Opinión
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Infancia y sociedad

Mefistos, opus 2017

M

efistófeles significa, por sus raíces griegas el que no ama la luz, el que no ama la verdad ni la belleza ni la justicia. Mefisto es –en el folklore alemán– un personaje subordinado a Satanás y encargado de capturar almas o un equivalente del Diablo mismo.

Difundido por el Romanticismo y universalizado en la obra Fausto, la imagen de Mefisto simboliza la pérdida de fe y la desmoralización de las sociedades, hoy ya no por la revolución científica e industrial de esa época, sino por la barbarie del capitalismo conducida por desalmados Mefistos en México y el mundo.

Esta columna debiera hoy tratar sobre los Reyes Magos, las ilusiones y alegrías que suelen traer. Sin embargo, me informaron que a Los Reyes no les alcanzó ni para la gasolina y rápidamente se vaciaron sus bolsillos. Por eso, seguramente, no trajeron lindos regalos y, en la mayoría de los hogares, ni siquiera llegaron. Ante ello elegimos el tema de los Mefistos, del mal, indignación y dolor que producen en México a los niños, papás y papás de los papás de los niños, como decía el buen Cachirulo.

Nietzsche escribió en Más allá del bien y del mal que por lo que más se nos castiga es por nuestras virtudes, y así parece ocurrirle al pueblo mexicano, que entre más paciente y pacífico, peor lo tratan sus gobernantes.

Es lamentable que Enrique Peña Nieto exhorte a la gente a que juntos enfrentemos la adversidad, como si se tratara de las consecuencias de un terremoto y no de decisiones políticas infames contra la honestidad y el trabajo de la gente que tiene esperanzas.

Nadie debiera ya hablarnos de esperanzas, porque si éstas carecen de un sustento racional y ético se convierten en un placebo para bobos, en actitud supersticiosa y pensamiento mágico.

Volviendo a Mefisto, para los niños que tengan acceso a los videojuegos, dicho personaje es uno de los demonios a los que hay que vencer en los juegos Diablo I y Diablo II: Lord of Destruction. En este último se le conoce como Señor del Odio, que junto con sus hermanos Baal, Señor de la Destrucción, y Diablo, Señor del Terror, conforman los llamados demonios mayores.

En el caso de los adultos, ya saben dónde pueden encontrarlos…

Me refiero al vals La llamada infernal de Mefisto, opus 101, y a la polka rápida ¡No estamos angustiados!, opus 413, ambos de Johann Strauss hijo, obras que cerraron la primera parte del concierto de año nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena, dirigida por el extraordinario Gustavo Dudamel.