Cultura
Ver día anteriorSábado 9 de agosto de 2014Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
 
Disquero
Led Zeppelin Remasterizado
Foto
Foto
Foto
Foto
Foto
Foto
 
Periódico La Jornada
Sábado 9 de agosto de 2014, p. a16

De la bocina derecha emerge una ráfaga plúmbago y como el oído está casado con la vista, volteamos enseguida a ver la bocina izquierda, de donde salen flores, efluvios, florituras.

Se percibe el tremor de los bafles, animados por torrentes de sonido: el sable flamígero, doble mástil, lo esgrime en son de paz don Jimmy Page, quien luego de lanzar relámpagos estereofónicos, cede el trono al Bonzo Bonham, quien sonríe debajo de su sombrero copiado de los chicos malos de la película Naranja mecánica, de Stanley Kubrick y en su mente convierte el estudio de grabación en el mismísimo Korova Milk Bar, donde los personajes de Anthony Burgess preparaban sus sesiones de ultraviolence, pero el buen Bonzo lo que hace aquí es hacer sonar su gong de manera delicada y tierna, para coronar, como un sonido de cereza sobre un pastel, el par de rafagazos con los que Jimmy Page puso a temblar las bocinas y todo a su alrededor.

Estamos hablando de uno de los mejores grupos de la historia de la cultura rock, Led Zeppelin, porque los adelantos de la tecnología nos obligaron a volver a comprar los mismos discos, como nos sucedió con los de Los Beatles y los de Pink Floyd, cuando fueron remasterizados por enésima ocasión.

Pero, ey, no, no son los mismos discos.

De manera asombrosa, uno escucha esta nueva edición de los primeros tres álbumes de Led Zep y no puede dejar de reconocer que no son los mismos que habíamos escuchado.

Con la remasterización, queda de relieve el todo y sus partes. Cuatro torres de sonido sosteniendo una hermosa catedral que suena: la voz de Robert Plant, la guitarra de Page, la bataca Bonham y para muchos una sorpresa: John Paul Jones es el mejor músico de los cuatro, una vez puesto en primer plano, al igual que los otros tres, su desempeño técnico, pues en las ediciones anteriores se perdía por abajo de los alardes pageianos.

Lo que escuchamos entonces, es una prodigiosa obra de arte en el trabajo de edición, pues repartir el primer golpe de sonido de la guitarra en la bocina derecha, hacer una pausa dramatúrgica y enseguida se active la bocina izquierda y para colmo, luego de otro silencio espectacular, suene quedamente y crezca como una flor que se abre el gong de Bonham, eso sencillamente no lo habíamos escuchado.

Queda nítidamente demostrado, con este admirable trabajo, que la remasterización de los discos es un arte parecido al de la dirección de orquesta y también al de la traducción de poesía.

Porque quien se sienta frente a una consola de sonido mueve los botones adecuados hacia la dirección que lo conduzca al resultado deseado, como en el ejemplo del efecto estéreo.

Un director de orquesta enfatiza, modula, armoniza, distribuye el mismo material para presentarlo de una manera diferente. Imprime mayor énfasis, por ejemplo, al oboe y el arpa, como lo hacía Claudio Abbado en demostración de que sí conocía a fondo la música de Gustav Mahler, y lo mismo hacía con las violas.

El resultado que logra un director de orquesta es una lectura diferente, incluso de una grabación que haya realizado él mismo en años anteriores. Así, una Quinta de Mahler en manos de Abbado suena distinta que en la batuta de Karajan. Son, entonces, versiones.

Así en el caso de la poesía, donde como lo definió acertadamente el maestro José Emilio Pacheco, en poesía no hay traducción, hay versión, el ‘‘traductor” recurre a las palabras adecuadas para lograr el efecto prosódico equivalente al que, por ejemplo, T.S. Eliot imprimió en su obra maestra, La tierra baldía.

Así el maestro John Davis, a quien en su papel de productor de esta serie de remasterizaciones otorga su débido crédito: ‘‘mastered by”, logra un monumento de remasterización musical que nos deja atónitos, llenos de gozo y asombro.

Antes de que llegue la edición de super lujo, en esas cajas mágicas que incluyen un librote y discos en vinilo, llegaron a los estantes de novedades discográficas los primeros tres volúmenes: Led Zeppelin, Led Zeppelin II y Led Zeppelin III.

Cada uno de ellos es un álbum doble, el primero de cuyos volúmenes es el disco original pero remasterizado y el segundo es un ‘‘companion disc” con versiones alternativas, sólo instrumentales, en vivo y linduras por el estilo.

Del disco Led Zeppelin II, por ejemplo, el Disquero prefiere, a todas luces, la versión alternativa de Whole Lotta Love, que abre el respectivo ‘‘companion disc”, a la versión original, aun remasterizada, pues ofrece una dimensión poética, menos rasgada y rasposa y con menos alucín en el pasaje distorsionante a cargo de don Jaimito Página (Jimmy Page, jeje), y sus aficiones por lo oscuro inspiradas por su admiración hacia el autor de culto Aleister Crowley.

Tenemos entonces ante nosotros tres nuevos discos de Led Zeppelin. Nuevos porque la remasterización ofrece versiones distintas, diferentes. Nuevas. Para conocedores. Una exquisitez.

La pura gozadera.

[email protected]