21 de marzo de 2015     Número 90

Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER

Suplemento Informativo de La Jornada

Pasado, presente y futuro
de la agricultura urbana

José Alberto Velázquez Cruz  Docente de la Escuela Preparatoria 1, de Ocozocoautla, Chiapas. Estudiante de la maestría Medio Ambiente: Dinámica de Territorios y Sociedades, en el Museo Nacional de Historia Natural de París, Francia  [email protected]

La agricultura y las ciudades. La historia de la humanidad cambió radicalmente a partir del desarrollo de la agricultura hace unos diez mil años. Los primeros grupos humanos capaces de producir sus alimentos a partir de la siembra de las semillas –que con el paso del tiempo irían perfeccionando por medio de un complejo sistema de selección para tener productos de buen sabor, de mayor duración en almacén, de mayor aporte energético y mejor resistencia a las enfermedades- desarrollaban a la par una forma de vida ligada a la tierra, un sistema cultural (lenguaje, vestimenta, ceremonias, construcción, educación) centrado en la agricultura como relación hombre-naturaleza.

Podemos observar ejemplos de esta relación tan estrecha en las civilizaciones de la antigüedad de todos los continentes.

Cada pueblo ha tenido una historia diferente en cuanto al uso de la tierra, las técnicas agrícolas, las plantas y los animales seleccionados para alimentarse y la calendarización de las siembras y cosechas según las latitudes geográficas.

A pesar de estas diferencias, la agricultura –posesión de la tierra y derecho a la producción alimentaria- ha sido un tema de fondo en los movimientos sociales y las luchas históricas más emblemáticas de la humanidad. Detrás de cada uno de nosotros hay más de un ancestro agricultor, y no tenemos que ir muchas generaciones atrás para valorar la herencia cultural ligada al campo. La historia de la modernidad y el sistema económico actual basado en el consumo de bienes y servicios tiene sus raíces relativamente recientes. Durante ese devenir histórico de los tres siglos recientes, el campesino ha perdido su papel central para abrir paso a nuevos roles sociales que la sociedad moderna demanda.

Durante el siglo XVII se construirían las bases filosóficas y científicas que abrirían paso a la nueva tecnología para el desarrollo de los grandes polos de población de la modernidad –las ciudades-pasando claramente por una reestructuración de la organización económica, geográfica, social y cultural después de la Revolución de 1789, y se concretizarían en el siglo XVIII y XIX con la mecánica como fundamento del modelo de sociedad industrial europea; ese modelo, que posteriormente sería reproducido en las sociedades de los demás continentes, tiene su expresión máxima del desarrollo en las ciudades. Estos centros de población integran bienestar económico, organización política, arquitectura, sistema educativo, medios de comunicación, sistemas de mercado, desarrollo de tecnología, producción industrial, y por otro lado la pérdida de la subjetividad humana en un ambiente que abre paso al individualismo citadino, un sujeto calculador, objetivo, que por vivir en las sedes de mercado trabaja para satisfacer sus necesidades en ese mismo ámbito que mercantiliza todas las cosas.

La tendencia a la urbanización está al alza: hoy 54 por ciento de la población mundial vive en las ciudades.

La crisis económica. La población mundial ha llegado a poco más de siete mil millones de personas, de las cuales una de cada siete vive con menos de un dólar al día. Sobre las desigualdades económicas que agudizan la pobreza en el mundo, un reporte reciente de Oxfam sostiene que para 2014, el uno por ciento de los más ricos ostentaba ya el 48 por ciento de la riqueza mundial, dejando el 52 por ciento de la riqueza restante para el 99 por ciento de la población mundial. En esta sociedad mercantilista, en la cual es necesario comprar los alimentos para sobrevivir, el problema de la pobreza se agudiza por al desempleo y los bajos ingresos económicos familiares. Mientras tanto, las grandes corporaciones aumentan sus ganancias de manera sorprendente. Según un informe del grupo ETC, en 2007 los ingresos de Walmart fueron más altos que el PIB de Grecia o el de Dinamarca y las ganancias de British Petroleum excedieron el PIB de Sudáfrica.

Por otro lado, la producción de alimentos se encuentra en manos de unas cuantas agroindustrias. Las semillas, que tradicionalmente se conservaban de generación en generación por los campesinos del mundo, son ahora comercializadas. Existen diez compañías mundiales que acaparan 82 por ciento del mercado global de semillas de propiedad, entre las cuales destacan las estadounidenses Monsanto, DuPont y Land O’ Lakes; la suiza Syngenta; la francesa Groupe Limagrain, y la alemana KWS AG.

La distribución no equitativa de alimentos en el mundo es en parte responsable de que un habitante por cada ocho (870 millones) sufra de desnutrición crónica, según datos de 2012 de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Así, resulta inadmisible que en el planeta 54 por ciento de los alimentos sean desechados durante las fases de producción y de conservación después de la cosecha, y el 46 por ciento se deseche durante la transformación, distribución y el consumo. La crisis alimentaria y económica son sólo una parte de lo que Morin ha llamado crisis civilizatoria y Wallerstein crisis del sistema-mundo, que trasciende todos los ámbitos de la sociedad moderna: educación, cultura, política y democracia, y de las relaciones humanas en la sociedad. En ese contexto, será importante rescatar parte de nuestras historias, aquellas que nos permitan afrontar la crisis, y en particular el acceso a los alimentos.

Producción en tiempos de crisis. ¿Es posible afrontar la crisis económica y alimentaria como ciudadanos, como habitantes de las grandes ciudades? Durante la crisis española de 2009, la sociedad de aquel país salió a tomar las calles para demandar sus derechos laborales que les permitieran vivir de manera digna, para afrontar la pérdida de empleos provocada por los altibajos de la economía del país ibérico. Es importante destacar la organización social que parte de la colaboración y distribución colectiva del trabajo para desarrollar una agricultura de barrios o de colonias de Sevilla, que fomenta de alguna manera la resistencia a la crisis y la solidaridad entre las personas, que puede llevar a los gobiernos locales a retomar el modelo de producción urbana como alternativa al estancamiento del desarrollo económico y social.

Otra posibilidad de la producción en tiempos de crisis se encuentra en los datches soviéticos, punto de encuentro de saberes y de convivencia entre las familias con fines no sólo de producción alimentaria, sino además con objetivos terapéuticos y estéticos de dimensiones enormes. Hablar de cuatro millones de parcelas de entre 300 y mil metros cuadrados cada una es referirse a un potencial productivo de grandes proporciones, que habría de permitir la sobrevivencia a las grandes crisis provocadas por las guerras a principios y mediados del siglo pasado en la antigua Unión Soviética (URSS).

Más ejemplos de cómo la organización urbana permite hacer frente a la crisis los encontramos en América Latina. En el caso particular de Cuba, que después de la caída de la URSS y sometido al bloqueo económico impuesto por Estados Unidos, tuvo que buscar alternativas para la satisfacción de la alimentación de su población. A finales de los años 90’s montó un ambicioso programa de recate de variedades nativas de plantas comestibles, y de innovación en técnicas de producción agroecológica en las ciudades para poder producir los alimentos de la población. Actualmente, Cuba es uno de los países de América Latina que desarrolla nuevas técnicas de manejo agroecológico de los cultivos.

Agricultura urbana en México. En México existen 145 millones de hectáreas que se utilizan en las actividades agropecuarias (73 por ciento de un territorio total de 198 millones de hectáreas). La agricultura sigue siendo una actividad fundamental en el medio rural, según la FAO.

¿Cuántos mexicanos viven en las zonas rurales? De acuerdo con la FAO, uno de cada cuatro mexicanos vive en pequeñas localidades rurales dispersas de menos de 25 mil habitantes (aproximadamente 24 millones de mexicanos). Sin embargo, 98 por ciento de las localidades tienen menos de dos mil 500 habitantes; es decir, la mayoría de las poblaciones son de tipo rural. Existen dos mil poblaciones urbanas en el país que se han desarrollado a partir de un contexto campesino, rural y que poseen un potencial de saberes y prácticas relacionadas con la producción de alimentos que pueden ser aprovechados para generar proyectos de agricultura urbana.

La historia de la agricultura en México se remonta a más de ocho mil años. El país es centro de origen de numerosas variedades de especies como maíz, tomate, aguacate, chile y cacao. Estas especies se desarrollaron como resultado de la interacción hombre-naturaleza mediada por la cultura de las poblaciones del México antiguo. Es posible encontrar en nuestros días sistemas productivos antiguos en ciudades como el Distrito Federal. Por ejemplo, el sistema de producción de chinampas. Muchas de las ciudades del país tuvieron su origen en pequeñas localidades rurales, cuyos habitantes trabajaban el campo. Poco a poco adoptaron el modelo de desarrollo urbano y crearon servicios públicos para los ciudadanos, los habitantes dejaron las labores del campo para trabajar como servidores públicos u obreros. Sin embargo, los conocimientos campesinos se conservaron en algunas familias. De tal forma que es posible observar cómo en algunas familias se siembran plantas comestibles como chayotes, cilantro, perejil, rábano, chile, cebollines y acelgas; también plantas medicinales como romero, manzanilla e hinojo. En casos particulares, principalmente en las colonias de las periferias urbanas, es posible ver familias que crían aves de traspatio: guajolotes y gallinas, y en algunos casos conejos, como en San Cristóbal de las Casas, en Chiapas

En la actualidad, la crisis económica y agrícola que se vive en México ha generado la organización de un sector de la sociedad, principalmente jóvenes citadinos preocupados por la salud, por la soberanía alimentaria y por el medio ambiente. Algunos han decidido comenzar proyectos de agricultura biológica ligados a las comunidades rurales, fuera de las ciudades; otros han quedado en las ciudades e impulsan pequeñas redes de producción urbana y comienzan a generarse círculos de consumidores responsables. En general existe la tendencia de retomar el conocimiento ancestral de los pueblos campesino y aprender de ellos para afrontar la crisis de alimentos y de la economía nacional. Es precisamente esta idea de soberanía alimentaria la que es vista como eje fundamental del trabajo de colectivos que se inician en la producción urbana. La soberanía vista como el derecho de todas las naciones a mantener y desarrollar su propia capacidad de producir alimentos básicos respetando la diversidad cultural y productiva.

Conclusión. El presente nos habla del potencial productivo de alimentos, tanto en el ámbito rural como en el urbano, en un contexto de crisis mundial en los diversos componentes de la civilización postindustrial: educativo, económico, político, cultural, social, ambiental.

El pasado de todos los pueblos del mundo, de todos los continentes está aquí, como herencia cultural y de saberes, de conocimientos que se transmiten de generación en generación, sea por escrito o de manera oral. Venimos de una historia ligada a la tierra, de una relación profunda hombre-naturaleza, de una historia milenaria que no debemos olvidar.

En ese diálogo pasado-presente es donde podemos encontrar las alternativas a la crisis en la distribución y producción de alimentos. La producción urbana deberá sustentarse en una nueva relación entre los ciudadanos, una relación de cooperación, colaborativa, de compartir el trabajo y la producción, de generar alternativas económicas y de consumo; se necesita una nueva pedagogía, quizás, para retroalimentarse de los saberes campesinos, ahora marginados, un tanto olvidados. Cada región del mundo tiene sus particularidades, sus matices y sus dificultades que habrán de generar innovaciones en las prácticas y en las teorías.

Los problemas a enfrentar pueden ser difíciles en algunas regiones: el problema de la contaminación de los suelos y del agua, el combate a los monopolios de semillas, la dificultad para salvaguardar la biodiversidad local, la pérdida de saberes locales, la desvinculación entre la ciencia y el saber del pueblo. Hay quienes prefieren abandonar las ciudades, pero si habremos de quedar en ellas deberemos al menos imaginarlas diferentes, y construir en ellas otras formas de vida.

Quién fue Félix Serdán Nájera

Plutarco Emilio García


FOTO: Enrique Pérez S. / ANEC

Félix Serdán Nájera nació el 19 de enero de 1917 en El Higuerón, municipio de Jojutla, Morelos. Su padre fue Sotero Serdán Quevedo, trabajador de la hacienda de San Nicolás Obispo y posteriormente soldado zapatista bajo las órdenes del general Vicente Aranda; su madre fue doña Tiburcia Nájera, quien era originaria de Coatetelco. El padre de don Félix, como muchos campesinos de la región, se unió a las fuerzas revolucionarias en marzo de 1911 y en noviembre de ese mismo año estuvo presente en Ayoxustla, Puebla, cuando se firmó el Plan de Ayala. Don Sotero no firmó este documento porque sólo era soldado y no oficial del ejército zapatista.

Félix comenzó sus estudios en Galeana y terminó la primaria en Querétaro. En 1936, ya creado el ingenio azucarero de Zacatepec, le solicitó trabajo a Rubén Jaramillo, y éste lo aceptó como ayudante del jefe de grúa.

En abril de 1942 estalló la primera huelga obrero-campesina en el ingenio de Zacatepec, exigiendo mejores salarios para los obreros y un mejor precio para la caña y en contra de las corruptelas del gerente Zelerino Carrera Peña. Entre los dirigentes de la huelga, por parte de los obreros, destacaban Mónico Rodríguez y Filiberto Vigueras; por parte de los cañeros figuraban Félix Serdán y Lucas Alonso, quienes fueron detenidos, acusados de promover el movimiento de huelga. En julio de 1943 Félix se unió al levantamiento que había iniciado Rubén Jaramillo en febrero del mismo año. Fue herido en combate y detenido, y obtuvo la amnistía en 1945, junto con los demás jaramillistas, por intervención del general Lázaro Cárdenas.

Tras ser amnistiado se enroló como bracero a Estados Unidos en 1945, de donde regresó al año siguiente, cuando Rubén Jaramillo y varios de sus seguidores (entre ellos el maestro José Rodríguez, Pedro García Velázquez y obreros del ingenio de Zacatepec) habían creado el Partido Agrario Obrero Morelense (PAOM), por medio del cual lanzaron la candidatura de Jaramillo para gobernador del estado de Morelos en 1946.

En los años siguientes Félix se casó y procreó varios hijos e hijas y trabajó como maestro rural en el municipio de Tlaquiltenango.

En la década de los 50’s participó activamente en la campaña política a favor de la candidatura presidencial del general Miguel Enríquez Guzmán y de Jaramillo como candidato nuevamente a la gubernatura de Morelos. Luego se mantuvo al lado de Jaramillo en las luchas cañeras, la lucha contra el nefasto gerente del ingenio de Zacatepec, Eugenio Prado, hasta su caída en 1958. En 1961 se incorporó junto con Jaramillo en la toma de las tierras de los llanos de Michapa y El Guarín, de donde fueron desalojados por la fuerza pública y pistoleros de los caciques de la región.

Después del asesinato de Rubén Jaramillo (1962), igual que varios dirigentes del PAOM y trabajadores del ingenio, como Mónico Rodríguez y Francisco Ruíz, don Félix tuvo que salir temporalmente del estado de Morelos. Estudió medicina homeopática y combinaba su actividad de curandero con la venta de libros. Cuando regresó, comenzó el trabajo de reorganización de los ex militantes jaramillistas y se vinculó a grupos marxistas de la Ciudad de México.

Siendo integrante de la Unión Reivindicadora Obrero-Campesina, (UROC), en 1965 se dio un proceso de fusión con la Liga Leninista Espartaco (LLE) y el Partido Revolucionario del Proletariado (PRP), dando origen a la Liga Comunista Espartaco (LCE). Félix, junto con Emilio, Dionisio y Benito, como miembros del Seccional Ho Chi Minh, fue uno de los impulsores de la crítica interna a la dirección de la LCE y de la Campaña de Rectificación orientada hacia el trabajo de masas y un compromiso real con los obreros y los campesinos.

Inmediatamente después de los sucesos del 2 de octubre en Tlatelolco, Félix y un grupo de jaramillistas y espartaquistas crearon el Comité Revolucionario Campesino-Estudiantil, que realizó mítines en los pueblos del oriente de Morelos para denunciar la masacre de Tlatelolco y llamar a los campesinos a organizarse. No obstante que las reuniones se realizaban en la clandestinidad, el grupo fue infiltrado por agentes del gobierno y varios compañeros fueron detenidos, permaneciendo en prisión por más de cinco años. Félix fue uno de los que escaparon de esta represión y se refugió por un tiempo en Ciudad Juárez.

En 1980, ya radicado en un pequeño poblado del sur de Puebla y haciendo equipo con Renato Ravelo, Fernando Acosta y Ramón Corona, formaron la Unión Regional de Ejidos y Comunidades del Sur de Puebla (URECSEP), que agrupaba a campesinos de comunidades como Mitepec, Santa Ana Tamasola, Huachinantla y otros pueblos de la región sur del estado. Bajo la dirección de Félix Serdán, la organización atendió asuntos agrarios, apoyos para la producción, la comercialización y el abasto en las comunidades, la creación de cooperativas, gestión de obras de infraestructura y combate a la corrupción. Después de tres años de lucha, Félix comenzó a ser hostigado y perseguido por los caciques y tuvo que abandonar la región y regresar a su estado natal en compañía de su compañera, Emilia Sosa Marín.

En 1989 se inició la Campaña 500 Años de Resistencia Indígena, Negra y Popular. Representando a la Unión de Pueblos de Morelos de la Coordinadora Nacional Plan de Ayala (UPM-CNPA) y al movimiento indígena mexicano, Félix fue una de las figuras principales de reuniones y movilizaciones en México y América Latina. Una de sus participaciones más emotivas fue en la clausura del II Encuentro Continental, realizado en Quetzaltenango, Guatemala, cuando comparó la organización y la unidad de los pueblos indios con “las gotas que forman pequeñas corrientes y después arroyos que se unen para formar ríos caudalosos que barren con todo lo que encuentran a su paso”.

Poco después de iniciado el levantamiento indígena del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en Chiapas, don Félix viajó a la selva Lacandona para expresar el apoyo de los veteranos zapatistas y jaramillistas a ese movimiento, donde le fue otorgado el grado de Mayor Honorario del EZLN. En agosto de 1994, junto con el veterano zapatista Estanislao Tapia, fue nombrado asesor del Ejército Zapatista y miembro del Consejo Nacional de la Convención Nacional Democrática (CND).

Fue digno portador de la Bandera Nacional, encomendada por la Comandancia General del EZLN, como lo fue con la bandera del movimiento jaramillista.

En 2004 fue nombrado miembro del Consejo Consultivo de la Universidad Campesina del Sur y en 2009 y le fue otorgada la medalla Emiliano Zapata por la Fundación del mismo nombre, que encabeza Margarita Zapata, nieta del general Zapata. Con el apoyo de varios activistas de izquierda, encabezó el Centro Cultural Autónomo Rubén Jaramillo.

Félix Serdán fue el superviviente zapatista-jaramillista más destacado, respetado y querido por militantes y dirigentes de los más importantes movimientos sociales de México.

Con su fallecimiento, acaecido el 21 de febrero de 2015, los movimientos sociales de Morelos y de México, pierden a una de sus figuras más congruentes y ejemplares.

 
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