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Toros

Pesado y escaso de fuerza y transmisión, el encierro de Marco Garfias

Reveladora confirmación de Pepe Murillo y oreja benévola a Fabián Barba

Doble cornada en la pierna izquierda a Gerardo Adame

Otra entrada virtual en la México

 
Periódico La Jornada
Lunes 27 de marzo de 2017, p. a39

La bravura contrasta siempre con la mansedumbre y el franciscano público que todavía acude a la Plaza México pudo constatar la enorme diferencia, a excepción de un grupito de improvisados sabihondos que en su afán de protagonismo de repente gritaban ¡toro!, como si eso les diera estatus de conocedores.

En la vigésima corrida de la temporada grande 2016-17 en la Plaza México y tercera de la rebautizada como Sed de Triunfo, hicieron el paseíllo Christian Aparicio –41 años de edad, 17 de alternativa y cuatro corridas toreadas en 2016– Fabián Barba –37, 13 de matador y ocho tardes–, Pepe Murillo –30, nueve y una sola corrida el año pasado–, quien por fin confirmó su alternativa, y Gerardo Adame –27, casi seis de matador, 13 tardes en 2016 y tres este año–, el más toreado de los cuatro y que, sin embargo, a la postre resultó herido con una doble cornada en el muslo izquierdo para lidiar un encierro de la ganadería potosina de Marco Garfias, con edad y trapío pero excedida de peso, mansurrona, medida de fuerza y deslucida en general, pero que, como en las dos anteriores, exhibió el deficiente desempeño de las cuadrillas, no se diga la falta de rodaje de los alternantes, en ese absurdo concepto del sistema taurino que deja los toros más exigentes a los que menos torean y los de la ilusión a los más toreados para que en despliegue de ventajas y comodidad toreen bonito. Ah, pero es que los antitaurinos…

Pepe Murillo, gran prospecto

El arte de la lidia no es sólo de bien hacer delante de un toro, no de su aproximación, sino sobre todo de saber decir, de expresar lo que se está sintiendo y transmitirlo a cuantos ven. Si bien el hidrocálido Fabián Barba cortaría la única oreja de la tarde en otra benévola premiación del juez Jorge Ramos –si no improvisan triunfadores, ¿con quién hacen la última corrida?–, el que supo mostrar con elocuencia los finos rasgos de su interioridad torera fue el tapatío Pepe Murillo, quien luego de casi una década de matador logró confirmar su alternativa en la Plaza México, en tarde nublada que amenazaba lluvia y con una entrada que compite por el record a la más escasa del rebautizado serial.

A ver si me explico: en México carecemos de figuras internacionales del toreo porque a un adinerado sistema tauri-no de escasa visión no le interesa descubrir, valorar, promover, estimular y poner a competir a los buenos toreros del país, entre sí y con los importados. De otra manera no se entiende que los buscadores de toreros de las tres o cuatro empresas fuertes no hayan querido identificar y aprovechar la extraordinaria tauromaquia de Pepe Murillo.

Al abre plaza Nazareno, con 488 kilos, Pepe lo recibió con suaves lances y bella media, para tras el puyazo realizar un quite por ceñidas gaoneras con la marca de la casa, es decir, verticales, templadas, quietas y de manos bajas, rematadas con preciosa revolera. Llevó al toro a los medios con suaves muletazos y consiguió allí templados naturales remontando la sosería del astado y exhibiendo su inteligencia torera. Tras pinchazo y media, salió a saludar al tercio.

Y con el cierraplaza Cofrade, de 512 kilos, Murillo ejecutó cadenciosas verónicas de mano baja y quitó por magníficas tafalleras a pies juntos, con privilegiado ritmo y armonioso juego de brazos, en la mejor tradición capotera jalisciense. Plantado en los medios, erguido y ceñido, ejecutó espléndidas tandas por ambos lados, como si trajera 50 corridas y no una sola, hasta que el toro se vino abajo. Dejó una estocada desprendida y el puntillero paró en dos ocasiones al burel, por lo que el ahora exigente juez mandó dos avisos. El diestro volvió a salir al tercio y aseguró su lugar en la corrida de triunfadores del próximo domingo.