Opinión
Ver día anteriorSábado 27 de septiembre de 2014Ver día siguienteEdiciones anteriores
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De estrenos y similares
D

e pronto, de manera inesperada e insólita, nuestras carteleras musicales se han poblado de estrenos; lo escuchado hasta ahora augura una buena temporada de novedades musicales. Así sea. Para más señas, la mayoría de los estrenos son de música mexicana, asunto siempre digno de ser señalado.

Antes de partir a su gira por Italia, la Orquesta Filarmónica de la Universidad Nacional Autónoma de México (Ofunam) hizo el estreno aquí de una atractiva obra de la compositora rusa Sofía Gubaidulina, titulada ¿Por qué? ¿Para qué? ¿A través de qué?, para flautas, clarinetes y cuerdas. Escritura límpida, transparente, expresiva, de experta coloración instrumental, con logros particularmente atractivos en la combinación de flauta baja y clarinete bajo como dupla solista.

Se trata de una sólida partitura que demuestra cabalmente algo que nuestro público, mayoritariamente, no ha querido entender: que la modernidad musical no está (no tiene por qué estar) automáticamente reñida ni con la inteligibilidad ni con el placer estético de la escucha. Muy buen trabajo solista de Massimo Mercelli en las flautas y Manuel Hernández en los clarinetes.

Una semanas después se estrenó la ópera en náhuatl Xochicuicatl cuecuechtli, de Gabriel Pareyón, con los buenos resultados que ya reseñé a detalle en este espacio. Pocos días más tarde, la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México (OFCM) ofreció la segunda audición (primera realmente pública, puesto que el estreno fue en el Conservatorio Nacional de Música) del Segundo concierto para piano y orquesta de Armando Luna Ponce, con Sebastián Espinosa como solista.

Como toda la música de Luna Ponce, este concierto es un apretado volcán de energía múltiple: energía sonora, energía tímbrica, energía rítmica, energía motriz. A su manera usual, el compositor filtra y decanta aquí una serie de influencias diversas para sintetizarlas con su propio, muy personal lenguaje, que suele estar siempre cercano a eso tan elusivo que llamamos posmodernismo. La orquestación es sumamente individual, deslumbrante por momentos y muy eficaz como contraparte del piano solista. En los títulos de los movimientos de la obra, y en su contenido musical mismo, está presente la usual ironía de Armando Luna Ponce, pero también hay claras referencias a los temas de vida y muerte que lo han rondado en los últimos años.

La propia OFCM estrenó una semana después la partitura Amanece, de Antonio Juan-Marcos. Inspirada en Octavio Paz y su poesía, la obra presenta una orquestación muy detallista, a través de la cual el compositor logra una sucesión de sugestivas atmósferas con las que envuelve el trabajo de la voz solista que enuncia el poema de Paz y que es, de manera inesperada y bienvenida, un contratenor (Rodrigo Ferreira en este caso).

Entre los estrenos interesantes propuestos para el futuro cercano destaca, por ejemplo, el de la Fanfarria y fantasía de Samuel Zyman, en los conciertos celebratorios del próximo lunes y martes por los 80 años del Palacio de Bellas Artes, con la Sinfónica Nacional; Tiempos floridos, de Arturo Márquez, el 4 y 5 de octubre con la Ofunam, en conmemoración de los 85 años de la autonomía universitaria; Purpurascens, de Felipe Pérez Santiago (25 y 26 de octubre con la OFCM), obra creada con motivo del 50 aniversario de la Segunda Sección del Bosque de Chapultepec; el 13 y el 16 de noviembre, la Orquesta de Cámara de Bellas Artes realizará las primeras audiciones en México del Concierto para violoncello Cantos enterrados de ese buen compositor costarricense que es Alejandro Cardona, con Álvaro Bitrán como solista; y la oportunidad más inminente, que ningún buen melómano interesado en la música mexicana debe perderse, es inmediata: hoy y mañana la Filarmónica de la Ciudad de México realiza el estreno absoluto del Concierto para piano de María Granillo y el estreno en México del Concierto para órgano Altre lontananze, de Ana Lara.

La avalancha de estrenos es infrecuente y bienvenida; hay que aprovechar la ocasión porque toda esta música necesita de nuestros oídos para florecer.