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Se inician actividades de la capital iberoamericana de la cultura

Demián Flores abre en Lisboa la muestra Al final del paraíso

El pintor juchiteco exhibe un mural fragmentado en 50 piezas

Foto
Fragmento del mural Al Final del Paraíso. Vinil y pintura sobre muro. 2.15 x 2.16 cm (2016)Foto cortesía del artista
 
Periódico La Jornada
Sábado 7 de enero de 2017, p. 5

El pintor juchiteco Demián Flores (1971) iniciará el programa de actividades de Lisboa como Capital Iberoamericana de Cultura con Al final del paraíso, exposición que será abierta hoy sábado en la galería del Monumento a los Descubrimientos. Conocido popularmente como el Padrao dos Descobrimentos y que fue construido en 1960 para conmemorar los 500 años de Enrique el Navegante.

La muestra es un proyecto para sitio específico comisionado por Antonio Pinto Ribeiro programador de los más de 150 actividades que durarán hasta diciembre próximo. Al final del paraíso comprende dos grandes bloques de trabajo: por un lado, una serie de grabados a partir de las estampas de Théodor de Bry (1528-1598), un grabador nacido en la provincia de Lieja, quien nunca vino a América; sin embargo, a partir de acuarelas y dibujos de viajeros realizó estampas fundamentales para la llamada leyenda negra, como los grabados que realizó para el libro de Bartolomé de las Casas sobre la destrucción de las Indias. Flores presenta dos series de paráfrasis sobre su obra, la primera, Antropofagia en Brasil y la segunda sobre El buen salvaje.

Por otro lado, se exhibe un gran mural fragmentado compuesto por más de 50 dibujos que recorren todas las salas de la galería, en un diálogo entre los muros que abre al espectador un juego visual espacial, rompe el sentido lineal y, sobre todo, su carácter bidimensional, para dar paso a una reflexión sobre el espacio y el objeto.

El mural, dice el artista, es un testimonio de nuestro tiempo a partir de referencias, citas históricas, artísticas y, como eje rector, elementos del códice borbónico que nutren simbólicamente las imágenes. Es decir, el mural se transita como un códice y, por tanto, como escritura en que se narran historias sobre nuestro tiempo: la identidad, la memoria y el territorio.

Al final del paraíso, entonces, es un testimonio gráfico de nuestro tiempo. Su carácter híbrido permite que signos, símbolos e imágenes, tanto históricos y políticos, como de la cultura contemporánea, se mezclan en un continuo proceso de transformación. Los contactos generan fricciones, reacomodos y campos de tensión en los que es difícil encontrar un sitio confortable o silencioso.

En la obra de Flores elementos relacionados con la identidad nacional, la memoria y la vida cotidiana aparecen con otros elementos como la sátira y la invectiva. La presencia de éstas hace del conglomerado iconográfico algo complejo pero a la vez lúdico, escurridizo, fresco y, ante todo, crítico y actual.

Flores ha centrado su práctica artística en la experimentación de diversas técnicas y lenguajes gráficos. Su quehacer se ha caracterizado por provocar choques y contagios entre distintas esferas de producción cultural y por mantener un diálogo activo con el contexto sociopolítico de un tierra natal.

Con los descubrimientos geográficos del siglo XVI, y el entonces surgimiento del Nuevo Mundo, la idea sobre la existencia del Paraíso cobró nuevas formas y reconocimientos. Flores explica que el encuentro deslumbró a los europeos, cuyo contacto con aquellas tierras lejanas ocurrió por medio de los escritos realizados, primero, por los descubridores y, después, por los conquistadores. Ellos fueron los cronistas de esta nueva realidad que cautivó al hombre occidental y quienes proyectaron sobre los territorios recién descubiertos sus ideas utópicas y creencias religiosas, para dar forma a un paraíso terrenal idealizado y poblado de extrañas criaturas.