Opinión
Ver día anteriorDomingo 7 de septiembre de 2014Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Paraíso en la Tierra
H

ay estados de la República que poseen tanta riqueza cultural y natural, que superan con creces la de muchos países del mundo. Uno de ellos es Oaxaca. Recientemente tuvimos la grata experiencia de convivir con los miembros de la Corresponsalía del Seminario de Cultura Mexicana, que realiza una destacada labor. Por cierto, uno de sus miembros, Carlos Roberto Martínez, elabora un excelente mezcal artesanal.

Como siempre que vamos a esa deslumbrante ciudad, descubrimos nuevos lugares que hablan del incansable interés por rescatar el rico patrimonio histórico y arquitectónico. Fundamentales en ese esfuerzo son el artista Francisco Toledo, el empresario Alfredo Harp Helú y su compañera de vida María Isabel Grañen, notables benefactores de la entidad.

Visitamos el ex convento de Santo Domingo de Soriano, mejor conocido como San Pablo. Fue el primero que construyeron en Oaxaca los dominicos en 1529. A lo largo de 400 años padeció inumerables cambios y mutilaciones que mantenían ocultos maravillosos espacios, cubiertos por construcciones deleznables. Afortunadamente, la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca (FAHHO) las adquirió y llevó a cabo una restauración integral, que además del rescate de un inmueble patrimonial, lo convirtió en un centro académico y cultural en beneficio de la comunidad.

El trabajo fue titánico, ya que la afectación era extensiva, entre otras, se le abrió una calle y durante el siglo XX alojó un conjunto de casas habitación, negocios, un hotel, talleres mecánicos y estacionamiento. Antes de la intervención se realizaron dos investigaciones minuciosas: histórica y arqueológica, a cargo de Sebastián van Doesburg y Gilberto Hernández Díaz. Fue arduo el trabajo de remoción de estructuras y finalmente Mauricio Rocha realizó la intervención arquitectónica.

El resultado es un encuentro del pasado y el presente, en el que podemos apreciar el antiguo claustro con sus arcos y columnas de la hermosa cantera oaxaqueña, con modernas estructuras atornillables de metal y madera. El objeto es crear un espacio limpio. Esto no ha sido del agrado de todo mundo, pero le da funcionalidad a los antiguos espacios.

Otro descubrimiento de este breve pero fructífero viaje oaxaqueño, fue conocer, a unos minutos de la ciudad, un lindo pueblo de los Valles Centrales: San Andrés Huayapam, famoso por una bebida que se elabora desde hace miles de años, que según los pobladores era la bebida de los dioses: el tejate. Aunque se prepara en varias comunidades oaxaqueñas, este sitio es su cuna y dicen los conocedores que las mujeres que lo elaboran le dan un sabor único que no se podrá encontrar en ningún otro lugar.

En este pueblo vive, en una primorosa casa de adobe con su jardín y fuente, la doctora Amalia Gamio, quien fue nuestra anfitriona y guía. Nos llevó a conocer la iglesia del siglo XVI, que conserva su amplio atrio jardinado, todo muy bien cuidado. El templo tiene la fachada original que luce en un nicho la imagen de San Andrés, el santo patrono y sus torres chaparritas, como sabiamente se construyen en Oaxaca por los temblores. La gran sorpresa es el retablo del altar mayor, una verdadera joya barroca del siglo XVII, que entre las ondulantes columnas y profusa decoración recubierta de hoja de oro, muestra magníficas pinturas.

Como complemento indispensable del viaje había que degustar la exquisita gastronomía oaxaqueña. En la casa de la anfitriona nos esperaban tlayudas con asiento, chapulines, quesillo, pan de yema y suculento chocolate. La comida fue en el restaurante La Casa de la Abuela, admirando desde la mesa del balcón la soberbia catedral. Con la compañía de un rico mezcal, saboreamos una sopa de guías, que era un festín de hierbas que sólo hay aquí. Después un mole coloradito con puerco, arroz con chepil, esa prodigiosa hierba que también enriquecía la sopa y frijoles refritos.

Hay mucho más que contar, pero termino afirmando que Oaxaca es el paraíso en la Tierra. Volveremos.