos de mar, cubierta con una fina pasta de pizza. Se acompañan con una copa de buen vino de la región, como el Montepulciano.

De los postres, mis favoritos: el clásico tiramisú o la trufa de chocolate con la compañía de un café exprés, magnífica combinación.