Tseltales modernos en libro:
palabras para el conocimiento


Ulama de brazo, Sinaloa. Foto: Francisco Palma

De experiencias nuevas e historias profundas, del aprendizaje en la acción y de las íntimas construcciones del lenguaje mismo, los tres libros que comenta esta reseña, tan disímbolos como se verá, ofrecen un retrato poliédrico del devenir contemporáneo del pueblo tseltal en resistencia. Por lo demás, ¿qué podrían tener en común un cuento infantil basado en la tradición oral, una extensa y detallada gramática de la lengua y un exhaustivo testimonio que en sí mismo contiene la historia y el análisis de la justicia autónoma en la denominada “zona selva tzeltal”? Entre otras cosas, proceden del presente vivo, salieron a la luz casi al mismo tiempo, transmiten cosechas recientes. Tres asomos a ese pueblo maya de Chiapas en un mismo periodo, uno históricamente excepcional que no debemos ignorar: hoy.

El cuento De cómo se perdió y recuperó el maíz/Tu’til o bit’il-a tup’ te ixim sok te tut’il o bit’il cha’ jajch te ixime (La Caja de Cerillos, México, 2013), recogido por Ignacio Plá en una comunidad en el norte de la selva Lacandona, es otra versión de un mito reiterado y siempre iluminador de los pueblos originarios, quizás la más reciente, y que de cara a la emboscada transgénica en curso posee una pertinencia clave. No es sólo cosa de salvar al maíz. Los humanos tenemos que merecerlo. En un tiempo, los dioses escondieron los granos en una cueva porque la gente no lo cuidaba bien. Y como sin maíz no hay vida se preocuparon, hicieron asamblea y decidieron buscar la colaboración de otros seres como el pájaro carpintero y las hormigas para hacerle un hoyo a la cueva. Sería la hormiga arriera la que sacara uno a uno todos los granos, y así los humanos aprendieron a merecerlo: “la hormiga arriera salvó a la humanidad, y los hombres y mujeres aprendieron a cuidar y trabajar el maíz, su sustento, para que nunca más se los fueran a quitar”. Compilado por Plá en una comunidad autónoma, fue retraducido al tseltal por Felipa Pérez López e ilustrado por Jazmín Velasco. El resultado es un hermoso artefacto libro que con poco dice mucho y hace honor al genio de pueblos de donde procede.

En prácticamente las mismas tierras, u otras bien vecinas, desde 2009 la investigadora Paulina Fernández Christlieb inició una incursión a comunidades de los cuatro municipios autónomos rebeldes zapatistas (MAREZ) que conforman la junta de buen gobierno (JGB) El Camino del Futuro, para documentar el sistema de justicia autónomo. A ello se aboca ciertamente el volumen Justicia Autónoma Zapatista Zona Selva Tzeltal (Ediciones Autó[email protected], México, 2014), pero justo es reconocer que sobrepasa su propósito inicial y desde una determinada ventana (la impartición de justicia en ese territorio rebelde) entrega uno de los testimonios más amplios y vívidos de la historia, el pensamiento, la lucha y el día a día de los pueblos que en 1994 se alzaron en armas para decir “basta”. Aunque emplea las mejores herramientas de la academia de ciencias sociales, no se presenta como un trabajo académico pues su método es otro; no es la voz ni el montaje de un investigador externo lo que constituye el volumen, sino la palabra misma de los actores colectivos. Ello ocasiona que su muy completa y recomendable bibliografía sea presentada por Fernández Christlieb como “otras fuentes”. En 479 páginas, la obra se elabora casi por completo con “fuentes directas”, todas ellas en colectivo: reuniones-entrevista con abuelitos y abuelitas, asambleas comunitarias, consejos municipales autónomos de los MAREZ Francisco Gómez, Francisco Villa, San Manuel y Ricardo Flores Magón, además de la junta de buen gobierno El Camino del Futuro, que tiene su sede en La Garrucha, en una de las cañadas de la selva Lacandona. “Un trabajo colectivo con colectivos”, postula la estudiosa.

En una época en que la justicia “es una más de las víctimas del dinero”, y encarna la deuda de deudas del capitalismo con la humanidad, Fernández Christlieb se interna en un rincón del país donde hace más de tres lustros se practica una justicia distinta que no pasa por el dinero ni la complicidad política o mafiosa. Donde lo nuevo responde a lo viejo, y donde lo viejo, referido por los abuelitos, consiste en una sarta de crímenes, despojos, engaños, esclavitudes y desprecios: la injusticia cruda de los colonizadores. Incansables, y sabiéndose ya en la otra orilla del río, los mayores de varias comunidades fundadas en tierras recuperadas después de 1994 recuerdan cómo se vivía en tiempos de finqueros, caciques, jueces venales y gobiernos corruptos. No necesita hacerse más explícita la explicación del origen de la insurrección del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, a cuyas bases de apoyo pertenece el coro de este libro. De ahí pasa a la materia del presente, las nuevas formas de gobierno autónomo, por aplicación directa, valiente y justiciera de los indígenas, traicionados por el gobierno federal, de los Acuerdo de San Andrés firmados en 1996. En el estudio de caso de Fernández Christlieb conocemos al detalle la experiencia en el modo tseltal.

Como el agua bajo los puentes han corrido los días de la resistencia rebelde. Juntas de buen gobierno, MAREZ, colectivos zapatistas, pueblos, escuelas y clínicas llevan casi dos décadas de evolucionar aprendiendo, en una ruta divergente de la que predomina en Chiapas, en el país entero y si a esas nos vamos, el mundo. Y lo hacen con mucho en contra: la contrainsurgencia paramilitar, económica y propagandística en primer lugar; la militarización, la criminalización, el racismo corriente, el oportunismo de los partidos políticos, la exclusión de las mujeres. Todo un sistema que brinda el molde, en negativo, de la autonomía indígena, que trata de ser y es en las montañas de Chiapas todo lo que el sistema da por muerto. No debe extrañar que muchos particulares no zapatistas prefieran acudir a la justicia autónoma, para descalabro de los gobiernos priístas-perredistas-verdes que valen para lo mismo a la hora de hacer valer los derechos de las comunidades indígenas.

Una tercera obra, que en sentido químico se precipita al mismo tiempo que las anteriores, y no tan azarosamente como pudiera pensarse, es la monumental Gramática del tseltal de Oxchuc en dos tomos y casi mil páginas (Publicaciones de la Casa Chata, CIESAS, México, 2013) del lingüista Gilles Polian. No sólo enriquece de manera definitiva y estrictamente contemporánea el conocimiento de dicha lengua maya, sino que fue construida, paso a paso, en las mismas regiones tseltales y con el concurso de mentes indígenas que comparten la experiencia histórica de un mismo despertar de pueblos en las montañas del sureste; en concreto, la del no muy disperso pueblo tseltal. Estamos ante una obra de especialización extrema, sin pretensión política alguna, en la que incluso se pueden intuir alcances geniales en un conjunto brillante. Esta gramática considera los estudios previos del idioma, realizados en locaciones diversas del universo tseltal; elabora sobre la fonología, la morfología, la sintaxis y el vocabulario de ese idioma que participa en la transformación autonómica y alternativa de los pueblos de la selva Lacandona, los Altos y la zona Norte, regiones pobladas ancestralmente por tseltales y tseltaleros. Aún Polian, sin mencionarlo aquí, en el camino a la maestría intelectual cuya culminación es esta gramática extraordinaria trabajó en proyectos lingüísticos y educativos dentro del ámbito mismo de la resistencia colectiva maya tseltal.

Hermann Bellinghausen