Sociedad y Justicia
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En México, 12% de los adolescentes son víctimas

Ciberbullying, cuando el acoso sale de las escuelas

Aumentan ataques por medio de tecnologías de la comunicación

 
Periódico La Jornada
Lunes 26 de enero de 2015, p. 37

Cuando un niño o adolescente enfrenta acoso en el ámbito escolar se siente aliviado al llegar a casa, pues ahí está libre de la violencia de sus compañeros. Sin embargo, cuando alguien es víctima de ciberbullying el acoso traspasa las barreras de un plantel y llega a un gran número de personas –pues se usan las tecnologías de información y comunicación (TIC)–, causando en las víctimas problemas de salud física y emocional.

Milagros Figueroa Campos, investigadora de la Facultad de Sicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien desde hace años realiza estudios sobre el tema, señaló que un reciente estudio realizado en varios países, entre ellos México, España y Venezuela, dio a conocer que cerca de 12 por ciento de los estudiantes de entre 12 y 17 años han sido víctimas de esta práctica. Aunque señaló que hablar de estadísticas es relativo.

Apuntó que se debe diferenciar entre violencia y bullying, pues la primera es una acción deliberada de una o varias personas para dañar a otro, mientras en el acoso esta violencia es sistemática y continua, y cuando se usan los recursos de las TIC se transforma en ciberbullying.

En sus investigaciones Figueroa Campos ha comprobado que las agresiones más comunes en esta práctica son: rumores, amenazas, suplantación de identidad, fotografías o imágenes que intentan ridiculizar –muchas de ellas trucadas–, llamadas telefónicas, mensajes de texto o correos electrónicos ofensivos y amenazantes, intimidación e intento de ridiculización, entre otros. Todo ello difundido por Internet, teléfonos móviles u otras tecnologías.

Las víctimas suelen ser jóvenes de entre 12 y 17 años y son vistos como personas débiles emocional o físicamente; son diferentes a los demás (por etnia o por padecer alguna discapacidad), algunos son agredidos porque provienen de familias con dinero o sin éste, suelen ser retraídos o introvertidos, ser buenos estudiantes o con problemas escolares, son obesos o demasiado delgados, muy altos o muy bajos.

En tanto, el perfil de los agresores es de jóvenes descuidados por sus padres, que no respetan reglas ni límites y viven en ambientes familiares y sociales hostiles y la mayoría son del sexo masculino. Además, tienen gran dominio de las TIC para mantenerse en el anonimato y en ocasiones, para evitar ser descubiertos, pueden implicar a alguien más usando las mismas tecnologías.

La especialista indicó que aun cuando no hay una agresión física, el ciberbullying afecta emocionalmente a las víctimas, pues las bombardea con ofensas, amenazas o insultos, generando una merma en su salud e imposibilidad para dormir o pueden tener pesadillas y terrores nocturnos.

El agredido constantemente está revisando su celular o sus redes sociales para ver si han dicho algo en su contra, o por el contrario, puede ser el último en enterarse de lo que se dice sobre su persona.

Cuando el estado emocional permanece alterado por largos periodos, puede llegar a desencadenarse algún problema de salud física como gastritis o presión arterial elevada, ya que la víctima no duerme ni come y en situaciones extremas puede presentarse un intento de suicidio.

Frente a ello, Figueroa recomendó que padres y maestros –aunque, dijo, también toca a autoridades educativas, sociedad y hasta a las empresas– trabajen en la comunicación con los menores, indaguen qué contenidos buscan en Internet, qué pasa en las escuelas y, ante la menor sospecha de que hay una víctima o un agresor, enfrentar y aceptar el problema. También solicitar ayuda sicológica e integral.