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Bettina Cruz y la lucha por viento
L

a batalla que están librando los pueblos indígenas y organizaciones sociales en Oaxaca por el viento recuerda el famoso capítulo en el que el Quijote lucha contra malignos gigantes imaginarios que en realidad son molinos de viento.

Sin embargo, los gigantes multinacionales de la energía eléctrica y sus aerogeneradores son reales y llevan más de 20 años organizando el despojo en el Istmo de Tehuantepec, mediante megaproyectos eólicos, con la excusa de promover el desarrollo sostenible con energía verde y limpia.

La lucha no es fácil, incluso parte del imaginario de los movimientos alternativos y ecologistas ven a las energías renovables como la solución mágica. Se piensa que acabarán con el cambio climático y con la brecha energética que mantiene a amplias mayorías en la insuficiencia energética. Sin embargo, el caso del Istmo es clave para evidenciar cómo las grandes empresas nacionales y multinacionales utilizan perversamente los nuevos paradigmas de sostenibilidad para dar forma al capitalismo verde o de cara humana.

Ataviada en conferencias y encuentros con hermosos huipiles durante su paso por España, en abril pasado, Bettina Cruz Velázquez, activista indígena del pueblo zapoteco bini’zaa e integrante de la Asamblea de los Pueblos Indígenas del Istmo en Defensa de la Tierra y el Territorio, denunció las prácticas depredadoras de las empresas multinacionales de la energía en el Istmo. Señaló como responsables a compañías bien conocidas, como las españolas Acciona, Renovalia, Gas Natural Fenosa y Gamesa; la francesa EDF, la italiana ENEL o la japonesa Mitsubishi, entre otras.

Bettina, quien participa también en el Concejo Indígena de Gobierno del CNI/EZLN, es un referente en la lucha contra las altas tarifas de la luz y contra megaproyectos desarrollistas. En su caminar ha sido amenazada, perseguida, hostigada y encerrada varias veces en la cárcel por su labor en defensa del medio ambiente y los derechos humanos.

Una de las empresas denunciadas más duramente fue la española Iberdrola, quien ha sido una de las principales beneficiarias de la ley de privatización energética de 1992. Es la principal empresa energética privada en México, con rentabilidades por arriba de la media. Este gigante energético es acusado de realizar lobby en favor de la liberalización energética ante distintos niveles de gobierno y de vestirse de verde, a pesar de que sólo 4 por ciento de su producción está basada en energías renovables.

Otras empresas bien establecidas en México, como Cervecería Cuauhtémoc Moctezuma, Cemex, Femsa Coca-Cola, Siemens y muchas otras, también han sido señaladas de asociarse con el capital extranjero para hacerse de bajos costes de la energía y venderse como responsables ambientalmente.

Cruz explicó que como en el pasado cuando las grandes potencias imperiales se repartieron América, África y Asia, hoy las grandes firmas multinacionales se reparten el territorio del Istmo como si fuera un suculento pastel, ejercitando un neocolonialismo depredador.

En una primera etapa, llegó la española Preneal a preparar el terreno, impulsando contratos engañosos para hacerse de concesiones de tierras por periodos de entre 25 y 60 años. Lo que no se explicó correctamente es que para colocar cada aerogenerador es imprescindible aniquilar casi media hectárea de selva, incluso manglares protegidos, así como llenar un boquete de 20 metros cuadrados de profundidad con hormigón para asegurar la base.

Tampoco dijeron que el ruido, mantenimiento y cambio de aceite de más de 1,900 generadores representarían un grave peligro para el ecosistema y que se convertirían en grandes cementerios de aves migratorias y murciélagos.

Para asegurar los parques eólicos, las compañías compran autoridades civiles y agrarias, se sirven de instituciones gubernamentales y contratan a personas de las comunidades para labores de convencimiento y hostigamiento.

Incluso se ha denunciado la presencia de grupos de la delincuencia organizada que vigilan los molinos de viento. El conflicto social aumenta en las comunidades, tanto como la prostitución que buscan los hombres que llegan a trabajar en esas zonas.

Sin embargo, los pueblos están organizados y la lucha ha cosechado algunos logros importantes. Por ejemplo, se han conseguido suspender definitivamente dos parques eólicos ante la justicia federal, obtener el reconocimiento de tierras comunales y se ha logrado obligar al gobierno a realizar consulta previa e informada. Y es que para que los parques eólicos sean sostenibles resulta necesario que se estudie su impacto social, económico y ecológico durante todo su ciclo de vida, desde la fabricación e instalación, hasta su desecho.

Actualmente, la lucha se centra en detener definitivamente el proyecto de la española Eólica del Sur, que pretende ser el más grande de América Latina y que cuenta con el apoyo del gobierno mexicano.

La resistencia se ha venido organizando con la participación independiente de individuos, colectivos, pueblos, autoridades agrarias y mujeres con un gran protagonismo.

En los pueblos aseguran que no están en contra de las energías renovables, sino de las prácticas desarrollistas, que lejos de sumar a un proyecto alternativo, refuerzan las relaciones de opresión y despojo.

Se supone que es un proyecto ambiental, pero se arrasa violentamente con la vida sentencia Bettina Cruz. El viento, el agua y la tierra son del pueblo y toda transición energética hacia la sostenibilidad debería tomar ese derecho en cuenta.

*Sociólogo

Twitter: @CarlosSoledadM