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En la India, el AAP de nuevo
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ace algo más de un año, el nuevo partido AAP (“el partido del hombre –y mujer– común”) llegó casi a ganar las elecciones en el estado de Delhi (que tiene 17 millones de habitantes), y el 28 de diciembre de 2013 formó un gobierno en minoría con apoyo del partido del Congreso. A la mitad de febrero de 2014 tuvo que dimitir, al no conseguir apoyo en la asamblea legislativa para una ley anticorrupción. La prensa lo criticó porque su dirigente más visible, Arvind Keyriwal, activista por los derechos humanos, siguió con su estilo activista siendo jefe del gobierno local. Se lanzó a dormir y ayunar en la calle, en dharna, porque la policía no le obedecía. Renunció al coche y a la vivienda oficiales. Prometió dar un mínimo de agua gratis a familias pobres, hizo bajar el precio de la electricidad. Se dio a conocer en toda la India, pero finalmente dimitió en 49 días. Los otros partidos, el BJP y el Congreso, lo llamaron fugitivo, cobarde. El estado de Delhi, en cuya asamblea no había ninguna otra mayoría estable posible, pasó a ser gobernado durante un año por el gobernador local, un funcionario estatal.

Ahora, el 7 de febrero de 2015, hay nuevas elecciones en el estado de Delhi. Gran espectáculo, parece que el AAP va a ganar contra el BJP, el partido de Narendra Modi. Lo apoyan, sobre todo, los más pobres, los musulmanes y las castas bajas. Sus dirigentes más conocidos son activistas sociales, profesores, abogados e ingenieros. Entre ellos, Yogendra Yadav, famoso politólogo.

Pasemos al nivel nacional. Durante el año transcurrido, todo 2014, parecía que el AAP se había hundido. En mayo de 2014 hubo elecciones en toda la India, ganó muy claramente el partido hinduísta y de derecha BJP, liderado por Narendra Modi. Hace solamente ocho meses, en mayo de 2014, el AAP se presentó improvisadamente en casi toda la India, con grandes candidatos, como la ecologista Medha Patkar, en Mumbai, pero sufrió una gran derrota total. Parecía que podría lograr al menos 10 o 20 curules en el Parlamento, llegó solamente a cinco y todos del Punjab. En Delhi no consiguió ni un diputado. Parecía fracasado. Pero está resucitando. Además, como señalan las encuestan de opinión, con un claro contenido de clase, es el partido de la escoba, el partido de los pobres –que tanto abundan en la India, donde la pobreza ha disminuido en los últimos lustros, pero con mayor desigualdad social. Actualmente la economía crece, el nacionalismo también, todo va bien para el BJP. Pero el AAP será ahora, posiblemente, una piedra en el zapato de Narendra Modi, al ganar Kejriwal las elecciones en Delhi, la capital.

Potencialmente, el AAP podría ocupar el hueco que está dejando el partido del Congreso (con líderes que son aún herederos de la familia Nehru, que pierden peso, habilidad y competencia política con cada nueva generación). El AAP sería un nuevo partido laico e interclasista. El AAP es por ahora un partido solamente del norte de la India y, sobre todo, de la ciudad de Delhi, no identificado con ninguna religión ni casta, aunque el BJP le acuse de pro islámico. La población musulmana de la India es grande. Pero la población hindú es mucho mayor, seis veces mayor al menos. La obsesión político-religiosa de la derecha hinduista en el BJP es enorme, hasta les hace reclamar un esfuerzo reproductivo de las mujeres hindúes de la India, que tengan tres, cuatro, cinco niños, en un país que ya está súper poblado (con más de 300 personas por kilómetro cuadrado).

El AAP es laico y dentro de él hay activistas de derechos humanos y ambientales, con origen en la multitud de organizaciones de la sociedad civil de inspiración gandhiana que protestan contra tantas injusticias y que apoyan a Dalits y adivasis. El propio Arvind Kejriwal, nacido en 1968, de clase media, graduado en una gran escuela de ingeniería, fue inspector de impuestos, renunciando a ello para ser activista de la sociedad civil, recibiendo en 2006 el premio internacional Ramon Magsaysay, cuyo dinero donó para una campaña contra la corrupción que usara la legislación, que el defendió, sobre el derecho a la información.

Si ganando el 7 de febrero las elecciones locales en Delhi el AAP logra después implantarse en toda la India, podrá tal vez romper el dominio actual del BJP sobre los medios de comunicación y aspirar a convertirse en un partido de ámbito nacional para las próximas elecciones generales dentro de tres años. Pero, mientras tanto, con la excepción de Delhi, el BJP con Narendra Modi parece bien asentado.

Joan Martínez Alier

ICTA-Universitat Autònoma de Barcelona