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El libro se nutre de experiencias del autor con inmigrantes españoles de las décadas 50 y 60

Hendaya, novela sobre la conciencia de la lengua materna, de Marcos Eymar

El protagonista ha vivido toda su vida en Francia y su madre no le enseña español, porque piensa que hablando sólo francés podrá integrarse mejor en la sociedad, cuenta el escritor

 
Periódico La Jornada
Lunes 26 de mayo de 2014, p. a10

Una serie de peripecias policiacas y de cómicos malentendidos integran la novela Hendaya, de Marcos Eymar (Madrid, 1979), donde el autor recrea en un contexto fronterizo –entre Francia y España– la historia de Jacques Munoz, hijo de una inmigrante española.

El volumen editado por Océano narra una serie de aventuras de Munoz, quien se embarca en un proceso de búsqueda de su lengua materna y en aprender de manera obsesiva el idioma español, el cual su madre nunca quiso que hablara.

La historia, explica el autor madrileño, surgió de su experiencia y a raíz de la infinidad de veces que ha viajado en el tren nocturno Francisco de Goya, el cual realiza un recorrido entre París y Madrid. Este transporte es un escenario recurrente en el que Eymar ubica al personaje central en la trama.

“En esos viajes –recuerda el escritor– que duraban varias horas, tuve contacto con muchos inmigrantes españoles de las décadas 50 y 60 que salieron de su país natal por motivos económicos hacia Francia, de quienes escuché muchas historias, algunas muy impresionantes”.

Incluso, “en Francia me he encontrado con gente que al escucharme hablar español me dice: ‘¡qué maravilla! Mis padres también fueron españoles, pero nunca quisieron enseñarme ese idioma’”.

Este fenómeno, dice, fue una realidad que me impactó, la de alguien a quien no le enseñan su lengua materna y, por esa razón, me pareció que había material para una novela que se nutriera con las vivencias de los inmigrantes de aquella época.

En el caso de Jacques Munoz, retoma el autor, su madre se negó a que aprendiera el idioma español porque quería que su hijo fuera un francés puro.

El personaje ha vivido toda su vida en Francia, desconoce quién es su padre y su madre de nombre Soledad no quiere que su hijo hable español, porque piensa que hablando sólo francés podrá integrarse mejor en la sociedad.

Pero, prosigue el escritor, es hasta la muerte de la mujer y cuando aparecen los familiares españoles en torno a la fallecida que se enciende el interés de Munoz por conocer más de su idioma original, esa lengua prohibida que parece encerrar todos los enigmas de su pasado.

Esta novela, explica Marcos Eymar, nace de ese proceso de alejamiento que en un primer momento resulta difícil, pero que también es muy fértil, literariamente hablando.

De hecho, tras la muerte de su madre, Jacques Munoz acepta un trabajo ilegal que lo obliga a viajar de París a Madrid en el tren Francisco de Goya. Una misteriosa maleta y sobres amarillos son una constante que debe mantener el personaje en sus manos mientras se reúne con diversos personajes en lugares inusuales.

De esta forma, empieza para él una arriesgada aventura que abarca dos tiempos, dos ciudades y dos lenguas.

Y, por supuesto, prosigue Marcos Eymar, el personaje se ve envuelto en la lucha a muerte entre dos grupos de contrabandistas y en preguntarse, finalmente, “¿cómo me embarqué en esta misión?

Hacia el final de la historia el personaje principal cobra conciencia de que su lengua no es ni el español ni el francés, porque nunca hablará un español castizo y nunca será un francés puro, como quería su madre, sino que su condición y su patria es la frontera, es decir, la hibridez o la mezcla, puntualiza el también autor del libro Objetos encontrados.

Marcos Eymar es profesor de español en una universidad francesa y en este país publicó, en 2011, el ensayo La langue plurielle. En este mismo año ganó el 16 Premio Mario Vargas Llosa de Novela que otorga la Universidad de Murcia, entre otros galardones y reconocimientos que ha obtenido por sus cuentos y narrativa.