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Los caballos y las mujeres fueron otras de mis pasiones, decía Ricardo Baliardo, su nombre real

Murió Manitas de Plata, guitarrista que abrió paso a los músicos gitanos

Encandiló con su arte a Salvador Dalí y a Pablo Picasso; a los nueve años ya tocaba sin saber leer ni una nota

Arruinado al final de su vida, vendió 93 millones de ejemplares de sus 80 discos

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Manitas de Plata (al centro) el 9 de marzo de 1970, durante un concierto en FranciaFoto Ap
 
Periódico La Jornada
Viernes 7 de noviembre de 2014, p. 8

Montpellier y París, 6 de noviembre.

El guitarrista de flamenco Ricardo Baliardo, Manitas de Plata, que allanó el camino para músicos gitanos, falleció a los 93 años el martes por la noche en una residencia de ancianos en el sur de Francia, anunció el jueves su hija Françoise.

Manitas de Plata encandiló con su música en sus tiempos mozos a Pablo Picasso y Salvador Dalí. A los nueve años ya tocaba la guitarra sin saber leer ni una nota.

Virtuoso del flamenco, dejó una impresionante discografía de más de 80 álbumes que suman más de 93 millones de ejemplares vendidos.

Arruinado al final de su vida, había sido ingresado en agosto pasado en una residencia de ancianos, donde falleció rodeado de su familia, según la misma fuente.

El artista nació en agosto de 1921 en la caravana familiar, en Sète (sur de Francia), donde vivía una importante comunidad gitana. Su padre era vendedor de caballos.

Convertido en Manitas de Plata, empezó a tocar en las terrazas de los cafés de la Costa Azul, donde también conoció a otros artistas de la época, como el poeta Jean Cocteau, y posteriormente a la actriz Brigitte Bardot.

Amante de bellas mujeres, de coches de lujo y de fiestas, Manitas de Plata dedicó sus importantes ingresos a mantener a toda su tribu. Hasta 80 personas vivían de su dinero, entre mujeres, hijos, tíos y sobrinos. Al final de su vida no le quedó nada.

El artista admitió tener varias mujeres ilegítimas, pero ignoraba cuántos hijos engendró, posiblemente entre 24 y 28. El genial guitarrista reconoció al menos a 13.

Para mí la pasión son los caballos, la música y las mujeres, decía en la cima de la gloria.

Los puristas de la guitarra comparan el nivel de su arte al de un Django Reihnardt, el rey del jazz gitano, fallecido varios años antes de que Manitas de Plata alcanzara su deslumbrante fama.

Su principal oficio era la cría de caballos, heredado de su padre. Fue su tío quien le puso el apodo profesional que lo acompañó a lo largo de toda la vida y quien lo alentó a dedicarse a la guitarra.

Su virtuosismo se revela a principios de los años 60, durante las reuniones de Saintes Marie de la Mer, la gran cita gitana en la Camargue.

Fue admirador de Georges Brassens y amigo de Picasso, Cocteau y Brigitte Bardot, del torero Manuel Benítez y del fotógrafo Lucien Clergue de Arles, quien le aconsejó ir a tocar a Nueva York.

Pero Manitas de Plata no era fácil de convencer y tenía miedo al avión. Finalmente, un equipo estadunidense con 700 kilos de material de grabación desplazó un estudio de sonido a Arles para tres días de grabaciones.

Furor en Estados Unidos

El resultado fueron tres discos que causaron furor en Estados Unidos, lo cual convenció a Manitas de Plata de embarcarse, a finales de 1965, en el transatlántico France con destino a Nueva York, donde triunfó en el Carnegie Hall.

Allí tocó en 14 oportunidades y su primer concierto en Manhattan quedó como uno de los mejores recuerdos de su vida.

Londres lo recibió 11 veces en el Royal Albert Hall. Sus giras cosecharon ovaciones en los principales teatros del mundo.

Lucien Clergue le dedicó en 1970 un documental para la televisión, Manitas de Plata, príncipe de Camargue. Allí se le ve junto a Mahalia Jackson, Salvador Dalí y Picasso, a quien llamaba papá. Según el pintor español, el guitarrista valía más que él.

Manitas no fue a la escuela. Murió sin saber leer ni escribir: firmaba sus autógrafos con torpes mayúsculas, y se hizo famoso como músico sin saber leer una partitura.

Luciendo anillos de oro, trajes impecables, zapatos bicolores y gemelos con diamantes, frecuentaba a menudo los casinos, se desplazaba en automóviles deportivos y conservaba el dinero en cajas de lata en lugar de invertirlo en la bolsa.

A medida que envejeció sus actuaciones en público fueron menos frecuentes. Para sus 90 años, en agosto de 2011, confió que ya casi no tocaba la guitarra, aunque sus siete guitarristas seguían rodeándolo.

Toqué con el corazón y siempre viví al día, confió el artista a la Afp mientras fumaba un cigarrillo. Reiteró su definición de la pasión, que al final ya se limitaba a la música y las mujeres, en ese orden.