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Un asunto de profesionales
E

l 15 de enero de 2009, las noticias fueron acaparadas por un hecho que parecía insólito: después de que sus dos motores se apagaron, un avión Airbus que recién había despegado del aeropuerto neoyorquino de La Guardia, logró acuatizar en el río Hudson salvando la vida de los pasajeros y la tripulación. El responsable de la hazaña fue el capitán Chesley Sullenberger, apodado Sully, quien fue declarado héroe nacional por un país históricamente necesitado de héroes.

Siete años después, el cineasta Clint Eastwood ha recreado ese hecho en Sully: hazaña en el Hudson, enfrentando una grave limitación: el público ya conoce la conclusión de la historia, por lo que el elemento del suspenso queda eliminado. ¿Cómo hacer una película de desastres sin desastre? Eastwood y el guionista Todd Kormanicki han conseguido idear una estructura narrativa que funciona dramáticamente, a pesar de esa limitante.

Sully se inicia con una pesadilla del protagonista en que la maniobra no funciona y el avión se estrella contra los rascacielos neoyorquinos. Esa imagen evocadora del ataque terrorista del 11 de septiembre es un recordatorio urgente de lo que pudo haber sido. Sin embargo, el capitán está abrumado por la duda: ¿pudo haber aterrizado en algunos de los aeropuertos cercanos?

Para reforzar ese cuestionamiento, la película se centra con acierto en un suceso poco conocido, la investigación emprendida por la NTSB (National Transportation Safety Board), por la cual Sully (Tom Hanks) y su copiloto Jeff Skiles (Aaron Eckhart) son sometidos a un interrogatorio para determinar si no había otra opción más segura que el arriesgado acuatizaje, cuyo resultado fue el sacrificio total del avión. La causa de los pilotos parece perdida, pues los simuladores de vuelo demuestran que el avión tenía suficiente energía para aterrizar en La Guardia o en el aeropuerto de Teterboro.

Por supuesto, la narrativa incluye la recreación del vuelo mismo, filmada con suficiente pericia para emocionar al espectador, no obstante, se sabe la feliz resolución. Eastwood recurre un poco al melodrama del cine de desastres al resaltar la situación particular de algunos pasajeros. Sin embargo, la película es tan sobria y contenida como la actuación de Hanks, quien con sus recientes papeles en Capitán Phillips (Paul Greengrass, 2013) y Puente de espías (Steven Spielberg, 2015) ha confirmado su admirable rango interpretativo.

Si algo no funciona es el lado personal del héroe, representado por su esposa Lorrie. Si bien ella es encarnada por la muy capaz Laura Linney, el personaje se limita a ser La Mujer Que Contesta el Teléfono, sin otra dimensión adicional. Por otra parte, también se ha exagerado el aire inquisitorio de la NTSB para apuntalar el dilema de los pilotos.

Pecata minuta en una película que, como la maniobra de Sully, es una acabada demostración de profesionalismo, ejercido con orgullo. En una película especialmente breve –apenas 95 minutos– Eastwood logra aterrizar el proyecto sin mayores turbulencias. No alcanza a ser una obra mayor como Gran Torino (2008) o Las cartas desde Iwo Jima (2006), pero Sully es una realización competente, sin pretensiones, que redondea la filmografía del último cineasta hollywoodense de línea clásica.

Sully: hazaña en el Hudson

(Sully) D: Clint Eastwood/ G: Todd Komarnicki, basado en el libro Highest Duty, de Chesley Sully Sullenberger y Jeffrey Zaslow/ F. en C: Tom Stern/ M: Christian Jacob y la Tierney Sutton Band/ Ed: Blu Murray/ Con: Tom Hanks, Aaron Eckhart, Laura Linney, Mike O’Malley, Anna Gunn/ P: Malpaso Productions, RatPac Entertainment, Flashlight Films, Kennedy/Marshall Company. EU, 2016.

Twitter: @walyder