Directora General: Carmen Lira Saade
Director Fundador: Carlos Payán Velver
Domingo 8 de junio de 2014 Num: 1005

Portada

Presentación

Bazar de asombros
Hugo Gutiérrez Vega

La tetralogía de
Eraclio Zepeda

Marco Antonio Campos

El último hombre,
de Mary Shelley

Luis Chumacero

Lo bien hecho...
Ricardo Yáñez

Inconformidad
y escritura

Luis Rafael Sánchez

El eructo de
los ruiseñores

Mario Roberto Morales

Saul Steinberg: exilio
desde la Novena Avenida

Leandro Arellano

La vida de Gerardo Deniz
José María Espinasa

Leer

Columnas:
Bitácora bifronte
Ricardo Venegas
Monólogos compartidos
Francisco Torres Córdova
Mentiras Transparentes
Felipe Garrido
De Paso
Febronio Zatarain
La Otra Escena
Miguel Ángel Quemain
Bemol Sostenido
Alonso Arreola
Las Rayas de la Cebra
Verónica Murguía
Cabezalcubo
Jorge Moch
Galería
María Bravo
Cinexcusas
Luis Tovar


Directorio
Núm. anteriores
[email protected]
@JornadaSemanal
La Jornada Semanal

 

Húmedas palabras

Enrique Héctor González


Conferencia sobre la lluvia,
Juan Villoro,
Almadía,
México, 2013.

Obras mayores y menores, las llamamos, y así dividimos los libros serios e inapelables de un autor de los divertimentos y meros ejercicios “para soltar la pluma” en que se entretiene mientras el texto que le consume mayor energía respira y espera sus mejores horas. ¿Pero qué pasa cuando el libro que le sirve de solaz se convierte, pese a su limitado alcance, en un texto de gran intensidad? ¿Qué ocurre cuando el juego que empezó siendo una travesura trivial cala en una escala donde ya es difícil asumir que se trata sólo de una cana al aire, sino que adquiere todos los visos y divisas de un amor que se demora?

Conferencia sobre la lluvia es un libro híbrido donde uno de los menos confundibles entre los narradores mexicanos de hoy asume la voz de un bibliotecario que confiesa sus más íntimas manías bajo la apariencia de perpetrar una digresiva charla sobre el fenómeno meteorológico. Obligado a improvisar, pues ha perdido el escrito que había preparado, el hombre desabotona su impudicia frente a un auditorio que sólo al final cobra realidad y que parece abandonarse al placer morboso de ver cómo el hombre bebe agua y habla de sí mismo y encaja alguna cita libresca y se interrumpe para dirigirse a veces a un interlocutor preciso que, como en “Luvina”, el relato de Rulfo, nunca aparece.

El libro no necesita de la concentración anecdótica de los cuentos y las crónicas y los amenos ensayos que han hecho del estilo de Villoro una impronta. Tampoco requiere hablar del tráfico de órganos o de otros atareados avatares de la sociedad actual. Con el impulso de quien cuenta sus aversiones al jabón residual del baño diario o al uso de huaraches cuando se llevan calcetines, el conferencista hilvana sus recuerdos de dos mujeres mientras deambula, asimismo, entre referencias librescas que van de la lluvia de Pessoa a la de Vallejo. No parece llevar un orden, si bien a veces su discurso se vuelve torrencial y otras una fina llovizna matutina. Nos deja frente a sí mismo, lo que equivale a decir que nos somete al íntimo interrogatorio de nuestros propios exabruptos y desavenencias. Como en el Diario de un loco gogoliano, nos abruma con sus ademanes y demás motivos emotivos; como en El último tango en París, de Bertolucci, nos cuenta de una relación de pareja que sólo sobrevive mientras cada uno renuncia a saber más del ser amado, a conocer la lluvia del otro lado de la ventana; como en casi todos los textos de Villoro, en fin, asistimos con amable sonrisa a la sinrazón de lo que oscuramente somos. 

Stellovsky, el editor de Dostoievsky, le exigió en 1866 el cumplimiento del contrato en que se comprometía a entregarle, antes de la finalización de ese año, una novela sobre la que ya le había adelantado alguna suma. El novelista ruso interrumpió entonces la escritura del proyecto que lo atareaba, a la sazón nada menos que Crimen y castigo, para endilgarle una novela improvisada en tres semanas y media que le dictó casi a botepronto a la que sería, un año después, su segunda esposa. No hay por qué decir que El jugador, historia más breve que la protagonizada por Raskólnikov, es una obra menor pues, en intensidad dramática (como que traduce la ansiedad del autor respecto de dos de sus más espesas pasiones: la ruleta y Apollinaria Súslova), comparece sin complejos ante cualquier tribunal literario. Ignoro si Juan Villoro esté escribiendo ahora mismo alguna obra monumental, pero este libro, con tener la apariencia de un sencillo monólogo que no llevaría a la quiebra a ningún empresario que quisiera verlo llover en escena, es una lección eficaz de cómo la solidez de una historia poco tiene que ver con su planeación o sus dimensiones.


Un libro póstumo de Borges

Honorio Robledo


Nostalgias de un fumador y otros relatos,
Rafael Antúnez,
IVEC,
México, 2013.

Los vasos comunicantes que, milagrosamente, conectan las dársenas de Buenos Aires con el ruidoso malecón de Veracruz nos trajeron un inesperado desenlace: un libro póstumo de Borges salido del magín de Rafael Antúnez, quien contempla el Golfo desde su bastión de Xalapa.

¿Cómo se generan estas coincidencias y qué surada proclive permite esos alardes?

Debe ser otra de las jugarretas del mágico Atlántico, que igual procura el Triángulo Misterioso que los cachondos vaivenes de la salsa, ya promulgada a nivel galáctico.

Conocí a este Antúnez a lo largo de un café. Su comentario, el más extenso en esa reunión, fue sobre la mantequilla de las galletas de Xico, que a la sazón paladeábamos. Pocas cosas en él delatan a un escritor, pero el brillar de su mirada viva y el sesgo mañoso de sus ojos (que de alguna manera me recordaron al “bienamado ajolote de Cortázar”), me dejaron sentir que estaba siendo analizado y diseccionado desde el tuétano, con esa mirada quirúrgica que reacomoda la esencia de las personas, de las acciones y de las cosas. El resultado de esa acuciosa inspección quedó plasmado a lo largo de estas Nostalgias de un Fumador.

Afirmaba nuestro maestro Tomás Mojarro: “Uno debe contemplar siempre, con soterrado recelo, las publicaciones de la provincia, sobre todo las que provienen de canales oficiales; siempre hay una “ahijada” que promete o un subsubsecretario con aspiraciones literarias que aprovecha los presupuestos culturales para editar una triste y gris cadena de intrascendencias.”

Por ello, cuando este libro cayó en mis manos, lo aventé en mi maleta de viajes con el ánimo de adormecerme en el camión (y olvidarlo ahí, para tortura de otro pasajero). Pero al segundo relato quedé imantado: ¡Coño: este libro fue escrito por Borges!

A la manera de Borges, Antúnez nos encamina, con seguridad de ciego, por unos laberintos que desembocan, brillantemente, en abismos de neblina; sus personajes y sus situaciones nos abren una inesperada puerta en la calle Belgrano, o en la Zamora, para soltarnos en esas ciudades que se encuentran en las geografías del Aleph, muy al sur.

Hilvanado por las reflexiones, casi anodinas, de un exfumador (despreciable raza que jamás logrará superar el vicio de “endulzar el aire”), este libro nos conduce por una colección de aparentes ensayos. Digo aparentes porque, en realidad, es una suma de presentimientos; la cartografía minuciosa de un mundo fantástico, aunque algunos de los personajes descritos hayan existido o, lo que es mejor, deambulen todavía en ese crisol de irrealidades.

Finalmente, el libro me convenció, lo leí de un jalón y torné a leerlo en el regreso del DeEfe a Xalapa. Y aquí lo tengo, lleno de notas, en tres copias, como ocurre con los Libros de Respeto: baño, buró y estudio.

Se ha convertido, muy a mi pesar, en esos libros que son reto y laberinto, de los cuales no tenemos escapatoria y que nos convierten, a nuestro pesar, en esos henchidos y fantasmales personajes de Borges.


La organización del crimen

Fabrizio Lorusso


Zetas. La franquicia criminal,
Ricardo Ravelo,
Ediciones B,
México, 2013.

En el sexenio de Felipe Calderón se consolidaron dos organizaciones del narcotráfico en México: el Cártel de Sinaloa y los Zetas, que han propagado geográficamente sus operaciones a más de cincuenta y de treinta naciones, respectivamente.

A esta expansión territorial sin precedentes ha correspondido una gradual diversificación de las actividades delictivas que, en el caso de los Zetas, incluyen ya unas veinticuatro tipologías de crímenes. El tráfico de estupefacientes ya no es el negocio principal, pues de Guatemala a Veracruz, de la frontera chica a Yucatán, este grupo se dedica al secuestro, al cobro del derecho de piso, al robo de gasolina, al tráfico de armas y personas, al contrabando, a la piratería y a la trata.

El periodista Ricardo Ravelo nos lleva a las entrañas del universo Zeta, una “franquicia criminal” que ha replicado su modelo delincuencial y de business capilarmente, propiciando la reproducción de células criminales que ostentan su propia “marca Z” y difunden el terror, sellado con la última letra del alfabeto. En sus orígenes, los Zetas fueron efectivos de élite del Ejército Mexicano que, en los años noventa, desertaron y formaron el brazo armado del cártel del Golfo, liderado por Osiel Cárdenas. Después de la extradición del capo a Estados Unidos, en 2007, empezaron a independizarse. El autor nos relata hechos, tramas y motivos de esta fase y de la sucesiva guerra que protagonizaron estos grupos, antes aliados, sobre todo en Tamaulipas, Nuevo León y Veracruz.

Ravelo, quien actualmente dirige la revista Variopinto, fue reportero para Proceso durante doce años y es autor de siete libros sobre el crimen organizado, el narcotráfico y la (in)seguridad en México, entre los cuales destacan NarcoMex. Historia e historia de una guerra (Vintage Books, 2011), Los narcoabogados (Grijalbo, 2006) y Osiel. Vida y tragedia de un capo (Grijalbo, 2008).

En el prólogo, el experto de narcotráfico y seguridad Edgardo Buscaglia cita los puntos de fuerza de los cárteles mexicanos: sus estructuras organizacionales y dimensiones, sus brazos armados y sus franquicias económicas criminales. Esto les da ventajas “competitivas” frente al Estado y a la economía legal, y les permite llenar todos los vacíos de poder, prefigurando así los rasgos de un Estado fallido que va convirtiéndose en Estado mafioso, al estilo de Rusia.

Ravelo aterriza estos conceptos en la realidad cotidiana. En este libro de periodismo narrativo hay reportajes que pintan cuadros vívidos e impactantes de la historia del grupo delictivo más sanguinario del país y de sus recientes hazañas criminales. Al mismo tiempo se indican connivencias y responsabilidades políticas a todos los niveles, de modo que la crítica a las complicidades u omisiones de la autoridad pasa por los escándalos de los narcogobernadores, así como por la renuencia del Estado a combatir el músculo financiero de los cárteles. Frente a este panorama, descrito con una narración que cautiva, el autor trata de desentrañar los misterios sobre la muerte de Heriberto Lazcano el Lazca, cuyo cadáver fue “más rápido que la policía” y desapareció, y las dudas sobre la captura “tersa”, quizás pactada, de Miguel Ángel Treviño Morales, el Z-40. Lo cierto es que, como queda claro tras la lectura de este libro, cada cabeza cortada vuelve a brotar, y los Zetas y sus franquicias siguen allí.


Educación y acoso cibernético

Germán Iván Martínez


Ciberbullying, acoso cibernético y delitos invisibles.
Experiencias psicopedagógicas ,

Tania Morales Reynoso, Martha Carolina Serrano Barquín,
David Aarón Miranda García y Aristeo Santos López,
Universidad Autónoma del Estado de México,
México, 2014.

Los adelantos tecnológicos nos invitan a reflexionar sobre el uso y abuso informáticos; desde luego, también sobre los costos sociales que trae consigo el hecho de volver público lo que en otro tiempo fue privado. El mundo ciber ha modificado nuestra conducta exigiéndonos nuevos comportamientos,conocimientos, habilidades y destrezas; asimismo ha diversificado e intensificado la violencia. La intimidación, el maltrato, las agresiones y extorsiones, el acoso escolar o bullying se valen ahora de la tecnología para provocar daño intencionalmente. Como afirman Tania Morales, Carolina Serrano, David Aarón García y Aristeo Santos, autores del libro Ciberbullying, acoso cibernético y delitos invisibles, “Internet presenta una dicotomía interesante pues, por un lado, posee amplias posibilidades para la comunicación, el acceso a la información y aporta elementos tecnológicos interesantes como componentes del desarrollo social y cultural, pero, por otro, da las pautas para el desarrollo de conductas negativas, como es el caso de la violencia virtual y el acoso cibernético.”

Desde su perspectiva, el problema no está en la Red sino en la falta de formación para un adecuado uso de ésta. Así, si en otro tiempo se habló de desinformación hoy podemos afirmar que el desafío se halla en un exceso de la misma. La sobreinformación exige a los nativos digitales (y aún a los inmigrantes) una capacidad de selección, ordenamiento, clasificación y categorización indispensable. Son la cibercultura y la cibersocialización la que nos llevan a pensar en la ciberconvivencia y la ciberética; no sólo para hacer uso adecuado de los recursos dispuestos en la súper carretera de la información sino para inhibir e incluso desalentar los comportamientos violentos que tienen a la tecnología como mediadora.

El ciberbullying es un nuevo fenómeno y una forma reciente de violencia derivada del acoso escolar tradicional. Como “forma específica de violencia” se vale de diversos recursos: insultos electrónicos, provocación, agresión, hostigamiento, denigración, exclusión, manipulación… Los acosadores virtuales inician discusiones en el chat o los muros de las redes sociales, eligen a una persona como blanco y la atormentan con mensajes ofensivos. Pero también pueden distribuir información falsa de sus víctimas, suplantar su identidad, violar su intimidad o hacer que éstas revelen datos comprometedores sobre sí mismas. Por ello los autores de este libro sostienen que “las formas de acoso que se suscitan mediante un medio tecnológico son múltiples”. Dos de ellas, la ciberpersecución y el ostracismo, dañan física, psicológica y emocionalmente a las personas que las sufren. El ciberbullying plantea nuevos problemas frente al acoso tradicional: la tecnología, como medio impersonal, dificulta identificar al agresor; el anonimato obstaculiza la denuncia y le permite al acosador actuar desde cualquier espacio (ya no sólo la escuela) y hacerlo, además, de forma atemporal y de maneras más diversas y sofisticadas.

El reto no sólo está en entender este fenómeno sino en atender las causas y los efectos que provoca. Por ello, frente a la permisibilidad de la violencia, la indiferencia ante ella y el descompromiso social, se requiere la participación de psicólogos, educadores, padres de familia, orientadores y autoridades educativas y civiles para proponer mecanismos legales que sancionen no sólo el robo de datos sino también violencia virtual y el así llamado terrorismo on-line. Es cierto, la Red es un medio masivo de información y comunicación pero, sin control, tiene una peligrosidad alta si no se usa con sensatez y responsabilidad.

Ciberbullying, acoso cibernético y delitos invisibles es un libro que invita a reflexionar sobre una cuestión esencial: la brecha digital no está sólo en la disponibilidad y el acceso (o no) a la tecnología, tiene que ver también con la capacidad de hacer uso de ella inteligentemente. En este texto, el lector encontrará las generalidades del ciberacoso, los resultados de una investigación realizada con jóvenes universitarios del Estado de México y la percepción que tienen éstos del ciberbullying. Hallará asimismo las consideraciones que hacen los autores sobre un fenómeno que sólo ahora está siendo estudiado más profundamente y que, además, exige ser abordado desde una perspectiva multidisciplinaria.