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Vox libris
Génesis de la escritura
Periódico La Jornada
Domingo 24 de septiembre de 2017, p. a12

Si un niño pregunta, ¿cómo se inventó la escritura?, ¿qué le diríamos? ¿Sabemos cómo? Y si es así, ¿cómo se lo explicamos a un pequeño? Estas preguntas se las hizo el escritor británico Rudyard Kipling (1865-1936), y aunque no fue un experto en los orígenes de la escritura se propuso responder las cuestiones de manera ficticia para su hija.

Las historias de Kipling son protagonizadas por un padre primitivo y su hija neolítica, algo muy parecido a lo que una vez hizo el escritor JRR Tolkien al escribir el cuento Roverandom, cuya finalidad era explicar a sus hijos qué le había pasado al perro de la familia, pues se había perdido días atrás.

Las ficciones de Kipling se recopilan en el libro El invento de Taffimai, ilustrado por la diseñadora Silvana Ávila. Buscan ser una respuesta ingenua y cómica sobre los orígenes de la primera carta y, con ella, el nacimiento del alfabeto. También es una invitación para que los grandes imaginen de dónde vinieron en realidad las 27 letras ¿Quién tuvo la genial idea de escribir la primera carta? ¿Cuáles son los verdaderos orígenes de la escritura? Así, este libro no sólo es para niños, pues hay en su contexto un rico mensaje y propuesta intelectual para todo público.

Como las historias se centran en el Neolítico los nombres que Kipling da a sus personajes suelen ser extraños. Sin embargo, hace de esta una oportunidad para también darles un significado cómico. Por ejemplo, en la primera historia tenemos una familia neolítica que vive cavernosamente en una caverna. El padre se llama Tegumai Bopsulai, cuyo significado es hombre-que-no-da-un-paso-apresurado; su esposa Teshimai Tewindrow, o mujer-que-hace-demasiadas-preguntas, y la hija Taffimai Metallumai, que significa persona-pequeña-sin-modales-que-merece-unas-buenas-nalgadas.

El problema principal de esta primera ficción surge de la necesidad de Taffimai para mandar un mensaje escrito a su madre. La protagonista lo resuelve enviando una carta-dibujo por conducto de un mensajero, lo cual no será fácil pues Taffimai se verá en complicaciones al enfrentarse a las diferentes interpretaciones que esa misiva provoca a toda una tribu neolítica.

En la segunda ficción, el problema se formula con esta pregunta: ¿cómo hacer una escritura entendible para todos los habitantes de la tribu y así evitar diferentes interpretaciones? Esta cuestión hace que tanto Taffimai, como Tegumai, se propongan inventar el alfabeto.

Miedos, gustos e inteligencia de seis hermanos

¿Quién en su infancia no se aventuró a la búsqueda de un tesoro? ¿Quién nunca tuvo la esperanza de encontrar monedas de oro en el jardín de su casa? Son deseos que se encarnan en Los buscadores de tesoros, de Edith Nesbit (1858-1924), escritora londinense considerada un icono de la literatura infantil.

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Para JK Rowling fue el estilo de Nesbit el que la influyó al escribir las novelas del mago Harry Potter. El libro está ilustrado por Mario Rosales quien, entre otras tareas, ha sido consultor creativo del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

Este libro narra las aventuras de seis hermanos: Dora, Osvaldo, Dicky, Alicia, Noel y Horacio Octavio, quienes deciden emprender una serie de aventuras con la finalidad de obtener dinero y así solventar los gastos de la familia. Se trata de la primera novela para niños de Nesbit, y a partir de su éxito, escribiría más obras infantiles, como Cinco Niños y eso e Historias de dragones.

Uno de los atributos del relato es que desde las primeras páginas Nesbit advierte: “Uno de nosotros (de los seis hermanos) cuenta esta historia, pero no te diré quién hasta el fin, y eso quién sabe…” De esta forma comienza el misterio y se mantiene, pues el estilo de Edith hace parecer que todos los niños narran una parte de la historia y eso provoca el deseo de resolver el misterio de quién es la mente maestra detrás del libro.

De manera paulatina el lector descubre las características de cada uno de los hermanos, que van mostrando sus miedos, gustos e inteligencia. Por ejemplo, cuando el joven poeta Noel busca vender sus poemas a un periódico nacional y después de buscar y esperar al editor logra ese propósito, como agradecimiento, dedica las siguientes palabras al editor: La vida lo bendiga a manos llenas,/ y no diga que no: merece esto./ Será usted editor de mis poemas./ A usted dedico éste, como el resto.

Cada hermano posee su tesoro, pero es algo que ellos irán descubriendo paso a paso, pena tras pena y logro tras logro, justo como sucede en la infancia y la vida en general.

Las dos obras reseñadas forman parte de la nueva Colección Libros de Alicia, publicada por el Fondo Editorial de Nuevo León y por Libros de Alicia, dirigida al público infantil, con títulos de autores reconocidos e ilustrados por artistas. El primero tiene un precio de 85 pesos y el segundo de 165. Están a la venta en la librería de La Jornada (avenida Cuauhtémoc 1236, colonia Santa Cruz Atoyac, delegación Benito Juárez, Ciudad de México).

Luis Enrique Trigo Villagómez

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