Opinión
Ver día anteriorDomingo 7 de agosto de 2016Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Desde otras ciudades

De urgencias en aeropuerto de primer mundo

E

l viaje sería corto. Poco más de una hora, pero como sucede en estos tiempos la espera en el aeropuerto dobló el lapso de vuelo, así que la gente aguantaba con alguna bebida, principalmente.

En la sala de espera, la 23, las botellas con agua y los vasos con café mantenían un tanto entretenidos a los viajeros del vuelo 241 de Airberlin. El aeropuerto, pequeño, para el uso doméstico, es decir, para viajes dentro de Alemania, estaba lleno. Nadie explica, ni en alemán ni en inglés ni en chino, que se trata de un vuelo sin maletas, así que cuando llegas con tu equipaje te cobran gramo a gramo todo lo que exceda la medida autorizada para llevar dentro del avión.

Ya en el vuelo, otra botella con agua y un poco de café extra. El anuncio de que descendemos para aterrizar nos impide ir al baño. Claro que los minutos se empiezan a alargar, el agua y el diurético hacen su chamba, y la necesidad de acudir a los sanitarios aumenta.

Foto
Baños causantes de angustias en la terminal aérea de FrankfourtFoto Miguel Ángel Velázquez

Salimos en tropel. No corremos, pero apretamos el paso. Sabemos que la molestia terminará al llegar a la sala donde se recogen las maletas. A fin de cuentas estamos en un aeropuerto de primer mundo, en Frankfourt. En el baño hay una larga fila de señores con cara de angustia.

Los que salen se miran contrariados. Aumenta la urgencia y la fila apenas se mueve, esa angustia empieza a perlar de sudor la frente de los que esperan.

Por fin nuestro turno. Estamos a unos pasos de la entrada, listos a bajar el cierre en cuanto te halles frente al mingitorio. Ya adentro, las piernas se te aflojan. Todos los mingitorios están cerrados, sólo queda un par de excusados. Hay que seguir en espera, en este primer mundo.

Miguel Ángel Velázquez