Opinión
Ver día anteriorDomingo 3 de junio de 2018Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Cuetzalan
C

alles empedradas que suben y bajan por las que caminan mujeres ataviadas con primorosas blusas bordadas, faldas blancas y un elegante quechquemel de encaje vaporoso; los hombres de camisa y pantalón de alba manta. Casas con balcones y techos de teja. Si es domingo, día del gran mercado, el bullicio y la oferta de los productos de los pueblos cercanos es fascinante.

Es la imagen que brinda Cuetzalan, antiguo señorío totonaca situado en la sierra nororiental de Puebla, de cuya añeja presencia queda huella en la zona arqueológica de Yohualichan. Varias construcciones piramidales con nichos nos hablan de la belleza que tuvo el lugar.

En esta región de clima semitropical, con neblina frecuente, la vegetación es exuberante. De fuerte presencia indígena, ha mantenido orgullosamente su cultura que incluye la lengua náhuatl.

En una grata visita organizada por la delegación Azcapotzalco, tuvimos oportunidad de conocer Tosepan Kali, que significa nuestra casa en náhuatl; es una cooperativa de turismo alternativo que creó la Sociedad Cooperativa Tosepan Titaniske. La organización está integrada por familias de campesinos indígenas que hace 40 años se unieron para mejorar su calidad de vida y ha sido muy exitosa; ya trabaja aquí la tercera generación.

Entre las diversas actividades que ofrece destaca el primoroso hotel ecológico en un cerro; entre la profusa vegetación resaltan las heliconias o chamaquis, enormes flores en una variedad de tonos rojos y naranjas que son lo más bello que hayan visto.

Por un escarpado camino de lajas se llega a las confortables cabañas, habitaciones y hostal. De distintos tamaños, son de piedra y bambú, mismo material del mobiliario. Todo es precioso y natural. Ahí mismo siembran el bambú y la piedra es la laja del lugar.

En Tosepan es preocupación central realizar una actividad turística en armonía con la naturaleza, por esta razón todas las instalaciones cuentan con ecotecnias, como uso de materiales alternativos, captación de lluvia y sistema de tratamiento de aguas residuales.

En el muro de un cerro de laja está construido el auditorio con estructura de bambú y la forma de los panales de barro, en los que cultivan la abeja nativa sin aguijón (Scaptotrigona mexicana). Con la miel melipona y la cera natural que producen, preparan jabones, cremas, champús y diversos productos con los que ofrecen servicio de spa: temazcal, masajes, faciales y tina de relajación. También se usa la herbolaria tradicional de la región, permitiendo el rescate de la cultura y el conocimiento tradicional náhuatl.

Para quienes gustan del turismo de aventura tiene el campamento Cuevañas, diseñado bajo el concepto de cueva, con plantas en el interior para no romper con el entorno geográfico. Asimismo, tienen una red de estaciones y unidades de turismo rural para recorrer la región, admirar sus maravillas naturales y convivir con la gente.

Otro de los atractivos del lugar es conocer cómo se produce y procesa el excelente café que caracteriza la zona. Entre los recorridos que ofrecen se pueden visitar cascadas, grutas, bosques de helechos, café y bambú.

Nuestra visita coincidió con la fiesta de San Ignacio Labrador, patrono de la cooperativa, lo que nos permitió disfrutar de danza, música, gastronomía y los famosos voladores, tradición de herencia prehispánica. Todos con espectaculares atavíos.

Emociona profundamente ver cómo una comunidad indígena con gran dignidad y mucho trabajo se organiza y lleva a cabo un proyecto turístico y productivo, integrado a la naturaleza, que es un éxito total. Un modelo para nuestro país del que hay que sentirnos muy orgullosos.

De pilón puede visitar el alucinante estudio del pintor y muralista Gregorio Méndez Nava y llevarse alguno de sus cuadros para tener siempre presente la belleza, colorido y autenticidad de Cuetzalan, un Pueblo Mágico que verdaderamente merece el nombramiento. Por supuesto hay que llevarse una blusa bordada, un rebozo, miel melipona, cremas, jabones y café.