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Ver día anteriorMartes 26 de junio de 2018Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Experimentación o estancamiento
E

l próximo domingo se resolverán muchas dudas sobre el rumbo que tomará el país durante los próximos seis años. Se decidirá en las urnas si continuará un modelo de desarrollo en el que la ciencia, la tecnología y la innovación (CTI) juegan un papel marginal, o se emprenderá un camino en el que estas actividades puedan estar articuladas de otra manera con los objetivos nacionales. La disyuntiva está formada por el estancamiento o la exploración de nuevas estrategias para el avance económico y social con el concurso de la ciencia.

Los candidatos a la Presidencia de la República Ricardo Anaya y José Antonio Meade representan la continuidad de un modelo caracterizado en las últimas décadas por un magro crecimiento económico acompañado por niveles alarmantes de pobreza y desigualdad, así como de un sistema de ciencia y tecnología al que no se observa como partícipe de los objetivos del desarrollo nacional.

Como he señalado en este espacio, Ricardo Anaya cree que ciencia son las tablets, teléfonos inteligentes y automóviles eléctricos desarrollados en otros países; no entiende la necesidad de impulsar la creación de nuevos conocimientos y tecnologías en México. Por su parte, Meade cortó de tajo la tendencia de crecimiento del gasto en CTI iniciada en el actual sexenio, para poner al país nuevamente en el terreno de estancamiento, y fue quien espetó en la misma cara de los rectores de las universidades mexicanas que para obtener apoyo de su gobierno tienen que poner lana.

A menos que ocurra un fraude de proporciones mayúsculas que pueda anular por la vía de la trampa una diferencia de más de 20 puntos a favor de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en las encuestas promediadas respecto de José Antonio Meade (quien sigue en el tercer sitio en los análisis demoscópicos más recientes y que, a pesar de su sedicente honradez, es el candidato del partido del que pueden provenir las trampas), parece inevitable el triunfo de AMLO, quien ha prometido un cambio en el modelo de desarrollo que hasta ahora ha seguido el país.

Pero Morena, que encabeza el tabasqueño, no tiene un programa bien definido en materia de CTI y él mismo se ha referido muy poco a este tema, por lo que, salvo algunos indicios, es difícil establecer con precisión la importancia que asigna a estas actividades en su proyecto de nación. Su principal aliado en el medio científico fue durante muchos años el doctor René Drucker Colín, quien unos días antes de su muerte, en septiembre del año pasado, estaba organizando una reunión de investigadores con el líder de Morena, que no se concretó. Actualmente, entre sus colaboradores hay un grupo de expertos que lo asesora en estos temas, como fue evidente por las características de su participación en el último debate entre candidatos a la Presidencia.

Precisamente en ese encuentro, López Obrador se pronunció por el fortalecimiento del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), organismo al que Meade propinó severos y continuos recortes presupuestales durante su estancia como secretario de Hacienda. También propuso como directora de ese organismo a una notable investigadora, la doctora Elena Álvarez-Buylla Roces, quien obtuvo el Premio Nacional de Ciencia en 2017 y que se ha distinguido por su lucha frontal en contra de la introducción de plantas genéticamente modificadas, particularmente maíz, en la agricultura.

En general, esta propuesta ha sido bien recibida en el medio científico, aunque también ha generado algunas reservas, pues entre los grupos y personas que la han acompañando en su lucha contra los transgénicos asoman posiciones que tienden a polarizar entre una ciencia buena y otra que no lo es, algo que ha tenido consecuencias lamentables en la historia de la ciencia en algunos países. En lo personal, creo que el nombramiento anticipado que hizo AMLO es muy positivo, pues se trata de una mujer con gran inteligencia proveniente de las ciencias naturales (nunca una mujer y ningún especialista en esa área ha encabezado ese consejo) que procurará el avance de todas las áreas del conocimiento.

Uno de los datos más alentadores en la política de ciencia en Morena es el que protagoniza otra investigadora, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, quien previsiblemente ganará la jefatura de Gobierno de Ciudad de México (en esta entidad, la compra de votos y otras prácticas fraudulentas del PRI y el PRD tienen menos probabilidades de modificar significativamente el resultado). El proyecto de Sheinbaum articula la CTI con prácticamente todas las acciones que realizará en su futuro gobierno, lo que crea las condiciones objetivas para el avance científico-técnico.

Así la cosas, en mi opinión, es preferible experimentar con la política en construcción en materia de ciencia y tecnología de Morena, que quedarnos con toda seguridad estancados.