Opinión
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Isocronías

Sinapsis

D

ante Medina (perdonen que me vuelque sobre experiencias personales este día) ha sido la única persona que me ha dicho –y esto fue recientemente– lo que desde luego yo sabía: que de la flautita que en la Facultad de Filosofía y Letras de la UdeG fastidiaba a muchos (pero no éramos muchos) y agradaba a unos cuantos (les permitía soñar, escaparse del tedio vespertino, me confió alguien alguna vez) había aprendido bastante, melodía en particular –que aplicaría, necesariamente, al verso.

Actualmente no puedo tocar la flauta (a causa de una caída se dañaron mis manos; más la izquierda que la derecha, la cual de cualquier manera no he recuperado del todo) ni, claro, la guitarra (he pensado comprarme una trompeta, mas la estridencia me contiene). Llevaba terapia en una institución muy elogiable, y en septiembre el edificio se dañó. La vida continúa.

Me da por dibujar. Durante mucho tiempo he pensado (no pocos me han oído decirlo) que “si quieres escribir, pinta; si quieres pintar, canta; si quieres cantar, baila…” etcétera. En lo que a mí respecta, en tanto individuo presuntamente creativo pero también como coordinador de talleres, he observado que, si responsablemente asumida, la aseveración no es tan desatinada.

Me da por dibujar, y ante la repentina ausencia de terapia retomé ese ejercicio. Uno puede no ser muy bueno en lo que sea, pero ejercitarse en ese lo que sea es siempre bueno –si al menos uno tiene por ello gusto. El ejercicio, que no es sino rutina consciente y consecuente, es un maestro en principio corporal, pero en principio, porque enseña no sólo lo del cuerpo sino que llega más allá, un más allá que no precisaremos.

No hay rutina que bien llevada canse, mas quizá mal llevada sí fatigue, aburra, tienda a parecer maléfica… Lo es. Cansado de dar talleres (de poesía, de sensibilización a la creatividad) me puse pues a dibujar. Aún no sé muy bien qué hasta ahora haya aprendido; sin embargo, como años hace dijo David Aguilar al hablar de su experiencia en el taller: Yo no sé qué aprendí, sé que aprendí.

De ese aprendizaje aún inefable daré cuenta de este viernes en ocho en el Centro Cultural Macario Matus, donde a la vez presentaremos un librito que apunta hacia una poética del taller y recoge aforismos publicados inicialmente en esta columna. Por supuesto, habrá cantada.