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Impresiones de una jornada histórica
E

l martes 28 de octubre ha sido una jornada histórica.

Primero, porque no es frecuente que el Papa convoque, en el Vaticano, a un Encuentro Mundial de Movimientos Populares, en el que participan organizaciones de excluidos y marginados de los cinco continentes, y de todos orígenes étnicos y religiosos: campesinos sin tierras, trabajadores informales urbanos, recicladores, cartoneros, pueblos originarios en lucha, mujeres reclamando derechos, etcétera... En suma, una asamblea mundial de los pobres de la Tierra. Pero de los pobres en lucha, no resignados.

Segundo, es menos frecuente aún que el Papa se dirija directamente a ellos, en el Vaticano, diciéndoles que quiere escuchar la voz de los pobres porque los pobres no se conforman con padecer la injusticia sino que luchan contra ella y que él (el Papa) los quiere acompañar en esa lucha. También ha dicho Francisco que los pobres ya no esperan de brazos cruzados por soluciones que nunca llegan; ahora los pobres quieren ser protagonistas para encontrar ellos mismos una solución a sus problemas, pues los pobres no son seres resignados, sino protestan y su protesta molesta. Ha dicho que espera que el viento de la protesta se convierta en vendaval de la esperanza.

Asimismo ha afirmado el Papa: La solidaridad es una forma de hacer historia. Y por eso se une al pedido de los pobres que reclaman tierra, techo y trabajo. Y ha añadido: “Cuando pido para los necesitados tierra, techo y trabajo, algunos me acusan de que ‘¡el Papa es comunista’! No entienden que la solidaridad con los pobres es la base misma de los Evangelios”.

También ha afirmado Fran­cisco: ¡La reforma agraria es una necesidad no sólo política sino moral! Y ha acusado (sin nombrarlo) al neoliberalismo de ser la causa de muchos de los males de hoy: “Todo esto ocurre –ha afirmado– cuando se saca al ser humano del centro del sistema y que en ese centro está ahora el dinero”. Por eso hay que alzar la voz, ha repetido. Y ha recordado que los cristianos tenemos un programa que me atrevería a calificar de revolucionario: las bienaventuranzas del Sermón de la Montaña, del Evangelio según san Mateo.

Un discurso fuerte, valiente, que se inscribe en el filo directo de la doctrina social de la Iglesia que el papa ha reivindicado explícitamente. Y en la opción preferencial por los pobres.

Hacía mucho tiempo que un Papa no pronunciaba un discurso tan social, tan progresista sobre un tema, el de la solidaridad con los pobres, que constituye la base misma de la doctrina cristiana.

Tercero. Todo esto ha sido tanto más importante cuanto que este discurso, el Papa lo ha pronunciado en presencia del presidente de Bolivia, Evo Morales, ícono de los movimientos sociales y líder de los pueblos originarios. Un momento más tarde, el presidente Morales, muy aplaudido, ha tomado la palabra ante el mismo auditorio de movimientos populares en lucha para explicar, con muchos ejemplos, que el capitalismo que todo lo compra y todo lo vende ha creado una civilización despilfarradora. Ha insistido en que hay que refundar la democracia y la política, porque la democracia es el gobierno del pueblo y no el gobierno de los capitales y de los banqueros. También ha puesto el acento en que hay que respetar a la madre Tierra y oponerse a que los servicios básicos sean privatizados. Ha sugerido a todos los movimientos populares aquí reunidos que creen una gran alianza de los excluidos para defender los derechos colectivos.

El sentimiento general de los participantes, en este inédito encuentro, es que estas dos intervenciones confirman el enorme liderazgo político y moral, a escala internacional, del presidente Evo Morales; y el nuevo papel histórico del papa Francisco, como abanderado solidario de las luchas de los pobres de América Latina y de los marginados del mundo.