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Ver día anteriorMartes 11 de marzo de 2014Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Etnias y dominación
L

a movilización de grupos humanos por el planeta explica el poblamiento del globo terrestre a partir de África. Las razones de tal movilización fueron extraordinariamente diversas: desde la supervivencia más elemental, o la apropiación de un territorio, y más. En el transcurso –la movilización, el tiempo, la acumulación de conocimiento empírico, la producción de cultura propia– se formaron grupos étnicos diversos, como muestra la inmensa riqueza de la variedad cultural humana.

Esos grupos étnicos no permanecieron de una vez y para siempre. El cambio en los grupos étnicos también ha sido una constante. Los reinos del Medievo –variables en su dimensión, según resultados de las guerras–, conformaron grandes grupos étnicos distintos, unidos por la dominación. La formación del sistema colonial en los siglos XIV y XV hizo lo propio y fue coadyuvante formidable en el desarrollo del capitalismo, que dio lugar al invento del Estado-nación, una nueva forma de agrupar por la fuerza a conjuntos mayores de grupos étnicos distintos.

Para un grupo étnico dado, la dicotomía que convierte a los otros en extraños y en miembros de otro grupo étnico, supone un reconocimiento de las limitaciones para llegar a un entendimiento recíproco, diferencias de criterio para emitir juicios de valor y de conducta y una restricción de la interacción posible a sectores que presuponen común acuerdo e interés (según Fredrik Barth, Los grupos étnicos y sus fronteras. La organización social de las diferencias, FCE, México DF, 1976).

Las etnias viven bien o mal (o muy mal) encerrados en un Estado-nación. La antropología social aún nos debe la explicación de la relación entre etnia e individuo autónomo moderno. El Estado-nación, además, no es el límite de los agrupamientos de grupos étnicos diversos. Siempre en el marco de un sistema de relaciones de dominación, los grupos étnicos interactúan unos con otros mediados por una inmensa gama de grados de conflictividad.

El surgimiento del imperialismo construido sobre los cimientos del sistema colonial, y la globalización neoliberal posterior, nos aglomeró a todos, elevando la conflictividad mundial o regional a cotas cada vez más altas. Una de las respuestas a las relaciones de dominación actual, ha sido el resurgimiento del sentimiento nacional, crecientemente reafirmado que, desde luego, añade factores combustibles o explosivos a la conflictividad mundial. Simultáneamente, la afirmación nacional conlleva la conflictividad de su propia variación étnica interna.

La conflictividad mundial también aumenta por el paulatino declive del imperialismo estadunidense. Otras potencias reclaman una parte mayor en la distribución de las relaciones de dominación planetaria.

Como escribió aquí el pasado domingo Guillermo Almeyra, Estados Unidos intervino en Corea, Vietnam, Laos, Camboya, Grenada, Panamá, Irak, Libia, Afganistán cuándo y cómo le vino en gana. Agrego: con o sin la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU o con o sin la OTAN. ¿La ley internacional? No, no le es aplicable al gorila del barrio. Solamente al conjunto de los dominados. Pobre Washington, las cosas se le han complicado, y hoy Obama (mañana será otro), puede hacer mucho menos que sus antecesores, aunque haga pucheros.

En el turno, Ucrania con un especial signo diferenciador, en Crimea. Un agudo affaire, riesgoso para el planeta entero, una suerte de actualización de la guerra fría. Un conflicto entre ucranianos, pero mucho más que eso, un conflicto entre EU y UE de un lado, y Rusia del otro. En este conflicto, la UE encabezada por Alemania, juega un papel más bien de enjabonado, porque sus intereses así lo ordenan. La interdependencia entre la UE y Rusia es profunda.

Difícilmente hay otra nación que haya sufrido tan brutales y extremas transformaciones como Ucrania, siempre producto de las guerras medievales europeas, y de las sufridas durante su primera etapa capitalista en los siglos XIX y XX. Fue parte fundadora de la URSS y más. Esas inmensas vicisitudes le acarrearon también colosales cambios tanto un su dimensión como en su composición territorial y social. No es extraño que, como en otras repúblicas europeas, exista ahí una variadísima composición étnica. En la actualidad probablemente la mitad del territorio habla exclusivamente ucraniano, lo que no significa que 100 por ciento sean ucranianos étnicos. En el resto de las regiones se habla ucraniano y ruso, con un balance a favor de una u otra lengua; pero en regiones de gran dimensión se habla exclusivamente ruso. Crimea es una de ellas porque la mayoría de sus habitantes actuales son rusos. Alguna vez Crimea estuvo ocupada por los tártaros, pero Stalin los expulsó –colaboraron con los nazis–, a Asia central. Ahora empiezan a regresar algunos.

El estatus político jurídico actual de Crimea es el de república autónoma. Pero Kiev la considera propia, y le impuso a Crimea que su Constitución política prohibiera la adopción de leyes que contradijeran la Constitución de Kiev. Hace unos días el parlamento de Crimea adoptó unánimemente la decisión de pasar a formar parte de la Federación Rusa, decisión que será sometida a un referendo en la población de Crimea. Esa es una decisión ilegal, ha dicho el actual presidente de Ucrania, Oleksander Hrekov, quien llegó hace unas semanas a su silla mediante un golpe de Estado apoyado por Estados Unidos.

Rusia, por su parte, tiene que pensar qué hará con un eventual triunfo de los propósitos de Crimea, porque otras repúblicas de la Federación Rusa pueden alegar su derecho de autodeterminación. Ahí esta Chechenia, sometida por la fuerza por Rusia, por ejemplo.