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Abrirán exposición-homenaje por el 20 aniversario luctuoso de la promotora cultural

Cristina Payán hilaba cuentas, personas y comunidades

Esa pasión por unir la reflejó en todo su quehacer, así como en su faceta artística de crear collares: Marco Barrera

La exhibición en el Museo Nacional de las Culturas Populares surge de un proyecto que acaricia Emilio Payán Stoupignan: tener un catálogo impreso de esas joyas de su madre

Foto
Emilio Payán Stoupignan y Marco Barrera Bassols, curadores de la muestra de 246 collares de la autoría de Cristina Payán, montada en el Museo Nacional de Culturas Populares, en Coyoacán, que mañana será abierta al públicoFoto José Antonio López
 
Periódico La Jornada
Miércoles 12 de julio de 2017, p. 3

Fundadora de escuelas y promotora cultural, Cristina Payán también impactaba con sus collares de piedras grandes, a veces únicas. Mostrar lo que ahora es joyería de autor produce emociones y sensaciones y exige al espectador la capacidad de sorpresa.

Con la finalidad de conmemorar el 20 aniversario luctuoso de la también profesora de primaria el Museo Nacional de Culturas Populares, instancia que dirigió de 1995 a 1997, organiza una exposición de 246 de sus creaciones, tal vez 25 por ciento de lo que realizó a lo largo de varias décadas.

Cristina Payán: homenaje a veinte años, collares, exposición curada por Marco Barrera Bassols y Emilio Payán Stoupignan, que ocupa la sala que lleva el nombre de la homenajeada, será inaugurada mañana –fecha del fallecimiento–, a las 19 horas, en el recinto de avenida Hidalgo 280, colonia Del Carmen, Coyoacán.

Posteriormente habrá una mesa redonda y un concierto. Los collares fueron facilitados por una larga lista de mujeres, entre ellas Ireri de la Peña, Laura Esquivel, Margo Glantz, Yuriria Iturriaga, Carmen Lira, Rigoberta Menchú, Carmen Parra, Inna Payán, Socorro Valadez y Livma Zacarías.

Hacedora luminosa

La exhibición surge de un proyecto que desde hace tiempo acaricia Emilio Payán Stoupignan: hacer un catálogo impreso de los collares de su madre.

Ahora que se ha podido reunir las piezas, el artista Damián Ortega, sobrino de la homenajeada, ha propuesto imprimirlo en su editorial Alias. Como ha corrido la voz, muchas más mujeres se han acercado a los curadores para decirles que son dueñas de collares creados por Cristina Payán y debido a que ya no los pudieron incluir, se les ha invitado a la apertura de la muestra portando esos ornamentos.

Para sus creaciones, Cristina Payán utilizó todo tipo de piedras, aunque su hijo Emilio recuerda que empezó con materiales muy sencillos, como tuercas y tornillos, casi todo lo que se podía engarzar.

Con el tiempo, y después de años de investigar, trabajó con piedras adquiridas o traídas de varias partes del mundo. De niño, a los cinco o seis años, Payán Stoupignan empezó a hacer collares con su madre como un juego.

En entrevista con La Jornada, explica que su madre desplegó muchas maneras de trabajar. Sin embargo, el único hilo conductor era el collar.

Al respecto, Marco Barrera Bassols expresa: Cristina, así como hilaba las cuentas, lo hacía con las personas, las comunidades, con lo que amaba en la vida. Esa pasión por relacionar y unir, siempre con un interés social, se refleja en todo su quehacer y también su joyería.

Carlos Payán Velver, esposo de Cristina y director fundador de La Jornada, explica en un texto actualizado para la exhibición, que entre la amplia gama de materiales empleados –ágatas coptas egipcias, efímeras esferas de papelillo, breves porcelanas rusas, jades y turquesas chinas, semillas, dientes, colmillos, ámbares del Báltico o de las montañas de Chiapas–, hay una voluntad de mezclarlos todos en busca de una nueva armonía, de una sorpresiva y regocijante belleza que, un día tras otro, arma esplendorosamente Cristina Payán, luminosa hacedora de collares.

Apenas hace dos días la premio Nobel de la Paz, la guatemalteca Rigoberta Menchú, llevó al museo sus collares de la autoría de Cristina Payán.

Decía que el estilo de Cristina era poner una piedra grande en medio, a partir de la que surgía el collar simétrico, aunque también hay piezas totalmente asimétricas, anota Payán Stoupignan. Para el editor y artista su madre tenía los dos estilos: uno rebuscado y el otro con mucho orden. Recordó que Menchú vivió alrededor de un lustro en la casa de sus padres y hacía collares con doña Cristina; ahora los hace sola.

En un principio, Cristina Payán engarzaba sus cuentas con cuero, con el que creó nudos a la manera de aquéllas. El cuero, sin embargo, resultó ser un material efímero. La homenajeada también dejó una colección de cuentas sueltas que ya no alcanzó a engarzar. Las cuatro cajas de puras cuentas preciosas están guardadas, de hecho las heredó su nieta Natalia, hija de Emilio, quien todavía no le agarra la onda a la cuenta.

A la manera de juego, la exposición también incluye unos collares hechos por Payán Stoupignan con ligas enrolladas que de lejos parecen huesos; globos negros; dedales para coser con hueso y bolitas de fieltro, y una horma de zapato.

Incluso su hijo Matías, de siete años, también quiso participar y hacer un collar a mi abuela que no conocí, algo que logró con base en limpiapipas.

En fin, la exposición reconoce a Cristina Payán en la faceta de artista, título del que quizás no disfrutó en vida.