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Gasolina, educación y justicia, arrasados como el campo: subcomandante Marcos

El despojo se cubre con mentiras como las mal llamadas reformas

Los opositores a los cambios constitucionales tienen ideas y banderas, pero desvencijadas, dice el vocero rebelde

Los zapatistas vivos se preparan para conmemorar 20 años de su alzamiento

 
Periódico La Jornada
Martes 24 de diciembre de 2013, p. 5

El campo mexicano está completamente destrozado, como si un paquete de bombas atómicas lo hubiera arrasado, sostiene el subcomandante Marcos, del EZLN, en un comunicado donde se refiere a las recientes reformas constitucionales. Pasa ya “con la gasolina, la energía eléctrica, la educación, la justicia, todo será más caro, de peor calidad, más escaso.

“El despojo disfrazado de reforma constitucional empezó a formalizarse con Carlos Salinas de Gortari y su reforma al artículo 27. El despojo agrario fue entonces ‘cubierto’ por las mismas mentiras que ahora envuelven las mal llamadas reformas”, agrega. Antes de eso y aun antes de las actuales reformas, los pueblos originarios eran y son despojados de sus territorios, que lo son también de la nación. El oro líquido moderno, el agua y no el petróleo, ha sido hurtado sin que eso llame la atención de los grandes medios. Para el vocero rebelde, el despojo es todos los días y en todas partes. Pero es hasta ahora que se dice que la patria fue traicionada.

El comunicado cuestiona la forma en que se dio la oposición a la reforma energética, y critica al gobernador de Chiapas, Manuel Velasco Coello, quien, dice Marcos en una posdata, “ha declarado solemnemente que su administración ‘se ha apretado el cinturón’ con un programa de austeridad; y como muestra de su decisión se ha gastado más de 10 millones de dólares en una campaña publicitaria masiva y costosa”. Ironiza que ya las agencias turísticas lanzan el turipaquete que incluye anteojeras para no ver a los grupos paramilitares ni la miseria y el crimen que pululan en las principales ciudades chiapanecas (Tuxtla Gutiérrez, San Cristóbal de las Casas, Comitán, Tapachula, Palenque), en una entidad donde se supone que los indígenas sean los pobres, no los mestizos.

Y si “el gran ladrón Juan Sabines Guerrero pagó millonadas a los medios para simular gobierno donde sólo hubo despojo, el actual ‘júnior’ de la política local paga más porque ha aprendido, del actual titular del Ejecutivo federal”, que se puede pasar de una averiguación judicial a una lista de candidatos presidenciales para 2018 con sólo algunas decenas de millones de dólares, un buen photoshop y una telenovela rosa.

En otra posdata, Marcos se refiere a que pasó lo que pasó en cuanto a los cambios constitucionales, y como antes, algunos voltean a ver a quién culpar del fracaso, pues olvidan que los de arriba no aceptan abrazos sino genuflexiones. Alude a los opositores a las recientes reformas, que no es que no tengan ideas y banderas, es sólo que están desvencijadas.

Foto
El subcomandante MarcosFoto Marco Peláez

El problema con los muertos

Ahora que los zapatistas vivos se aprestan a conmemorar 20 años de su alzamiento, Marcos encuentra en los muertos del zapatismo el sentido de su lucha. El problema con los muertos son los vivos, dice de quienes administran vidas y muertes. Pero, añade, el problema con los muertos es sobrevivirlos. Postula: lo que importa es el camino, no el caminante. Y se pregunta “del subPedro, del señor Ik, de la comandanta Ramona, ¿valen sus árboles genealógicos?, ¿sus ADN?, ¿sus actas de nacimiento con nombre y apellidos? ¿O lo que vale es el camino con los sin nombre y sin rostro?

Del subcomandante Pedro expresa que lo que vale es la memoria que de él hay en los pueblos que organizó. La decisión de luchar del subPedro, el comandante Hugo (o señor Ik), la comandanta Ramona, los insurgentes Álvaro, Fredy, Rafael, ¿vale porque alguien le pone nombre, calendario, geografía?, ¿o porque es colectiva y hay quien sigue?

Refiere: la cuenta que tengo que darle a nuestros muertos es qué se ha hecho, qué falta y qué se está haciendo para completar lo que motivó esa lucha. Reflexiona que fue el sentido del deber lo que nos colocó aquí; la necesidad de algo qué hacer “frente a la injusticia milenaria, esa indignación que sentimos como la característica más contundente de ‘humanidad’”. Así que “en el aliento postrero, una zapatista, un zapatista, nos preguntamos ‘¿se dio un paso en el camino?, ¿hay quien lo sigue andando?’ Cuando vamos a la tumba de Pedro, ¿le decimos lo que hemos hecho para que lo recuerden o le contamos lo que se ha hecho en la lucha, lo que hace falta, lo pequeños que somos aún? Mas le podemos decir ‘Oí Pedrín, aquí seguimos, no nos vendimos, no claudicamos, no nos rendimos’”

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