15 de agosto de 2015     Número 95

Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER

Suplemento Informativo de La Jornada

La CNOC; una organización
cafetalera independiente

Fernando Celis Callejas Asesor de la Coordinadora Nacional de Organizaciones Cafetaleras (CNOC)


En el acto de clausura de los festejos por el 20 aniversario de la Coordinadora Nacional de Organizaciones Cafetaleras; con el micrófono, Fernando Celis Calleja, asesor de dicho organismo FOTO: La Jornada de Oriente

Las heladas en Brasil durante 1975, que propiciaron un alza de los precios del café; la existencia de un mercado del aromático regulado a nivel mundial por la Organización Internacional del Café (OIC), con un precio remunerativo, y la mayor intervención estatal vía el hoy extinto Instituto Mexicano del Café (Inmecafé) permitieron que se establecieran precios de garantía, que se distribuyeran importantes cantidades de plantas de café y que se dieran créditos sin intereses, asistencia técnica y fertilizante. El padrón de productores de café creció en 15 años en cerca de 150 por ciento y llegó a 290 mil a fines de los 80’s. La mayoría eran indígenas.

Las demandas de que el Inmecafé abriera más centros de acopio y mejorara los apoyos dieron origen a un movimiento en 1978 y 1979 en Chiapas que llevaría a la formación de la Unión de Uniones, una de las primeras organizaciones independientes integrada principalmente por cafetaleros indígenas. La crisis de 1982 y el inicio de problemas en la operación del Inmecafé motivaron el surgimiento de otra agrupación, la Unión de Productores de Café de Veracruz, con la cual se inició la coordinación de varios grupos a nivel nacional. En 1987, ante una fuerte baja de precios, se dio un nuevo movimiento donde destacaron los cafetaleros ligados a la Central Independiente de Obreros Agrícolas Campesinos (CIOAC). Para 1988 y 1989, cuando ocurrió la extinción del Inmecafé, surgieron nuevos movimientos y el más destacado fue el que originaría a la Coordinadora Estatal de Productores de Café de Oaxaca (CEPCO).

Organizaciones surgidas de estos movimientos y otras como Tosepan, Majomut y la Unión de Comunidades Indígenas de la Región del Istmo (UCIRI) serían la base de la formación, a fines de 1988, de la Coordinadora Nacional de Organizaciones Cafetaleras (CNOC). Desde un principio se adoptó una forma de organización con fuerte autonomía de las organizaciones regionales y con independencia del gobierno y de partidos. En esta época la mayoría de los productores de café deseaban que permaneciera el Inmecafé y que mejorara su funcionamiento, pero finalmente fue liquidado por el gobierno. En las nuevas circunstancias, la CNOC se orientó a comercializar el café de sus integrantes, y se creó una promotora comercial.

En la década de los 90’s se promovió la producción de café orgánico y el llamado Comercio Justo de café; luego de varias crisis de precios desde entonces, hoy la mayoría de los grupos de cafetaleros que permanecen en la comercialización directa de su café son los que venden en estos mercados.

La CNOC surge como una organización nacional grande, con grupos regionales y otros ligados a organizaciones nacionales como la CIOAC; la Unión General Obrero, Campesina y Popular (Ugocp), la Unión Nacional de Organizaciones Regionales Campesinas Autónomas (UNORCA) y la Sociedad Campesino y Magisterial (Socama). En 1993, cuando se realizó un padrón de cafetaleros afiliados a organizaciones de productores, la CNOC y sus aliados demostraron una afiliación mayor que la Uniones de la Confederación Nacional Campesina (CNC) y la Confederación Nacional de Propietarios Rural (CNPR), que dominaban la representación oficial en el sector cafetalero.

Desde 1992 hasta el 2010, las organizaciones cafetaleras trabajaron de manera conjunta: la CNOC, la Unión Nacional de Productores de Café de la CNC (UNPC-CNC), la Confederación Mexicana de Productores de Café (CMPC) y otras, en las propuestas y gestiones de políticas públicas y programas para el sector, teniendo resultados importantes en los periodos de crisis de precios. En 1992 se estableció un programa emergente y en 1994 otro de apoyos directos, en 2001 se creó el Fondo de Estabilización de Precios y en 2003 echó a andar un programa de Fomento Productivo.

Agenda Rural

Evento: Seminario Internacional Economía Campesina y Agroecología en América. Organizan: IATP / ANEC. Fecha, lugar y hora: 31 de agosto y 1 y 2 de septiembre de 2015. México, D.F. 09:00 horas. Informes: www.anec.org.mx / Twitter: @ANECMEXICO / agroecologí[email protected]


Evento: Presentación del libro Economía y trabajo en el sector agrícola, de Nelson Florez Vaquiro. Organiza: Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, sede Académica de México. Fecha, lugar y hora: 10 de septiembre de 2015. Unidad de Seminarios II de la Flacso México. Carretera al Ajusco 377, Colonia Héroes de Padierna, Delegación Tlalpan. A las 17:00 horas. Informes: [email protected] flacso.edu.mx


Evento: III Encuentro Nacional de Intercambio de Experiencias de Productores y Experimentadores en Producción Orgánica Alternativa. Organizan: Varias Instituciones Académicas. Fecha y lugar: Del 24 al 26 de septiembre de 2015. Universidad Intercultural del Estado de México. Información: [email protected] gmail.com


Libro: Economía y trabajo en el sector agrícola. De: Nelson Florez Vaquiro. Edición: Flacso México. En esta publicación se hace un análisis del sector agrícola en México. Aborda el económico, que ahonda en aspectos como la competitividad regional, el Producto Interno Bruto, la balanza comercial, la inversión, el crédito, la concentración de la propiedad y la heterogénea estructura de la producción. También aborda el tema del trabajo, que pone al descubierto la drástica reducción de la población ocupada y el fortalecimiento de las relaciones capitalistas en el sector, además del deterioro generalizado de las condiciones laborales. Finalmente, el libro analiza el sector desde las fuentes de ingresos, por las que se constatan las frágiles condiciones de vida de los hogares agrícolas en el país. Los hallazgos demuestran que urgen reformas y transformaciones que estimulen la competitividad, el desarrollo y la inclusión del campo mexicano para estimular la generación de empleos dignos.

Aunque a nivel nacional la CNOC se conduce como una organización gremial de cafetaleros, sus integrantes participan en diferentes actividades. De las experiencias más importantes se destacan: la caja de ahorro y préstamos y un proyecto de vivienda rural de la Tosepan; una Sofom y una unión de crédito de la CEPCO; la policía comunitaria en Guerrero, pues uno de sus principales impulsores es la organización Luz de la Montaña; la comercialización de grupos de Chiapas, Oaxaca y otros de café orgánico y de Comercio Justo; exposiciones sobre el café, como la realizada en el Museo Nacional de Culturas Populares; las ventas de café de alta calidad en cafeterías propias, etcétera .

En 1996, en la celebración de sus 50 años de existencia, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoció 50 experiencias de los pueblos que habían contribuido al desarrollo de la humanidad y una de ellas fue la CNOC.

Desde la CNOC se ha apoyado diferentes luchas, tales como la de Alianza Cívica en 1994, por el respeto a los Acuerdos de San Andrés en relación con los indígenas; la de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO); El Campo No Aguanta Más; la del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), la policía comunitaria en Guerrero, y las luchas en contra de las afectaciones por empresas de los territorios y tierras de comunidades campesinas e indígenas; también se ha apoyado al movimiento estudiantil Yo Soy 132, por el esclarecimiento y castigo a los responsables de las agresiones a los normalistas de Ayotzinapa. Además se ha impulsado la democratización del país y esto se observa en el hecho de que en las elecciones de 2006 y 2012 las regiones cafetaleras expresaron mayor pluralidad política y avance de los sectores más democráticos.

Desde el 2010 hay un escenario complicado en el sector cafetalero de México: las grandes empresas encabezadas por la Nestlé, que es la principal corporación agroalimentaria mundial, ejercen una fuerte influencia en el gobierno y en la definición de las políticas cafetaleras: La Nestlé aglutina a las compañías que manejan la comercialización y el consumo de café en México, como AMSA, California, Dreyfuss, Olam y otras.

Por otra parte, con acciones desde el gobierno, de grandes empresas y de sectores conservadores de la UNPC-CNC, CMPC y UNPC-CNPR, se debilita la coordinación de las organizaciones cafetaleras, además de que algunas de éstas se ligan más con otras integrantes del Congreso Agrario Permanente (CAP) y tienden a realizar gestiones por separado.

La falta de unidad gremial en el sector cafetalero es la causa de que ya no se tengan resultados positivos en relación al presupuesto público para el café y en las políticas públicas y programas.

Con el actual gobierno federal, los funcionarios nombrados en 2013 para atender al sector han seguido una política orientada a debilitar el Sistema Producto Café y su figura jurídica, la Asociación Mexicana de la Cadena Productiva del Café (Amecafé), y se ha realizado un manejo discrecional, ineficiente y poco transparente de los recursos públicos.

Los resultados son: un desastre institucional y un evidente fracaso de los programas para el sector. Sobre esto resalta que, no obstante las fuertes afectaciones por el hongo de la roya, se carece de un programa nacional de control de esta enfermedad. Lo que hay son pugnas entre funcionarios y la falta de reconocimiento del problema.

Para el ciclo 2015-16 (octubre-septiembre) se estima que las afectaciones por la roya y lluvias que dañaron las floraciones en varios estados, resultarán en una producción no mayor de 2.3 millones de sacos (de 60 kilos cada uno), cuando en las tres décadas recientes el promedio ha sido de entre 4.5 y cinco millones de sacos.

Se observa un retroceso en la producción a niveles de 1959. Ante la crisis y los reclamos de los productores, el gobierno federal no ha reaccionado a la altura del problema.

La CNOC ha seguido insistiendo en mejores políticas públicas para el sector y sigue participando de manera importante en las instituciones de la rama café. Un ejemplo es que algunos de sus integrantes tienen la representación actual en el Sistema Producto Café Nacional, la Amecafé, el Fideicomiso de Recuperación del Fondo de Estabilización, Fortalecimiento y Reordenamiento de la Cafeticultura Nacional (Fircafé) y varios de los principales Sistemas Producto Café Estatales.

Después de 26 años, el mayor problema de la CNOC ha sido la falta de gobiernos democráticos que reconozcan y apoyen realmente a los pequeños productores y sus organizaciones. Desde la CNOC se seguirá trabajando en la defensa de los intereses de sus integrantes y de los campesinos e indígenas de México, como una organización independiente, democrática y plural que busca la democratización del país.


Tlaxcala

Hogares campesinos y
estrategias de abasto de maíz

Alfonso Pérez Sánchez Profesor-investigador de El Colegio de Tlaxcala, AC [email protected]


Expuesta en Expo Foro Maíz, Origen y Destino, 2015. Fundación Heberto Castillo Martínez, AC ILUSTRACIÓN: Diosa del maíz, de José Pérez Aguilar

Si se quiere destacar el sector agropecuario en Tlaxcala, sobre todo el vinculado a la agricultura campesina, entonces el camino es alejarse de los análisis macro y dejar de lado los indicadores con los cuales se acostumbra a medir la riqueza de los territorios: valor de la producción, Producto Interno Bruto (que dicho sea de paso, el sector agropecuario en Tlaxcala apenas aporta el 6 por ciento del PIB total) y superficie cultivable, entre otros.

La agricultura campesina en Tlaxcala tiene varios atributos y no alcanzaría este espacio para enumerarlos de manera seria. Uno de ellos es que a pesar de la caída de los precios del grano de maíz, el alza de los costos de los insumos e incluso los fenómenos meteorológicos adversos a la agricultura, existen hogares campesinos obstinados que siguen produciendo maíz, si bien reconocen que “ya no se produce igual que antes”. Según datos de la Secretaría de Agricultura (Sagarpa), el maíz se siembra en aproximadamente 50 por ciento de la superficie cultivable de Tlaxcala (alrededor de 120 mil hectáreas anuales) y es la principal especie cultivada. Hay estudios que reportan que aproximadamente 70 por ciento de las unidades de producción agropecuaria en Tlaxcala cultivan maíz (Rascón, F.; Hernández, C. y Salazar, J., 2006. ”Tipología de productores” en Héctor Robles (coordinador), Escenarios y actores en el medio rural, México, DF, CEDRSSA).

El cultivo de maíz es una realidad de la agricultura campesina, sobre todo de los campesinos tlaxcaltecas, quienes incluso fueron capaces de impulsar todo un movimiento social de protección del maíz criollo que llevó a promulgar la Ley de Fomento y Protección al Maíz como Patrimonio Originario, en Diversificación Constante y Alimentario, para el Estado de Tlaxcala, el 18 de abril del año 2011 en el Periódico Oficial del Estado de Tlaxcala. Esta ley es pionera en la República Mexicana y demuestra que los campesinos son actores dispuestos a hacer valer sus derechos por la vía legal.

Los hogares campesinos tampoco están dispuestos a dejar de consumir maíz y sus productos, y se han ido adaptando a las circunstancias del territorio. Un estudio realizado con hogares campesinos de Atlangatepec, Tlaxcala, así lo demuestra (Pérez, A. y Carmona, J. L., 2014. “Deterioro de la producción de maíz y estrategias de seguridad alimentaria en familias rurales campesinas en Atlangatepec, Tlaxcala”, en Memoria del Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología Rural, ALASRU, México, D F):

1. el 94 por ciento de los encuestados afirmó que el rendimiento y el volumen de la producción de maíz se redujo en sus unidades productivas durante los años 2008-2012;

2. en opinión de los productores encuestados, los dos principales factores que han contribuido a esta reducción son la incidencia de fenómenos meteorológicos adversos (como heladas y sequías), y la reducción del uso de fertilizantes debido al aumento de precios;

3. esto ha ocasionado que la cantidad de maíz producido sea insuficiente para el abasto familiar del 85 por ciento de los encuestados;

4. los hogares campesinos de Atlangatepec han echado a andar estrategias de abasto de maíz y en general estrategias de seguridad alimentaria sustentadas principalmente en cuatro componentes: a) la producción de maíz blanco criollo, b) la compra de maíz criollo blanco o de tortillas elaboradas primordialmente a máquina, c) en menor medida, la sustitución de la siembra de maíz por otros cultivos más tolerantes a las adversidades climáticas, entre ellos cebada, trigo y avena, sobre todo en aquellos ciclos agrícolas con retraso en el periodo de lluvias, para alimentar vacas productoras de leche, y para que, a partir de la venta de la leche, puedan tener liquidez monetaria que les permite la compra de alimentos (entre ellos el maíz ya sea en grano o tortillas); d) la obtención de recursos económicos provenientes del trabajo asalariado en la albañilería o como empleado en fábricas o negocios que prestan servicios.

5. no ha habido cambios significativos en el consumo de maíz por parte de los miembros del hogar; la cantidad de maíz que se consume sigue siendo la misma.

El proceso de construcción de estrategias implica interrelaciones sociales estrechas entre los miembros del hogar y de la comunidad en general; por lo tanto, las estrategias de seguridad alimentaria apuestan al abasto de maíz con una construcción social, cuyo desempeño depende de los escenarios que enfrente, en donde los hogares no sólo toman en cuenta las condiciones climáticas, sino también las redes locales y regionales que les permitan acceder a maíz útil para consumo humano. El reto en el corto y mediano plazo es evolucionar a estrategias de soberanía alimentaria, en donde se privilegie la calidad del maíz y los usos y costumbres de los hogares campesinos.

Estado de México

Agricultura de pequeña escala
en contextos de pobreza rural

Carina Ulloa Tavira* y Francisco Herrera Tapia** *Rimisp-Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural, Sede México [email protected]  **Instituto de Ciencias Agropecuarias y Rurales (ICAR-UAEM). [email protected]

A principios de 1991 una familia oriunda del municipio de Temascaltepec, al sur del Estado de México, empezó a cultivar guayaba. Para 1994, los agricultores de la localidad de El Salitre vieron que dedicarse a la producción de esta fruta era redituable, por lo que varios de ellos se animaron por iniciativa propia a establecer pequeños huertos familiares con guayaba.

Los productores, de entre 40 y 65 años de edad, con escolaridad sólo de primaria y con predios menores a las tres hectáreas cada uno, constituyeron con mucho esfuerzo una Sociedad de Producción Rural (SPR) y la llamaron Los Tres Reyes, en alusión al nombre de un cerro emblemático del municipio. Son 18 los socios de la SPR y han desarrollado algunas gestiones por medio de ésta.

Aparte de la guayaba, estos productores cultivan caña y maíz y crían ganado de doble propósito con el fin de complementar el ingreso de sus hogares. Ellos mencionan que una sola actividad por sí sola no les deja la ganancia suficiente para mantener a la familia y seguir invirtiendo en el campo.

En escenarios de pobreza rural, la agricultura de pequeña escala suele diversificar las fuentes de ingresos a partir de varios cultivos o explotaciones ganaderas de traspatio, además de que la familia participa en el proceso de producción. Por ejemplo, el corte y la selección de la fruta son manuales y realizados principalmente por mujeres (esposas) y niños (hijos). Van poniendo la fruta en cubetas y cajas de plástico o madera. Esta es una forma de ahorro en mano de obra, que también educa y transfiere un saber-hacer de una generación a otra.

Los productores han recibido capacitaciones y apoyo para la construcción de un centro de acopio por parte de las dependencias gubernamentales, aunque no dejan de tener problemas para escalar su organización a un nivel que les permita agregar y retener valor en su territorio aprovechando la infraestructura y las capacitaciones otorgadas. Lo anterior se debe en buena medida a las condiciones de pobreza de la región, y a la falta de seguimiento e interés en nuevas propuestas productivas.

Destaca que, debido al déficit educativo de los pobladores y a la baja capacidad de gestión de los agentes locales, los productores carecen de sistemas tecnológicos hidroagrícolas para atender la escasez y el manejo eficiente de agua en la zona. También las faltan estrategias de mercado y valor agregado para enfrentar la volatilidad de los precios de la guayaba.

Algunas mujeres (esposas e hijas de los productores) de vez en cuando elaboran conservas y dulce de guayaba para el consumo familiar, pero no es una actividad agroindustrial como tal que aporte ingresos al hogar.

Actualmente la guayaba se vende en fresco en el mercado regional de Tejupilco los domingos y en Temascaltepec los sábados; en la central de abastos de Toluca, y a pie de huerta a intermediarios de Pachuca, Tulancingo, Distrito Federal y Atlacomulco.

La venta es principalmente local y regional, lo que beneficia la sustentabilidad ambiental en cuanto a las cadenas cortas de suministro rural, aunque por otro lado existe muy bajo nivel de renta para el productor, ya que los consumidores rurales suelen tener un menor poder adquisitivo respecto del consumidor de las ciudades.

En el caso revisado de los guayaberos, a pesar de ser sujetos de escasos ingresos y muy bajos niveles educativos, se observa potencial de articulación para nuevos emprendimientos, además de que la región es propicia para innovaciones sociales. Por ello, los objetivos de la SPR se enfocan en promover alianzas estratégicas y acuerdos para la integración de la cadena productiva, generar mecanismos de concertación entre productores y los diferentes órdenes de gobierno, fomentar la producción de la fruta por medio de la gestión de apoyos gubernamentales que brinden asesoría técnica, aplicar medidas necesarias para la conservación de los recursos naturales y la disminución del impacto ambiental, así como asistir a ferias y/o exposiciones agrícolas.

No obstante lo anterior, persisten entre los productores bajos rendimientos productivos, baja tecnificación del cultivo, un manejo poscosecha deficiente, nula organización agroindustrial y desinformación de los apoyos institucionales que operan para el sector agrícola. Todo ello nos deja como lección que, en un contexto rural de precariedad, cualquier proyecto de fortalecimiento de la agricultura familiar tiene que mirar y actuar integralmente ante los problemas derivados de los bajos niveles educativos, la pobreza y en general de una vulnerabilidad social territorial.

 
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