Opinión
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Velando las armas
H

abría que hacer historia para recordar un preludio de elecciones tan preocupante como el de hoy. Sí, ha habido elecciones que culminaron de manera incluso más violenta, por ejemplo, la de Manuel Ávila Camacho, pero hay una diferencia total. Aquellas inquietaban hasta por el uso de las armas de grupos pertenecientes a partidos o segmentos de partidos e incluso de mercenarios.

Se vieron operaciones fulminantes a cargo del senador Gonzalo N. Santos para robar ánforas; hubo un verdadero combate en la colonia Condesa, con muertos y todo; enfrentamientos a tiros en la avenida Juárez, justo frente a lo que era la sede de la Secretaría de Relaciones Exteriores. La población observaba azorada, asustada, pero no participaba.

Hoy la población está inquieta, atemorizada porque no ve cómo un sistema electoral débil y guiado con languidez pueda conducir el largo tramo del día primero de julio hasta la validación de la elección, algún día antes del fin de agosto. Tampoco ve cómo un gobierno desecado puede garantizar paz. A dos semanas de los comicios, salvo los embates de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y la racha de increíbles homicidios, no parece haber una efervescencia social consolidada.

La votación se dará el primero de julio, pero es imposible anticipar las condiciones en que se producirá el fin del proceso, o sea, su validación. A este difícil tránsito habría que articular los hechos que se produzcan como efecto de las conmemoraciones del quincuagésimo aniversario del 2 de octubre de 1968. El menor incidente puede disparar las cosas, así lo muestra el lance estudiantil original entre dos grupos de preparatorianos aquel 22 de julio que fue reprimido imprudentemente por la policía. Esa efeméride se da sólo a 21 días después de la elección y hay otras cincuenta más.

El miércoles 24 de julio de aquel 68, el Comité Ejecutivo de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), declaró huelga indefinida. Demandaba la renuncia del jefe y subjefe de la policía de la ciudad, generales Luis Cueto Ramírez y Raúl Mendiolea Cerecero, y así se escaló el conflicto. Los grandes dramas sociales suelen ser así. En los actos de exacerbación popular no existe la generación espontánea, todo tiene un antecedente, todo telegrafía lo que va a suceder, saberlos descifrar es un reto mayor a la perspicacia oficial.

Al margen de las fechas recordatorias hay otros eventos propiciatorios de conflicto: la instalación del Congreso de la Unión, el informe presidencial y la propia toma de posesión, la que enfrentará un sistema político colapsado, empezando por la misma ley, cuando sería esencial para la restauración nacional. Las tomas de posesión de los estados son también motivo de cuidado, principalmente Veracruz, Puebla, Chiapas, Jalisco.

Visto así, para el próximo semestre se nos abren tres horizontes oscuros: 1) Cómo se dará el día de los comicios y los subsecuentes. 2) Cómo entenderá el reto de proporcionar el orden el aturdido Presidente Enrique Peña Nieto. Puede asumir su responsabilidad histórica de hacer ese tránsito lo más tranquilo posible, pero también puede dejar hacer y dejar pasar los problemas. De una u otra manera, el presidente tiene ante sí un determinante más para su imagen, aún ahora. La responsabilidad en los dos casos es suya plenamente, lo es ahora mismo y hasta su entrega del poder, tal como lo será, en condiciones previsiblemente comprometedoras la del nuevo gobierno. Asumir responsabilidades no es asumir el poder, acto más complejo que el cambio de banda presidencial, y 3) Aún con los pronósticos más mesurados, la toma de posesión y días siguientes será un plazo muy delicado.

Tendremos al frente un gobierno que sale y que se lleva segmentos intangibles del poder, y un gobierno que llega sin estar enterado suficientemente de las claves de sus competencias ni de sus instrumentos de manejo. Un gobierno que, como conjunto es necesariamente inexperto, inarmónico.

Los momentos que vive el país son un caleidoscopio, el menor movimiento altera toda la configuración, de ahí que los gobiernos que gestionarán la elección, su validación, la instalación del Congreso, el informe presidencial, la efeméride mayor, el 2 de octubre y las tomas de posesión y sus enigmáticas consecuencias, deberían muy pronto estar compartiendo información, calculando formas de garantizar el orden, qué medidas preventivas y correctivas asumir y las posibles consecuencias de cada una de ellas. ¡Así era a la antigüita! ¿Tendrá EPN más fichas negras?