Opinión
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Ciudad Perdida

El perfil de la constitución local

La postura del jefe de Gobierno

Se avecinan duras batallas

S

eguramente la mejor noticia surgida de la reforma política del Distrito Federal que ayer fue declarada constitucional es la que dio el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, frente a la medios de comunicación, cuando aseguró que la constitución, consecuencia directa de dicha reforma, será de izquierda. Cualquier cosa que eso quiera decir para el gobierno de la ciudad.

Fue un largo proceso –más de 18 años– que en su etapa semifinal aún queda mucho trecho por recorrer para que aterrice en las calles de esta ciudad. Tuvo que enfrentar intereses de todo tipo, incluidos los del senador Barbosa, quien cedía y cedía a los apetitos priístas, que a cambio le ofrecían la posibilidad de convertirse en un candidato sólido a la gubernatura de Puebla, que al final parece que no logró.

O bien del tortuguismo del también senador, este del PAN, Jorge Luis Preciado, que, imagínese usted, fue condenado ni más ni menos que por Alejandro Encinas con una tronadora mentada de madre que –muchos dicen– hizo cambiar la actitud del panista, que parecía dispuesto a estorbar, otra vez, el proceso para la promulgación de la reforma política del Distrito Federal.

Y es que ahora no todo es igual que aquella mañana de noviembre de 2012, cuando en el Museo de la Ciudad de México representantes de la sociedad civil y de la llamada clase política ofrecieron su apoyo a Miguel Ángel Mancera para que se empeñara en conseguir la reforma que obligara a la Federación a cumplir con sus compromisos con la ciudad capital, al igual que con todos los estados de la República.

Pero ya decíamos que falta mucho en esta reforma. Por ejemplo, impedir que el PRI, el partido con mayores puntos de rechazo entre la población, tenga una sobrerrepresentación en el grupo que habrá de ponerle letra a la constitución de esta ciudad.

Puntos de mayor importancia y de gran debate, que seguramente serán muy discutidos por el constituyente, son el plebiscito, la revocación de mandato, la consulta popular y, desde luego, el derecho a la libertad de manifestación que tienen los ciudadanos en las calles de la capital, en las mismas condiciones o aún mejores de las que se tienen.

Serán batallas muy duras en las que habrá de comprobarse hasta dónde da la izquierda que se promete desde el gobierno, porque desde el mismo PRI o desde las trincheras azules se tratará de matar algunos de los derechos conquistados por los habitantes de esta capital; derechos que deberán ser defendidos por los representantes, partidistas y no, de la izquierda en la ciudad.

El tema nos mantendrá ocupados muchos más tiempo del que le hemos dedicado ya. Como explicamos, esto apenas empieza, y estaremos pendientes.

De pasadita

Quién sabe de quién fue la genial ocurrencia de sacar las supuestas culpas de Andrés Manuel López Obrador en el conflicto de las multas de tránsito. Y en el mejor de los estilos priístas mandan, como si fuera boletín, las críticas en las que se trata de quitar pecados al gobierno actual para trasladarlos al líder de Morena.

Es más, hasta se amenaza con dar a conocer los pecados de AMLO en la construcción del segundo piso, como si denunciar actos al margen de la ley fuera cuestión de voluntades y no de disposiciones legales. Si López Obrador las debe, que las pague, pero eso no es un boleto a la impunidad para las pifias de los gobernantes actuales. Que cada quien responda por su actuación sin que se solape nada, sin que se quiera confundir. Total, la cara no se limpia con trapos sucios, ¿o sí?