Directora General: Carmen Lira Saade
Director Fundador: Carlos Payán Velver
Domingo 19 de octubre de 2014 Num: 1024

Portada

Presentación

Bazar de asombros
Hugo Gutiérrez Vega

La Teoría de la
Gravedad Extendida y
el bestiario cósmico

Norma Ávila Jiménez

1914-2014: cien años
de intensidad

Enrique Héctor González

De rocanrol y
otras marginalidades

Porfirio Miguel Hernández Cabrera
entrevista con Carlos Arellano

Jack Kerouac, realidad
y percepción literaria

Xabier F. Coronado

Marosa di Giorgio
diez años después

Alejandro Michelena

Leer

Columnas:
Galería
Ricardo Guzmán Wolffer
Jornada Virtual
Naief Yehya
Artes Visuales
Germaine Gómez Haro
Bemol Sostenido
Alonso Arreola
Paso a Retirarme
Ana García Bergua
Cabezalcubo
Jorge Moch
Prosaismos
Orlando Ortiz
Cinexcusas
Luis Tovar


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La Jornada Semanal

 

Germaine Gómez Haro
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Yayoi Kusama: “La princesa del punto”

La controvertida artista de origen japonés Yayoi Kusama (Matsumoto, Japón, 1927), también conocida como la princesa del punto, está causando revuelo en el Museo Tamayo. Las entradas están agotadas desde el día de la inauguración y largas filas de visitantes esperan pacientemente su turno para el ingreso al recinto, cuyo recorrido se realiza en forma programada en pequeños grupos. Y es que Kusama es un fenómeno cultural que levanta tolvaneras a su paso dondequiera que se presente en el mundo. Contra viento y marea, y a pesar de sus severos trastornos psiquiátricos (o quizás gracias a ellos), Yayoi Kusama es hoy en día una celebridad que ha sabido integrarse y destacar en cada escenario circunstancial que le ha tocado vivir. Actualmente, a sus ochenta y seis años, sigue trabajando con el dinamismo y la pasión irrefrenable que la caracterizan y nos sigue sorprendiendo con una pintura fresca, enigmática, irreverente, producto de un estilo absolutamente personal que se ha convertido en su sello distintivo. Kusama es hoy en día una “marca global” que ha conseguido con su empeño y amplia visión colocar su creación en las primeras filas del mainstream internacional y aprovechar –no sin un dejo de ironía mordaz– el escenario de la cultura del espectáculo que nos ha tocado vivir en este mundo controlado por la obsesión mediática y tecnológica.


Yayoi Kusama

Kusama emigra a Nueva York en 1957 huyendo de una sociedad reprimida y conservadora en la que su intuición visionaria no tenía cabida. Huía también de la violencia de unos padres que la maltrataron física y psicológicamente hasta el punto de provocarle un cuadro de experiencias alucinacinatorias que marcaron su infancia y, paradójicamente, también fueron de alguna manera el leitmotiv de su creación artística. Animada por Georgia O´Keefe, con quien sostenía correspondencia, llega a Nueva York en el momento crucial en el que el ámbito vanguardista de la postguerra estaba en ebullición. La herencia del Nihonga (pintura tradicional japonesa) la llevó a incursionar en una abstracción biomórfica gestual de un preciosismo técnico que origina su primera marca de estilo personal: las pinturas de red monocromas, conocidas como Redes infinitas. Éstas trasminan ya su obsesión por la repetición de formas y patrones que dará lugar al célebre Polka dot (punto) que se ha convertido en su reconocida “marca global”. Su pintura se hace merecedora del reconocimiento inmediato, pero su espíritu rebelde e inconforme la lleva a incursionar en nuevos y más audaces experimentos con el collage y la escultura. Comienza una serie de obras escultóricas inspiradas en objetos domésticos cubiertos con protuberancias fálicas, que detonarán sus impactantes instalaciones con barcas y salas recubiertas de espejos y atiborradas de falos moteados (Sala de espejos del infinito-Campo de falos-o entretenimiento). Su idiosincrasia conservadora japonesa la puso en conflicto con el liberalismo sexual occidental, la cultura de la comida rápida y el consumismo, como se puede ver en las obras realizadas con objetos fálicos y otros recubiertos con sopas de pasta. Sus instalaciones y happenings provocaron más de un escándalo por sus desnudos practicando sexo explícito y sus mensajes de protesta política radicalizada,en los que desplegó, con una fuerza tan evocadora como turbadora, los conceptos que componen su discurso ético y filosófico, inspirados en aspectos del espiritualismo new age, los mensajes de liberación sexual, la repetición obsesiva de formas como metáfora del infinito, la alienación y el enfrentamiento con la otredad.


Sala de espejos del infinito – Campo de falos

La nutrida y espectacular (en todos los sentidos del término) exhibición en el Tamayo muestra la interrelación que existe en toda su obra, a pesar de la variedad de medios que ha utilizado. Su propia figura ha sido parte de su lenguaje estético distintivo, como se puede apreciar en la sección que recoge una selección de impresos y fotografías que documentan sus acciones, sus diseños de moda y sus mensajes políticos. El arte de Yayoi Kusama es atrevido y complejo, divertido e intrigante en todas sus facetas; un arte que exige la participación del espectador y deja abiertas muchas líneas de interpretación. Además de ser una empresaria consolidada que ha conseguido autopromover su imagen y su marca, es una creadora sui generis que ha sabido profundizar, explorar, estudiar y trascender su condición psicológica para crear un discurso de una lucidez intelectual y poética sin límites.