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En 164 piezas se percibe que el pintor alemán fue testigo y víctima de las guerras mundiales

Muestra de Otto Dix en el Marco traslada al espectador al horror de la guerra

La exposición, inédita en México, es parte de los festejos por los 25 años del recinto regio

Foto
Venus con guantes y Soldado herido, así como la fotografía donde aparece el artista en el proceso de creación, son parte de la exhibición que concluye el 18 de septiembreFoto cortesía del Marco
 
Periódico La Jornada
Lunes 25 de julio de 2016, p. 7

Monterrey, NL.

Trasladarnos al horror y desolación de la guerra es posible gracias a la exposición del pintor alemán Otto Dix (1891-1969), que se presenta en el Museo de Arte Contemporáneo (Marco) de Monterrey.

Las 164 piezas que comprenden la muestra se ubican en cuatro salas (la curaduría estuvo a cargo de Ulrike Lorenz); transmiten la violencia, angustia y muerte que todo conflicto bélico trae consigo.

La ausencia de colores en la mayoría de los cuadros o grabados con temática de guerra constatan que Dix fue espectador y víctima de los sucesos.

El pintor vivió la Primera y la Segunda Guerra Mundial de cerca, ya que en 1914 se integró al ejército y fue requerido para combatir en ambas ocasiones.

Aunque Dix transitó por el expresionismo, el dadaísmo y el cubismo, estas corrientes no le fueron suficientes para retratar la brutalidad bélica. Fue el realismo el que le permitió dejar constancia del horror.

En múltiples ocasiones, el pintor aseguró que no necesitaba hablar, ya que creía que sus cuadros decían lo suficiente, y es cierto: el hedor a muerte se puede percibir en sus piezas sobre la guerra, donde trazos negros con fondo blanco dibujan cuerpos desmembrados, hombres atrincherados, rodeados de cadáveres y restos inertes de soldados.

La muerte y la soledad van de la mano: despojos de soldados abandonados, rostros desfigurados por balas y cañones, devorados por moscas, putrefactos y con los ojos aún abiertos se ven en sus pinturas.

La destrucción posterior a la guerra es confrontada por Dix, quien con sus pinceles plasma los enormes cráteres dejados por bombas en Dresde, ciudad donde habitó por más tiempo.

Con trazos finos, Dix también retrató prostitutas corpulentas, que, con su sexo descubierto, muy al estilo de El origen del mundo, del pintor francés Gustave Courbet (1819-1877), satisfacían por igual el apetito de soldados y marinos apostados.

Como sucedió a muchos artistas de la época, el régimen nazi interfirió en el trabajo de Dix, que lo acusó de crear arte degenerado (entartete kunst, en alemán), calificativo dado en el territorio germano para describir el arte moderno con connotaciones judías o bolcheviques. Por ello, un total de 260 obras le fueron confiscadas y destruidas.

Pero en sus trazos, Dix logró dejar testimonio del remolino de la guerra, una constante construcción, destrucción y reconstrucción física y mental.

La muestra del pintor, cuyo nombre completo es Wilhelm Heinrich Otto Dix, fue abierta al público el 17 de junio y permanecerá en el Marco hasta el 18 de septiembre; luego viajará a la Ciudad de México.

En su primer mes, más de 12 mil personas han asistido a la exposición, rompiendo así el promedio de visitantes en temporada vacacional, indicó en entrevista Claudia Ortiz, encargada del departamento de prensa del recinto.

Se trata de una oportunidad única para conocer el horror transformado en arte en esta gran retrospectiva de Dix que por primera vez se presenta en México como parte de las celebraciones de los 25 años del Marco y del año dual México-Alemania 2016-2017.