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Informadores mexicanos exponen sus motivos en la Feria del Libro del Zócalo

¿Por qué es importante el periodismo en un país donde te matan por ejercerlo?

En España no hemos sido valientes para contar la crisis, confiesa el madrileño Rodolfo Serrano

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A pesar de que el periodismo es una expresión de la civilización, que necesita estar informada, siempre va a haber un poder, un gobierno, el crimen organizado, que va a combatirlo y atacarlo, señaló Martín Durán, del informativo La Pared. En la imagen, protesta contra el asesinato de periodistas en México, 130 en 17 añosFoto Víctor Camacho
 
Periódico La Jornada
Domingo 15 de octubre de 2017, p. 14

En la última mesa de debates del foro de periodistas que albergó este viernes y sábado la Feria del Libro del Zócalo se puso sobre el tapete la pregunta ¿Por qué es importante el periodismo? “Una pregunta con una respuesta tan obvia que ni siquiera debiera ser necesaria. Sin embargo, en México, un país icónico por la aberrante inseguridad en que trabaja este gremio –130 asesinatos de informadores desde 2000– esto no es una obviedad. Sigue siendo necesario hacerla”, sostuvo el salvadoreño Carlos Martínez, responsable de la cobertura sobre las pandillas en Centroamérica que se publica en la sección Sala Negra del medio digital El Faro.

En ese espacio, el poeta y comunicador madrileño Rodolfo Serrano hizo una crítica –que me duele, confesó– a lo que hoy en día es la prensa dominante en España: Los periodistas en mi país no hemos sido valientes para contar la crisis que ha dejado en la cuneta a miles de trabajadores y familias, con más de tres millones de desempleados, desalojados de sus viviendas, con servicios de salud mermados por los recortes. Mientras esto pasa, los medios ibéricos, por lo general, siguen hablando de una nación donde todo el mundo vive muy bien. Esa es la post verdad de un periodismo adocenado, deforme.

Serrano es autor, entre otros, del libro Oficios fracasados y columnista, por más de 20 años, del diario El País.

Marta Durán de Huerta, socióloga y reportera, defensora de periodistas perseguidos y desplazados, provocó a los ponentes con otra pregunta: Frente al poder de los aparatos de comunicación social del gobierno, que son como el salón de belleza de las autoridades ¿qué se puede hacer para que la narrativa de los periodistas honestos se abra paso?

Respuesta unánime: Hacer periodismo con más rigor, con honestidad. Sin complacencias.

Alejandro Meléndez, quien se define como activista de la fotografía y editor de la sección de foto del diario El Financiero se refirió a lo que emergió en la comunidad periodística a raíz del reciente sismo del 19 de septiembre.

La catástrofe, dijo, demostró que la sociedad necesita del periodismo para no vivir a ciegas. Vimos la necesidad de noti-cias hechas no desde una falsa objetividad, sino desde el rigor. Por eso es que al poco tiempo de que se echara a andar la solidaridad social y los medios empezaran a reflejarla, cayó encima el ejercicio de la censura. ¿Por qué? Porque el gobierno, los militares y la policía tuvieron miedo de que la prensa demostrara que la sociedad civil es más fuerte y más eficaz que el Estado.

Por su parte, el periodista culichi Martín Durán, que dirige el sitio independiente La Pared, en uno de los estados, Sinaloa, de mayor riesgo para la labor informativa, expresó: A pesar de que el periodismo es una expresión de la civilización que necesita comunicarse, expresarse y estar informada, siempre va a haber alguien, un poder, un gobierno, el crimen organizado, que va a combatirlo y atacarlo.

Carlos Martínez, coautor junto con sus colegas de El Faro del libro Crónicas negras, opinó sobre las cifras que escandalizan a la prensa internacional sobre el asesinato de periodistas mexicanos: Estos que caen ante el crimen, la censura y la represión no caen por hacer un periodismo ilusionante, sino porque se atreven a decir las cosas como son, por tratar de mantenerse rectos, lejos de lo que en México se llama transa.

Añadió: El periodismo no debe ser contar lo que la gente quiere saber, ver y oír. Muchas veces hay que relatar precisamente lo que no se quiere ver. No debemos trabajar para buscar el aplauso o el consenso. Lo nuestro debe ser mantener siempre el dedo en la herida.