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Formarse a partir del miedo es un virus del mundo académico: Rosi Velasco
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En la universidad me di cuenta de que pertenecía al grupo étnico tzeltal y decidí aceptarlo, cuenta Rosi Velasco a la escritora Elena Poniatowska, en entrevista
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e llamo Rosi Velasco. Soy de Chiapas; nací en Teopisca, pero luego me llevaron a San Cristóbal. La mitad de mi vida la he pasado en San Cristóbal.

“Estudié la secundaria, la preparatoria y la licenciatura en antropología social en San Cristóbal, y para sostenerme trabajé con Doris Difarnecio. Con ella a los 22 años transcribí entrevistas; ahorita tengo 31.

“Me sentí antropóloga desde que estudié la licenciatura, en la Facultad de Ciencias Sociales en la Universidad Nacional Autónoma de Chiapas (UNACh), en San Cristóbal de las Casas. Decidí venir a la Ciudad de México a hacer la maestría. Presenté mi examen en la Escuela Nacional de Antropología e Historia en antropología social. Estaba emocionada y con miedo, porque aceptan a pocos, pero finalmente entré a la ENAH, en la colonia Isidro Fabela, que ya le pertenece a Tlalpan. Tengo una beca de 10 mil 300 pesos; de esa beca se me van 4 mil en la renta. Lo que queda es para libros, impresiones, ropa, comida. Vivo en la colonia Santa María Tomatlán, en Iztapalapa, en la cerrada de Fresno. Tomo tres camiones; lo menos que he hecho es una hora a la ENAH; por lo general hago hora y media o dos.

“Lo primero para entrar a la ENAH fue un curso propedéutico de dos materias básicas que cursé con mucho miedo. Desde que inicié la maestría en la ENAH lo hice con miedo, sentía que era diferente a los demás, los citadinos, tenía menos conocimientos porque en provincia creemos que la Ciudad de México es lo mejor. Me repetía que el nivel académico en Chiapas es muy bajo. Además, Chiapas y Oaxaca son estados con el mayor número de indígenas y yo tomé muy en cuenta ser indígena. Una amiga muy querida me advirtió: ‘Si entras a la maestría, es muy importante que tengas claras tus limitaciones. Quizá tengas conocimiento empírico, pero en el mundo académico lo que cuenta es el conocimiento teórico’. Le respondí que yo siempre había creído que lo empírico completaba lo teórico y yo era experta en encuestas sobre la marcha. ‘No, Rosi, tienes que dominar los conceptos, lo que dijo Fulano de Tal, lo que escribió Zutano. ¿Qué cosa nueva vas a decir tú si ya hablaron los grandes? Si tus compañeros leen un libro una vez, tú tienes que leerlo tres veces o más para que puedas comprenderlo’.

Me puse muy nerviosa. Híjole, ¿cómo voy a comparar mi nivel académico si mi profesor ya hizo la maestría, el doctorado, el posdoctorado y ha escrito libros? ¿Cómo comparar mi capacidad de análisis con la suya? Los profesores son guías, pero muchas veces les gana la soberbia. Te dicen que tu nivel académico es limitado porque vienes de una mala escuela y en su mirada se refleja también tu nivel económico. La pobreza la detectan de inmediato; les salta a la cara y los ofende.

–¡Pero si la ENAH es reconocida por el trato igualitario que da a sus alumnos!

–Bueno, no todo es así. Hay profesores con los que de plano es difícil hablar, como hay otros buena gente. Mi participación en clase es muy poca porque pienso que voy a decir una brutalidad. También reflexiono: Nunca voy a saber si lo que digo vale si no levanto la mano. Mi proyecto de tesis se titula: Función social de las prácticas funerarias en Zinacantán, Chiapas. Hasta ahorita tomo cuatro materias más la línea de investigación y estudio francés, porque se supone que ya sé inglés. Puedo leer algunos textos en inglés, pero soy muy lenta. En la escuela te piden dos idiomas, ahora elegí francés para poder platicar contigo.

–Y cantar La vida en rosa…

–Somos ocho de familia, mis padres, tres mujeres y tres hombres. La hermana que más quiero es Aurelia. Se le enfermó una niñita chiquita de cuatro años, mi sobrina Rubí. Los médicos descubrieron que sólo tenía un riñón y su único riñoncito estaba dañado; luego en la Clínica de las Culturas de San Cristóbal le descubrieron un soplo al corazón. La niña ya llevaba ocho días mal, no me aguanté, y me fui para allá. Mi hermana no me lo pidió ni nada. Fue una decisión que yo tomé y salí en camión, porque los vuelos a Chiapas son carísimos, cuatro o cinco mil pesos. Tomé el camión de regreso el 4 para llegar a la escuela el 5. Decidí viajar a pesar de que la vida académica está ruda. Mira, Ele, si te decides por un posgrado, es de tiempo completo. Tienes que dejarlo todo para cumplir con los requisitos, pero yo escogí a Rubí y a mi hermana antes que mis clases. Al regresar a la ENAH, una maestra me dijo: ¿qué tal tus vacaciones?, y yo estallé en mil pedazos de lágrimas por el solo hecho de que pensara que me había ido de juerga. A partir de entonces no he dejado de cuestionarme muchas cosas. Me dolió mucho que confundiera un momento crítico de mi vida familiar con vacaciones. Tengo una conexión muy bonita con mi hermana y mis sobrinas y a veces digo que son las hijas que no voy a tener, ¿no? No es que yo esperara que la maestra me dijera: Rosi, ¿cómo está tu sobrina? Ánimo, todo va a salir bien. Todo esto te lo cuento porque pienso que es importante saber dónde colocamos a los alumnos.

–Lo que sucede es que también los alumnos inventan dramas para justificar su ausencia…

–Eso lo harán algunos, pero a quienes más juzgan es a los de provincia. No sé si es racismo, pero creo que comparar todo el tiempo a los alumnos de fuera con los de la ciudad es desalentador. A veces siento que me juzgan porque provengo de una familia indígena, lengua materna indígena, rasgos indígenas…

–¿Cuál es tu lengua materna?

–Pues yo no creo que sea tzeltal, porque mis papás nos enseñaron desde pequeños a hablar español, castellano. Ya después, en la universidad, me di cuenta de que pertenecía al grupo étnico tzeltal y decidí aceptarlo. Es curioso porque ahora me doy cuenta que decir: Soy Rosi, vengo de la familia maya tzeltal me expone a ser humillada. ¿Por qué todo el tiempo la gente se tiene que referir a ti: Es que es una mujer indígena? A partir de esa diferencia se arrastran otras cosas: mujer, indígena, vulnerable, ignorante. Sí, mi forma de hablar es distinta, mi pelo lacio negro distinto, eso no me convierte en fenómeno. Si mis papás en algún momento negaron su origen, creo que es porque no querían que nos rechazaran como a ellos. No nos enseñaron la lengua para que nos aceptaran, pero durante la licenciatura –que fue un proceso lento– yo acepté ser indígena.

–Rosi, has adelgazado mucho…

–¿Sí? Yo no me siento así. Cuando estoy en la escuela no me da tiempo de cocinarme, lunes, martes y miércoles. Tal vez tendría que cocinarme el fin de semana, pero salgo muy cansada y prefiero dormir.

–¿Hablas tzeltal?

–Llevé tres niveles en la licenciatura porque en lugar de inglés, estudié tzeltal año y medio. Sabía palabras separadas, mesa, perro, gato, pero no podía hacer una oración. Pensé que iba a sacar 10 por conocer palabras sueltas, pero en realidad saqué ocho en los tres niveles. Me acepté como soy y así lo hice público: Soy Rosi, de Teopisca. Luego me fui a San Cristóbal, trabajé en muchas cosas y me di cuenta de que en ciertos espacios me hacían sentir que soy distinta. No es que te lo digan en tu cara, pero ciertos comportamientos, ciertos gestos, ciertas miradas, no sé, es raro. Tampoco quiero usar mi condición para victimizarme: Soy indígena, pobre de mí, lástima de mí, cómo sufro. Tampoco. La realidad social siempre ha sido la misma en México, pero hoy aquí, en la ENAH, creo que entre más preparados académicamente, más podemos superar nuestras circunstancias.

“Yo no quiero demostrarle nada a nadie. Sé que me está costando mucho y es normal preguntarme: ‘¿Es lo mío? ¿Será que estoy en el camino correcto? ¿Cómo vencer la agresión verbal, el rechazo, la violencia simbólica que se me hace bajita la mano?’ Si los maestros y algunos compañeros me hacen sentir que no logro hacer ciertas cosas es porque soy mujer, indígena, pobre, morena, etcétera. Ser vaca sagrada tampoco te autoriza a maltratar a los demás. ¿Dónde queda tu parte humana a la hora de hacer ese tipo de críticas? Formarse a partir de la competencia constante es un virus del mundo académico. Yo creo que si te forman a partir del miedo, escribes con miedo. La violencia que ahora vive nuestro país también se refleja en el mundo académico. Yo creo si el país está jodido, ¿por qué en el mundo académico también ejercemos la violencia? No estoy acostumbrada a que me enseñen a palazos, es como tu mamá, ¿no? Te dice: ‘Eres una burra. Eres tonta’. ¿Cómo formas a un niño insultándolo? Crecerá con miedos, inseguridades.

“Sería interesante formar a gente segura, no a partir de la humillación. Yo sabía que iba a ser difícil, pero vivirlo es distinto. La deserción escolar se debe también a que el alumno se rinde ante la exigencia que implica la carrera.

No quiero defraudarme a mí misma. Con la beca me siento contenta, pero con este estrés, este miedo de reprobar, me aterra perder el beneficio de la mensualidad. Si sacas una baja calificación, la mínima es de ocho. De ocho para abajo te sacan.