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Nosotros ya no somos los mismos

Los demás inquilinos de Trump

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La Torre Trump, diseñada por el arquitecto estadunidense Der Scutt, está ubicada en el número 725 de la Quinta Avenida, en Midtown, Manhattan, Nueva York. El rascacielos tiene uso comercial y residencial, y entre sus habitantes están algunos mexicanos con gran poder económicoFoto Afp
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erecha la flecha al pecho o nunca vamos a terminar. Vámonos tendidos sobre los dos últimos inquilinos de las T.T. que, legalmente hablando, son de nacionalidad mexicana y que, por angas o mangas, entraron al escaso conocimiento de esta su columneta.

La Jornada del martes 22, en su página 16, incluye una entrevista que el reportero de esta casa, Israel Rodríguez, realizó con el director general de Grupo Financiero Banorte.

Don Marcos Ramírez Miguel, el director al que nos referimos, aunque demuestra gran optimismo sobre las negociaciones que actualmente se están llevando a fin de adecuar el original Tratado de Libre Comercio de América del Norte, a los tiempos actuales, no deja de señalar la urgencia de que el país no puede dejar de avanzar en la aplicación del estado de derecho, con el fin de abatir los grandes niveles de desigualdad social y económica.

Estos puntos de vista fueron externados con motivo de la celebración de la sexta edición del Foro Estrategia Banorte 2017, en el que participarán, anunció (en esa fecha) don Marcos, personajes de singular importancia, como el doctor Alfredo Quiñones Hinojosa, quien de joven se fue de indocumentado a Estados Unidos a trabajar en la pizca del tomate y terminó graduándose en la Universidad de Harvard con altos honores. Ahora es considerado uno de los neurocirujanos más sobresalientes del mundo. No regresa a brindar atención a ninguno de nuestros grandes tycoons, que si algo los distingue, es tener las pilas bien puestas, lean la noticia que en primera plana publicó La Jornada el pasado miércoles 23 del presente: Crecieron ganancias de bancos 24.7% en un año. ¿No exagero, verdad? Asistirá también Lawrence H. Summers, ex secretario del Tesoro de EU y la crema y nata de nuestros funcionarios de las secretarías del ramo de la hacienda y las finanzas e importantes gobernadores del norte del país, como Claudia Pavlovich y Javier Corral. Con gran satisfacción e innúmeros elogios anunció igualmente la participación de: jóvenes empresarios que mucho significan. Pues sin que la columneta se atreva a atribuirse influencia alguna, no puede dejar de señalar que entre los cuatro significantes jóvenes empresarios citados, dos de ellos son a los que habremos de referirnos en esta ocasión, y que ya los habíamos anunciado anteriormente. Se trata de la familia Beckmann Vidal: Juan Francisco Beckmann Vidal, su esposa María de Jesús Dora Legorreta y su hijo Juan Domingo. Beckmann es apellido de origen alemán. Cuenta la leyenda que el padre de don Juan Francisco era cónsul de Alemania en México, posición que le permitió tratar a lo que suele llamarse las mejores familias. Así fue como se relacionó nada menos que con la familia Cuervo. El patriarca de esta estirpe, ya en 1795 era uno de los primeros productores de tequila en el país, lo que significa decir en el mundo, pues a los nipones aún no les daba por clonar el líquido, surgido del agave y que es ADN colectivo de los mexicanos. Y es que, dos décadas y media antes que el virrey Juan de O’Donojú y Agustín de Iturbide firmaran la primera concertacesión de nuestra historia, conocida como el Tratado de Córdoba (te concedo la independencia, pero nomás tantito: ya el rey Carlos IV de España había otorgado uno de los contratos/licencias a don José María Guadalupe Cuervo para la producción y comercialización del vino mezcal de tequila. No saben cómo se me antoja contarles algunos decires sobre este reyecito de pacotilla, cuyo nombre completo es nada menos que: Carlos Antonio Pascual Francisco Javier Juan Nepomuceno José Juanuario Serafín Diego. Como ven, muchos más nombre que vida. Su esposa, doña María Luisa Borbón-Parma (paisana del jamón y otros embutidos), recibió del abad Étienne Bonot una educación moral tan laxa, que fue el escándalo de la época. Dicen que la duquesa de Alba, la llamada musa de Goya, comentaba que la cantidad de nombres adjudicados al reyecito era realmente escasa en comparación con los amantes de doña María Luisa que, recordemos, era su prima carnal y su esposa, aunque no tanto. La última información, bien personal y de gran importancia histórica y política, corre por cuenta de la mismísima señora de Parma. Ella solita, sin que mediara tehuacán o el horrendo uso de la picana, le confió a su confesor fray Juan de Almaraz que ninguno de sus hijos se debía a su marido Carlos IV. No se hagan bolas los doctos historiadores: de voz más que autorizada ya podemos conocer el real motivo del inevitable fin de la dinastía borbónica.

Pues todos estos devaneos nada más para comprobar que a la columneta le proporcionan una aguja y se transforma en una Pyme productora de hilo a pasto. Me preguntó un viejo amiguito jalisquillo, otros datos de la familia Beckmann y la industria Cuervo. Unos rengloncillos más de respuesta. Ya rastreamos los orígenes de la estirpe Cuervo, desde la Colonia hasta nuestros días. En esos más de 200 años se han entrelazado sentimientos, apellidos, etnias, intereses, visiones gerenciales y aún enfrentado cambio temporal de razón social (en un tiempo se llamó La Rojeña). Pero lo innegable es la dedicación y el empeño puesto en un negocio que ha sido vocación familiar renovada con cada generación. En uno de los entretejidos sentimentales se perdió el apellido Cuervo, pero se mantuvo la tradición y se renovaron las políticas de producción y comercialización con un éxito inusitado. (En lo absoluto quiero decir que estos beneficios se distribuyeran universal y equitativamente entre los llamados factores de la producción.) En 2012 Cuervo suspendió tratos de compraventa o distribución de sus productos con la trasnacional Diageo, para intentar de manera independiente convertirse en un distribuidor mundial de los más diversos productos vitivinícolas. En 2014, se dice, intercambió la venta de algunos whiskys y vodkas de muy mala factura por el 50 por ciento de Don Julio. Mientras no me enseñen números (y no veo por qué deban hacerlo), pensaré que fue un despropósito. Sobre todo tomando en cuenta que don Juan Francisco es el dueño de 70 por ciento de la empresa tequilera más grande del mundo y que, cuando su hijo Juan Domingo rompió la sociedad con Diageo e inscribió a Cuervo a la Bolsa Mexicana de Valores, pasó a ocupar uno de los 30 primeros lugares entre las empresas fundamentales del país. Su fortuna, de 5 mil 200 millones de dólares, deja a sus propiedades familiares en las Torres Trump, valuadas en 13.5 millones, como unas casitas de interés social del Infonavit.

Al final de esta crónica no me quedaba sino presentar a don Alejandro Rodríguez Magaña, ex director del grupo Chedraui y director general de Cinépolis, así habrá de ser pero, ahora que releí todas las referencias que sobre él había ido acumulando y lo oí en una entrevista larguísima, si no me equivoco con la inteligente Sabina Berman, decidí darme mi tiempo para elaborar juicios, en razón de una obvia diferencia de posiciones: yo he sufrido, como productor (y con el agravante de serlo por el Estado) y él, aunque fuera apenas entonces un delfín de Harvard, un exhibidor en ascenso evidente. Mi obvia obligación es entender sus opiniones, respetarlas y darlas a conocer sin sesgos ni mezquindades.

Nos vemos la próxima semana para comentar sobre la ida y regreso anticipado de los niños Anaya.

Pero un favor a la multitud: dada mi crasa ignorancia sobre la aritmética fundamental, ¿podrían ayudarme con estas simples operaciones: multiplicar 29 mil por 200. Luego dividir el resultado entre 90? Les aseguro que tendremos tema para seguir con la necedad. En México somos iguales, pero unos más iguales que otros.

Twitter: @ortiztejeda