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Economía Moral

Múltiples tendencias anuncian que el capitalismo ha llegado a su fin/ VIII

Por el capitalismo depredador, la paradoja de Lauderdale cobra nueva fuerza

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oy en día la paradoja de Lauderdale es todavía más significativa que cuando el Conde de Lauderdale (James Maitland) la formuló en 1804. Escasez de agua, contaminación del aire, hambre mundial, escasez de combustibles, y el calentamiento del planeta son ahora realidades globales dominantes. Aún más, los intentos dentro del sistema para expandir las riquezas privadas explotando estas escaseces, tales como la presión global para privatizar el agua, son omnipresentes. Es el retorno, con venganza, de la paradoja de Lauderdale, dice el economista ecológico Herman Daly, señalan Foster, Clark y York (FCY)1. Esta paradoja es la que existe entre la riqueza (valores de uso) y la riqueza monetaria, capitalista (valores) y se expresa en que la segunda puede aumentar, por ejemplo privatizando el agua, mientras la primera disminuye. Esta paradoja es negada por la teoría económica neoclásica dominante (véase entrega del 23 de enero).

Las contradicciones ecológicas, continúan FCY, de la teoría económica prevaleciente se hacen más evidentes en su incapacidad para aprehender el peligro que enfrentamos por (y para responder adecuadamente a) la crisis ambiental planetaria. La contabilidad distorsionada que mide valores de cambio pero en general excluye valores de uso: todo lo relacionado con la naturaleza y con lo público. Como ejemplo de esta incapacidad, citan a W. Nordhauss, (destacado profesor de economía de la Universidad de Yale, que ha publicado varios libros sobre temas ambientales y climáticos, y coautor con Paul Samuelson del más conocido libro de texto de economía): la agricultura, la parte de la economía más susceptible al cambio climático, representa solamente 3 por ciento del producto nacional, lo cual quiere decir que no hay manera que se produzca un efecto muy grande en la economía de Estados Unidos sólo por la falla de la agricultura. Citan otras opiniones similares y comentan que esta visión miope supone que la agricultura es la única parte de la economía susceptible ante el cambio climático, lo que es obviamente falso, pero que lo resulta verdaderamente sorprendente en tales opiniones es que las anteojeras de estos economistas neoclásicos sobresalientes efectivamente evitan que pase incluso un rayo de sentido común. Las mediciones del PIB se vuelven todo, a pesar de que sólo se refieren al valor económico agregado y no al reino entero de la existencia material. Dichos economistas y su ciencia carecen de todo entendimiento de la producción como sistema que involucra a la naturaleza y a la humanidad, más allá de las cuentas económicas nacionales. FCY añaden que las opiniones son sorprendentemente ingenuas, que se les escapa el efecto que tendría tal daño a la agricultura en los precios de los alimentos. Hoy con un tsunami de hambre arrasando el mundo estas afirmaciones (hechas en los años noventa) por economistas ambientales destacados, parecen criminales en su ignorancia.

Una peculiaridad del capitalismo, apuntan FCY, que es destacada por la paradoja de Lauderdale, es que se alimenta de la escasez. Por tanto, nada es más peligroso para el sistema capitalista que la abundancia. El desperdicio y la destrucción son, por tanto, racionales para el mismo. Dado que el capitalismo continúa cargando los costos ambientales a la naturaleza y al conjunto social, se generan perversamente nuevas perspectivas de ganancias privadas a través de la mercantilización selectiva de partes de la naturaleza (de la riqueza púbica).

“Todo esto apunta al hecho de que no hay realmente un mecanismo de realimentación, como se supone frecuentemente, entre costos ambientales crecientes y crisis económica, que frenase la destrucción capitalista de las condiciones de la biósfera necesarias para la civilización y la vida misma. Por la lógica perversa del sistema, se están abriendo nuevas ramas productivas y mercados orientados a lucrar sobre la destrucción planetaria, como el manejo de basura y los intercambios de derechos de emisión de bióxido de carbono. Estos nuevos mercados se suelen justificar porque proveen soluciones parciales, ad hoc, a los problemas sin fin generados por las leyes de movimiento del capital. La mayor escasez natural es vista como una oportunidad dorada para continuar privatizando las áreas comunales del mundo. La tragedia de esta privatización acelera la destrucción del medio natural…La mejor ilustración al respecto es la privatización acelerada del agua dulce, que es ahora vista como un mega-mercado para la acumulación global.”

En nota al pie, FCY aclaran que el argumento de que tal mecanismo de realimentación existe es conocido en el análisis ecológico marxista como la segunda contradicción del capital, cuyo autor original es James O’ Connor en su libro Causas naturales. Ensayos de marxismo ecológico (Siglo XXI, 2001). Como el planteamiento de O’Connor (y sus seguidores) y la crítica de John Bellamy Foster (en The Ecological Revolution. Making Peace with the Planet, Monthly Review Press, 2009) son muy importantes, los abordaré con cierto detalle la próxima semana. De hecho, continúan FCY, desde el punto de vista de la acumulación del capital, el cambio climático y la desertificación son bendiciones disfrazadas que incrementan las expectativas de ganancias.

Numerosos críticos ecológicos han tratado de abordar las contradicciones asociadas con la no valuación de la naturaleza, diseñando nuevos sistemas contables verdes que incluyen las pérdidas del capital natural. Nuestros autores comentan que, si bien tales intentos son importantes al resaltar la irracionalidad del sistema, se enfrentan a la dura realidad de que el sistema prevaleciente de cuentas nacionales refleja de manera precisa las realidades de la no valuación o subvaluación de los agentes naturales (incluyendo la fuerza humana de trabajo). Las recomendaciones de la ONU sobre cuentas nacionales incluyen ya las cuentas ecológicas. En la gráfica se presentan datos de la pérdida de capital natural en México. Para FCY cambiar esta realidad de la no valuación de lo natural, requiere trascender el sistema capitalista. Terminan volviendo a Marx:

“En la crítica de Marx, el valor fue concebido como una forma enajenada de la riqueza. La riqueza real venía de la naturaleza y de la fuerza de trabajo y estaba asociada a la satisfacción de necesidades humanas auténticas. En efecto, ‘sería equivocado’, escribió Marx, ‘decir que el trabajo que produce los valores de uso es la única fuente de la riqueza que crea, esto es de la riqueza material…Los valores de uso incluyen siempre un elemento natural…El trabajo es una condición natural de la existencia humana, una condición del intercambio [metabolismo] entre el hombre y la naturaleza’. Desde este punto de vista, la paradoja de Lauderdale no era un mero enigma del análisis económico sino más bien la contradicción suprema de un sistema que, como Marx subrayó, sólo se desarrollaba ‘socavando, simultáneamente, las fuentes originales de toda riqueza –el suelo y el trabajador’. (Las citas de Marx provienen de Contribución a la crítica de la economía política y del Libro primero de El Capital).

1 Retomo la serie Múltiples tendencias… que interrumpí en la entrega del 30 de enero para celebrar mis 20 años de jornalero. Cito la sección final del capítulo 2 de John Bellamy Foster, Brett Clark y Richard York, The Ecological Rift. Capitalism’s War on the Earth, Monthly Review Press, 2010.

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