Opinión
Ver día anteriorSábado 7 de mayo de 2016Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Actitud y olvidos
L

a actitud que el jefe de Gobierno y algunos de sus colaboradores cercanos y lejanos tienen frente a la gente y a los problemas de la ciudad ha hecho que sus índices de aceptación o popularidad vayan en disminución; en el lenguaje de la sociología diríamos que el elevado status que tuvo cuando fue electo hace ya unos años ha caído por debajo de lo que se hubiera esperado.

Desde afuera de las estructuras de gobierno y de los sectores políticos, es decir, lo que comentan ciudadanos comunes en charlas informales, la opinión es negativa. Piensan que las autoridades capitalinas se ocupan frecuentemente de problemas que no les corresponden, como el incremento al salario mínimo, que viste y adorna. Nadie puede criticar a un funcionario por lo que declara cuando habla del tema: que los salarios de los trabajadores son bajos y que para mantener la estabilidad social es necesario que se incrementen.

La actitud es inobjetable, pero se trata de una opinión como la que pudiera dar cualquier conocedor de economía o de los asuntos de carácter laboral, pero sin tener competencia sobre el tema ni la fuerza para lograr la solución propuesta. Lo malo de esta actitud es que en donde sí se tienen las herramientas para cambiar las cosas o para lograr fines benéficos para la colectividad, se percibe indiferencia o interés puramente teórico sin acciones efectivas para concluir o resolver algo de lo que requiere una ciudad compleja y llena de problemas como es la nuestra.

Quienes caminamos por sus avenidas y calles, visitamos sus plazas o jardines, observamos un descuido evidente; banquetas rotas, basura en las esquinas, vialidades llenas de baches, coladeras destapadas o rotas, lamentamos las largas cicatrices que deja la empresa que pretende conectarnos a todos al gas natural y muchos otros signos de la desatención.

Un ejemplo entre otros muchos y del que me he ocupado en otras ocasiones en mis colaboraciones catorcenales, es el de la escuela secundaria Profesor Carlos Benítez Delorme, en la que han pasado ya varias generaciones de jóvenes que tienen que estudiar en instalaciones provisionales porque hace más de cuatro años inopinadamente y sin explicación aceptable se demolieron aulas, biblioteca, salón de usos múltiples y todo lo que se encontraba antes en pie y al servicio de la educación.

La asociación de padres ha dado una lucha ejemplar para que rehagan la escuela, pero ni la Secretaría de Educación Pública ni la delegación Benito Juárez ni el gobierno local concluyen lo que se ha comenzado lentamente. Un reportaje de Rocío González Alvarado nos informa que gracias al interés de las madres, en el presupuesto del año pasado el gobierno de la ciudad destinó 40 millones de pesos a la reconstrucción.

La información que las madres organizadas recibieron, cuando la obra iniciada el año pasado fue abandonada desde enero de este año, es típica de una burocracia ineficiente; la reconstrucción de la escuela estaba, dijeron, a cargo del Instituto Local de la Infraestructura Física Educativa, pero que en enero pasó a cargo de la Secretaría de Obras y Servicios.

El cambio de responsable es inexplicable y muestra el desinterés por los niños, por la educación y por la sociedad organizada que lleva años exigiendo la reconstrucción de aulas y demás dependencias. Nadie se hace responsable, nadie atiende directamente, a nadie le interesa el destino de lo que se dice que ya se gastó para el arranque de la reconstrucción, ni tampoco hay quien explique por qué se dejaron las cosas a medio empezar y por qué las varillas se oxidan a la intemperie.

El de la escuela ubicada en la esquina de Niños Héroes e Isabel la Católica es un caso que desde hace tiempo he podido conocer, no es único, los ciudadanos sufren por toda la ciudad otros abandonos parecidos. Urgen autoridades atentas a su trabajo que den seguimiento a los problemas.