21 de septiembre de 2013     Número 72

Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER

Suplemento Informativo de La Jornada

En 2012 invitamos a Jaime Martínez Luna a impartir un taller sobre la faena radiofónica en la comunalidad (Diplomado de Radio, Unitierra de Oaxaca). Le pedimos un texto previo al taller, y nos envió el presente. Lo tituló: “Descolonización a través de la radio”. Y fue retomado por jóvenes de la Sierra Juárez y de la ciudad de Oaxaca que en la coyuntura se afirmaron como #Somos132.

Algunos elaboraron su propia versión: “Nuestra palabra, nuestra esperanza”, que dio pie a un programa en Radio Plantón, de la Sección XXII de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), aún al aire. Y se presentó en la Mesa de medios de la Segunda Convención Nacional contra la Imposición, celebrada en septiembre de 2012 en Oaxaca. Según el recuento que Gustavo Esteva publicó en La Jornada, fue una de las pocas mesas allí con “propuestas bien articuladas y sensatas” (1/10/12, http://is.gd/fgMlmc). La propuesta: comunalizar los medios. El movimiento #Yosoy132 pugnaba por la democratización de los medios. Algunos jóvenes serranos oaxaqueños no se sintieron cómodos en ese Yo. Ni con esa causa. Lo suyo es el Nosotros y la disposición comunal.

Hoy, esta es la convicción de [email protected] [email protected] [email protected] en Oaxaca. No porque Martínez Luna los hubiera convencido. Sino por un efecto ¡Ajá! De ahí los desencuentros con otras visiones, cuyo eje es la reivindicación de lo “indígena”, entendido como esencia metafísica y profesional, cuya pureza es protegida por los Dueños del Indiómetro. Son dos lógicas distintas. Esta diferencia de ánimo está en el origen, a mi parecer, del conflicto en la organización en México de la Segunda Cumbre Continental de Comunicación Indígena Abaya Yala, entre la Comisión Nacional, que se imaginó Única, portadora de un mandato cuasi divino y de supuestos raciales; y la Comisión Estatal, que se pensaba inevitable, natural: estamos hablando de Oaxaca, donde está casi la cuarta parte de los municipios del país, y casi tres de cada cuatro se rigen comunalmente.

Curiosamente, en la reforma constitucional en materia de telecomunicaciones (Diario Oficial, 11/06/13), también se distingue, entre las nuevas concesiones de uso social, a “las comunitarias y las indígenas”. En el fondo, la diferencia entre “comunicación dominante”, “comunicación indígena”, y algo que podríamos llamar “expresión comunitaria” es que las primeras dos, liberales, mantienen lo colonial para ser, y la tercera invita a descolonizar la Vida. Individualismo o comunidad.
(Arturo Guerrero Osorio)

Comunalizar los medios

Jaime Martínez Luna

Se parte de que se cuenta con una radio que cubre espacios familiares, comunitarios, escolares, gubernamentales y de recreación. También, que se vive una realidad comunicacional que es adversa, que es comercial y reproductora de principios eminentemente colonizadores e individualizadores. En particular, una televisión con una capacidad de penetración mental sin límites.

Si tenemos una radio, para empezar debemos producir mensajes que muestren la situación problemática que envuelve nuestro pensar, buscando de raíz lo que es lo nuestro y lo que no es. Mostrar por medio de distintos ejemplos el problema que se enfrenta, y lo que debe comprenderse, para lograr lo que en verdad nos da satisfacción en todos los ámbitos de la vida.

Consideramos que toda problemática lleva en sí misma su solución, por ejemplo si se habla de mercado, éste se puede confrontar con el intercambio. Si nos preocupa la democracia o ésta es el problema, podemos hablar de la comunalicracia, o bien del espíritu de los usos y costumbres. Si el problema es que todos quieren vivir en una ciudad, se puede hablar de los beneficios de habitar una comunidad. Si el problema es que todo se quiere imponer, debe revisarse cómo diseñar la resistencia. Siempre atendiendo el tema de que se trate, porque la imposición la recibimos de muchas maneras, desde del comercio hasta del amor.

Lo que exponemos supone el enfrentamiento de dos mundos, que en nuestro tiempo conviven reproduciendo de muchas maneras la situación problemática. Una manera de tratar los mensajes de radio es la exposición de las bondades y las potencialidades de cada uno de estos dos mundos. Esto amerita investigación, de lo propio y de lo ajeno. Es decir, si vamos a hablar sobre la comunidad, debemos encontrar en ella sus colores y sabores, las instancias que la sostienen, así como de los valores y principios que germinan. Lo mismo tenemos que hacer de la ciudad. De esta manera, estamos especificando una realidad comunitaria y por la otra la citadina. Debemos tener en claro que las visiones tanto comunitarias como citadinas guardan en su seno contradicciones que responden a dos maneras de pensar, la individual y la comunal.

Debemos comprender que las dos maneras de pensar no responden únicamente al espacio en el que se ejercita el pensar, sino que las contradicciones se dan en el pensar mismo. En la ciudad habitan pensamientos que en su actuar revelan su deseo de hacer comunidad, y en comunidad, habita el pensar y el deseo de vivir como en la ciudad.

El Estado neocolonial mexicano, por todos los medios a su alcance, busca que la comunidad sea como una ciudad, y los habitantes de la ciudad, en muchos casos, están luchando por vivir como en la comunidad, sobre todo porque la comunidad exige la participación de todos en la toma de decisiones, cuestión que no se lleva con la democracia, el “desarrollo”, el mercado, la propiedad, la escuela o la comunicación electrónica. Debemos estar conscientes de que el Estado se ha empeñado que sea lo individual lo que prive en todos los ámbitos, niega la comunidad, porque niega la necesaria participación de todos en el ejercicio de la vida. Es mejor controlar a un individuo que a una comunidad. He aquí el secreto de lo liberal, de lo democrático, de la propiedad, en donde se amparan todas las políticas de Estado.

Que en Oaxaca se haya reconocido a la comunidad vía la legalización electoral de los ayuntamientos comunitarios, como de “usos y costumbres”, no quiere decir que el Estado tienda a ser también comunitario, es simplemente un reconocimiento de la real existencia de la representatividad comunitaria con base en su propia normatividad. Pensar en un “Estado comunitario”, sobre todo para Oaxaca, podría ser uno de los objetivos de nuestra labor radiofónica. Esto quiere decir que con mayor claridad se comunalice al municipio, y luego se comunalice al Estado.

Pero, ¿qué significa comunalizar? Simplemente tomar decisiones en común, y participar todos en todo desde lo propio que es la comunidad. Es decir, si por sistema se nos individualiza por todos los medios, nuestra tarea puede centrarse en comunalizar, como responder horizontalmente a la verticalidad que se nos impone.

La Radio Comunitaria, como su nombre lo indica, nace de la comunidad, se sustenta en ella, y sus principios y mensajes son elaborados para el fortalecimiento comunitario. Esto invade territorio, organización, trabajo y la fiesta. Una radio comunitaria deposita su labor en estos pilares que refrendan valores, tradiciones, conocimientos, eventos, y principios. Debemos estar seguros de que el derrotero de una radio comunitaria es comunalizar todo aquello que huela a individual.


FOTO: Cony Cuetia /Tejido de Comunicación-Pueblo Nasa

Diríamos, a pesar del peligro de resultar pretenciosos, la labor de una radio comunitaria es la descolonización por medio de la comunalización. Que quede claro, esto no significa dirigir nuestro mensajes en una sola dirección, sino partir de las contradicciones para llegar a comunalizar la vida que nos rodea, con base en una crítica visión de lo que ahora padece la comprensión comunalitaria en contraposición de la individualitaria emisión de que nos bañan los medios comerciales y gubernamentales actuales de comunicación.

Es importante reconocer que una emisión que individualiza es la canción, no la música en general. Es necesario ser críticos en esto porque trasmitir a José Alfredo y Juan Gabriel, como a Álvaro Carillo es lo mismo. Esta cuestión pareciera irresoluble, máxime cuando vemos la reproducción de estos compositores en todo tipo de trío, de grupo, en fin de casi todos los cantantes que emitimos. Sin embargo, al insistir en otros géneros de canción, de menor carácter individual, tenderíamos a reducir el impacto que subyace en este tipo de canción. Esto sonará extraño, no olvidemos que hemos estado colonizados e individualizados mucho más de 500 años. Los resultados de este proceso los llevamos en nuestro organismo y saltan a la vista.

Investigar lo que hacemos en nuestra comunidad nos llevará a los temas, y con ello, a los formatos radiofónicos necesarios a utilizar. Lo principal radica en entender la suma de contradicciones que habitan en nuestro pensamiento. Nuestro modo de vivir genera un modo de pensamiento y por lo tanto un modo de comunicación. El pensamiento occidental, que nos impone el mercado, la propiedad, la tecnología, se fundamenta en un razonamiento: el pensamiento occidental-individual separa el sujeto del objeto la naturaleza de la sociedad, la naturaleza de la cultura, el yo del nosotros. Para nosotros es lo contrario, no nos entendemos como cosas, somos una unidad, una totalidad, la sociedad es la naturaleza, como la naturaleza es la cultura, y el Nosotros es la integración de los diversos yo, por decirlo así. La manera sencilla de entendernos es que nosotros nos debemos a la naturaleza, y que la cultura se hace en la relación con la naturaleza, y que el “yo” no lo entendemos porque nos consideramos dependientes de los demás. Nosotros tenemos tecnologías, que diseñamos apropiadamente a nuestra realidad, aunque también nos apropiamos de otra tecnología que nos sirve a todos, como lo es la radio, el video, el internet, que nos hacen depender de su mercado, pero que nosotros lo podemos usar para el intercambio.

Por eso estamos seguros que no todo está en nuestra contra, pero debemos investigar qué es lo útil y puede ser aprovechado en el beneficio comunitario. Nuestro pensamiento no está hecho para competir, ni para acumular, por esto nos dicen flojos o poco emprendedores, lo que ganamos lo utilizamos para el festejo común. El organizar la fiesta nos da prestigio porque compartimos lo que tenemos, y esperamos que todos hagan lo mismo, es decir somos y exigimos reciprocidad en todos nuestros actos. No damos nuestro trabajo como si fuera una mercancía, lo damos para apoyar al otro pero también sabemos que el otro nos ayudará. Ahí está el tequio, la gozona, la guelaguetza como botón de muestra.


FOTO: Guadalupe Blanco, Nandilup

Comunalizar es llevar la práctica del trabajo, el respeto y la reciprocidad como escudo que nos identifica. Todo sembrado en el trabajo significa que seamos trabajadores creativos, respetuosos de los otros, y dar y recibir lo que se realice. En la radio producimos los mensajes con la participación de todos, respetamos las opiniones y los gustos de todos, ofrecemos los mensajes y recibimos mucha calidad de participación. Sabemos que cada comunidad construye su cultura. Los detalles de cada comunidad o microrregión se reproducen por medio de la radio. Esto significa exponer nuestra multiculturalidad, nuestra diversidad. Será siempre la naturaleza la que dicte lo que necesitamos y debemos de hacer, de esa manera la protegemos y con ello nos protegemos.

Todo esto que se propone fortalece nuestra comunalidad, con ello enfrentamos el aturdimiento que nos ahoga al consumir mensajes coloniales e individualizantes que nos llegan por todos lados y que ha sido el sistema imperante que busca nuestra desaparición. Con esto pretendemos aclarar que tenemos lo nuestro, pero en principio debemos conocerlo, como conocer lo otro, para estar convencidos de que lo que hacemos es un bien para todos.

La radio es nuestra herramienta, independientemente de dónde haya venido, nos es útil para nuestro propósito. Por todo esto somos radios comunitarias y estamos al servicio de la comunidad, y con ello comunalizaremos la vida.



FOTO: Mario Martínez

Nejum ja et näx winyït.
El derecho al territorio

Sócrates Vásquez García Radio Jënpoj /AMARC México

Entenderemos como territorio no sólo el lugar físico de la comunidad, ni la parcela, sino que partimos de que es una relación simbólica de sus habitantes que le dan sentido en lo filosófico, emocional, lingüístico, espiritual y organizacional; es la base para la reproducción de una identidad colectiva.

Desde esta perspectiva, el territorio es un espacio físico y ontológico porque permite la trascendencia del ser con y hacia otros seres, reafirmada por la historia. Como ejemplo tenemos a las comunidades indígenas de Oaxaca que en mayoría sus territorios son comunales, entendidos como reconocimientos históricos de una posesión ancestral. Por eso, hablar del derecho al territorio se basa en la idea de la existencia de una comunidad, de una interpretación del mundo, tan válida como las otras, de una manera de organizarse y de idea de futuro.

Nejum (lengua ayuujk) habla de lo que es un bien común, que es también un espacio para el bienestar común, es de todos. Cuando se plantea el derecho al acceso y manejo del sistema de medios de comunicación comunitaria indígena, estamos hablando del derecho al territorio, porque no sólo es un asunto de respirar el aire, también el aire nos favorece con esta generosidad de transmitir las culturas, las maneras de ver y entender el entorno, a partir de lo que históricamente se han relacionado y dado significado, sobre todo tener el derecho preferente, porque son espacios históricos simbólicos de los pueblos que por cientos de años se han mantenido desde una perspectiva de poder y organización.

Esta es la base del planteamiento de la existencia del sistema de medios comunitarios indígenas, es una afirmación y revaloración de lo propio, de lo que se ha mantenido y cambiado durante mucho tiempo, pero también de lo que pueda fortalecer el tejido comunitario y su base en la filosofía comunal con otras maneras de ver y entender el mundo, un mundo donde quepan muchos mundos.

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