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19/S: El dolor y la esperanza

Sin bienes ni empleo, necesitan certezas para tomar decisiones

¿Y ahora qué?; la zozobra embarga a damnificados
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Imagen captada en el albergue San Jorge –en la calle de Tuxpan, colonia Roma– durante un recorrido efectuado en las primeros horas del lunesFoto Jesús Villaseca
 
Periódico La Jornada
Martes 26 de septiembre de 2017, p. 16

Historia tras historia la pregunta se repite: ¿Y ahora qué? La incertidumbre es el sentimiento más arraigado entre los damnificados que dejó el sismo del martes 19 en Ciudad de México. Desalojados de sus viviendas, con su patrimonio y pertenencias en riesgo, y sin más lugar para pernoctar que los albergues que no serán eternos, algunas personas enfrentan severas dudas sobre su futuro, incluso el más inmediato.

Gleddys Duarte vivía desde hace siete años en el octavo piso de un edificio ubicado en Aguascalientes 12, colonia Roma, uno de tantos a punto del colapso. El día del sismo el dictamen de los especialistas fue contundente: Es inhabitable. Se enteró al regresar del trabajo en un hospital cercano; es fisioterapeuta. No tuvo opción y el martes durmió en la calle, junto con su pequeño de seis años.

En medio de la emergencia supo de un albergue provisional, el llamado Huerto Verde, pero las condiciones no eran óptimas y la tormenta del miércoles los dejó mojados y sin poder dormir. Desde ese espacio la remitieron, junto con muchas personas, a otros lugares. Así, llegó a Tlaxcala 105, donde su situación ha mejorado por la atención e instalaciones.

Vivieron la crisis solos. Su marido estaba en Mérida, Yucatán, para visitar a su madre enferma. Hasta el viernes pudo regresar a su departamento y tomó lo esencial: documentos, dinero, algo de ropa y algunos electrodomésticos pequeños. El resto de sus cosas sigue ahí, en un edificio en riesgo.

El primer día lloras, es desolador. De un momento a otro no tienes dónde vivir. El hospital en que labora también sufrió daños y está a la espera de ser reubicada para retomar sus actividades. Al menos, dice, los sueldos se seguirán pagando. El fin de semana lo dedicó a buscar un nuevo departamento, pero la zona es muy costosa y lo económico, no se ve nada bien, sería vivir con miedo.

Pese a todo el apoyo, no es fácil estar en un albergue. Sé que nos quieren apoyar, pero no es lo mismo a estar en un espacio propio, con tus cosas, en familia. El colmo fue hace unos días: su casero se atrevió a cobrarle la renta. Él sabía que había riesgo; ni siquiera nos pidió aval ni depósito. Los vecinos han insistido en que desde 1985 el edificio quedó mal, pero sólo lo maquillaron.

Su hermana lo rechazó

José Correa, de 67 años, perdió su trabajo, su vivienda, sus cosas y sus ahorros. Se quedó con sólo 200 pesos en la bolsa y con eso ha sobrevivido desde el martes. Su familia no lo arropó, pero encontró opción en los albergues. Cada mañana sale muy temprano en busca de algún empleo.

Hacía gestorías para un despacho contable que tenía sus oficinas en Álvaro Obregón 286, inmueble destruido por el sismo. Era un ingreso importante, ahora a esperar. Confío primero en que todos estén bien y después retomar las labores.

El cuarto en que vivía desde su separación, hace años, también peligra. Como en miles de historias, sus pertenencias siguen allí, así como ahorros que guardaba en un escondite. A él de plano no lo han dejado entrar al edificio.

Sin ropa, sin comida y con sólo 200 pesos y su identificación vagó por la ciudad. El martes rentó una habitación en un hotel económico de la colonia Obrera. Miércoles y jueves una amiga lo recibió. Su hermana lo rechazó, pese a que ella vive en la casa heredada por sus padres, y José no insistió. El viernes se fue de voluntario a un centro de acopio en la glorieta de Cibeles, donde aprovechó para pasar la noche. Allí lo sorprendió la energía y solidaridad de los jóvenes. Viví el 85 y de verdad hoy veo más, es un apoyo desmedido.

Desde ahí llegó a un albergue donde ha podido cambiarse de ropa, darse duchas calientes y tener alimentos varias veces al día. Urge localizar trabajo, tengo experiencia en ventas, contabilidad, gestoría. Le dejo mi teléfono por si alguien me apoya (5532348708). Ya veré cómo le hago.

Los vecinos de los edificios 8 y 10 en Miguel Shultz no viven tranquilos desde el sismo. En la calle paralela, Serapio Rendón, se ubica el histórico y hoy abandonado cine Ópera. Especialistas han dictaminado riesgo de colapso y los puede perjudicar. Lupita, una vecina, señala que las autoridades se comprometieron a entregar un dictamen a más tardar este miércoles. Estamos con miedo, nadie ha dejado su hogar, pero la verdad es que no se puede ni dormir con tranquilidad. Queremos tener certeza, pues sólo así podremos tomar decisiones.

Compositor que se gana la vida de cantor en Garibaldi, Matías Corona desde hace años vive en un inmueble bastante podrido en la colonia Centro, justo frente al Reloj Chino, en Bucareli. No me alcanza para más y los dueños nunca han hecho mucho por los departamentos.

Prefirió no regresar después del sismo y consiguió cobijo en el albergue San Jorge, en Tuxpan 30. Allí ameniza las noches con algunas rolitas y literalmente cambió de look: se rasuró, le dieron ropa limpia y hasta volvió a sonreír, pero sabe que es temporal. No hay adónde regresar, a ver qué será de nosotros.