Opinión
Ver día anteriorJueves 27 de abril de 2017Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Trump: ¿echará a México?

Videgaray y su novela rosa

Guajardo: sentado espero

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ada nuevo bajo el sol, pero cada que Donald Trump abre la boca pone a temblar a Los Pinos y a la robusta economía nacional, en especial cuando la lengua viperina del salvaje del norte aborda dos asuntos torales para México: la cancelación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y la construcción del muro. Y en ambos casos el inquilino de la Casa Blanca puede proceder sin más, porque en el primero de ellos la propia reglamentación del TLCAN se lo permite (artículo 2205) y en el segundo se trata de una decisión soberana de su país, por repugnante que resulte.

A lo largo de su campaña electoral (incluso en su etapa como precandidato) Trump no quitó el dedo del renglón: nunca más (Estados Unidos) firmará un tratado como el TLCAN. Es el peor acuerdo comercial de la historia. Desde el primer día de mi administración evaluaré la permanencia dentro del tratado. Y, en efecto, la amenaza ha sido recurrente desde que despacha en la Oficina Oval.

Esa ha sido la tónica. De hecho, apenas una semana atrás el susodicho reiteró que el TLCAN es un desastre para la economía de Estados Unidos; lo que pactamos con México y Canadá es un desastre, y vamos a revisar el tratado. Y en consecuencia notificó que en las próximas semanas mi gobierno tomará decisiones importantes sobre qué hacer con dicho mecanismo trilateral.

Pues bien, ayer se filtró que la administración de Donald Trump está considerando una orden ejecutiva (de hecho la estaría redactando ya en términos oficiales) para retirar a Estados Unidos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, de acuerdo con dos fuentes de la Casa Blanca citadas por el sitio web estadunidense Político. No está claro si Trump promulgará la orden. El presidente ha dicho previamente que el TLCAN, pacto comercial entre Estados Unidos, Canadá y México, perjudica los empleos estadunidenses (La Jornada).

Puede tratarse de una presión adicional que el salvaje aplica a los gobiernos de Peña Nieto y Justin Trudeau (con especial dedicatoria al primero) para sacar mayor raja política y económica, pero de cualquier suerte la salida estadunidense del mecanismo trilateral está permitida por la reglamentación del TLCAN, y de una forma por demás sencilla, porque en su artículo 2205 establece que una parte podrá denunciar este tratado seis meses después de notificar por escrito a las otras partes su intención de hacerlo; cuando una parte lo haya denunciado, el Tratado permanecerá en vigor para las otras partes.

Se desconoce si Trump de tiempo atrás notificó su decisión a sus contrapartes mexicana y canadiense (cuando menos no se ha hecho público), pero lo cierto es que todo apunta a que tarde que temprano lo hará. Lo que se desconoce es qué hará el gobierno peñanietista, al que nadie convence de lo obvio: que el salvaje de la Casa Blanca no es ni será amigo ni socio de México, como ilusamente insisten en la residencia oficial.

Lo anterior tampoco es novedad, pues, como parte de su campaña electoral, el empresario lo advirtió puntual y públicamente siete meses antes de despachar en la Oficina Oval: voy a decirle a nuestros socios del TLCAN que tengo la intención de renegociar de inmediato los términos de ese acuerdo para conseguir un mejor trato para nuestros trabajadores. Y no me refiero sólo a un poco mejor, me refiero a mucho mejor. Si no están de acuerdo con una renegociación, entonces presentaré notificación bajo el artículo 2205 del acuerdo del TLCAN de que Estados Unidos tiene la intención de retirarse del acuerdo.

Y mientras allá cotidianamente actúan, amenazan e insultan, aquí –como diría el filósofo Clavillazo– la cosa es calmada. Dice el aprendiz Videgaray que no nos quedaremos de brazos cruzados si el energúmeno de la Casa Blanca avanza la idea del muro fronterizo, y asegura que es preferible abandonar el TLCAN antes que una renegociación desventajosa; no aceptaremos cualquier tipo de renegociación. Bien, pero parece que el señor de Malinalco todavía no se entera de que el objetivo de Trump es echar a México del tratado, de la peor forma posible, y no esperar sentado y sereno a que en Los Pinos evalúen si una eventual renegociación del mecanismo trilateral resulta buena o mala para México.

Por cierto, el aprendiz de canciller se aventó la puntada de afirmar que ante las circunstancias inéditas en la relación México-Estados Unidos, y llegado el caso, el gobierno peñanietista está dispuesto a revisar todos y cada uno de los tratados internacionales, empezando por el ominoso tratado de Guadalupe Hidalgo de 1848, es decir, aquel por medio del cual a nuestro país le robaron más de la mitad de su territorio tras la invasión gringa.

¡Qué maravilla! Peña Nieto y sus guajiros han prometido todo e incumplido en la misma proporción, pero esa novedad sí es digna de inscribirse en letras de oro en el muro de honor y de publicarse en los libros de texto gratuito: ¡el inquilino de Los Pinos y su aprendiz rescribirán la historia nacional, porque recuperarían más de 2 millones de kilómetros cuadrados del territorio original, vilmente robado por los antepasados de Trump! A Videgaray sólo le faltó gritar ¡viva México, cabrones!

Esa es la novela rosa del aprendiz, pero de regreso a la realidad un funcionario que sí está de brazos cruzados, sentado en mullido sillón y en espera de la renegociación (todo indica que tampoco él se ha enterado de la enferma fijación de Trump de echar a México del TLCAN) es el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, quien calcula que el comienzo de las negociaciones probablemente se producirá a fines de agosto y deben estar listas para la primavera de 2018 a más tardar; de otro modo, no podemos permitirnos la incertidumbre sobre la incertidumbre. Debemos hacer un esfuerzo por enviar un mensaje muy claro a los mercados respecto de lo que va a tratarse en esta renegociación.

Así es, y el energúmeno de la Casa Blanca ya lo mandó y muy claro, mientras aquí se mantienen deshojando la margarita (me quiere, no me quiere).

Las rebanadas del pastel

Que dice el secretario de Hacienda, José Antonio Meade, que el crecimiento en México durante los últimos años ha sido permanente, robusto y constante. Pues bien, tendrá que renovar calculadora, porque ni lejanamente puede catalogarse de robusto el registro de EPN: 1.9 por ciento de crecimiento como promedio anual… Dicen los voceros oficiales y oficiosos que no hay que creerle a un presidente con tan baja aceptación (hablaban de Trump, no de EPN), pero de todas formas el tipo de cambio se alebrestó: 19.63 por uno.

Twitter: @cafevega