Sociedad y Justicia
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En el país, es la décima causa de muerte y el principal motivo de internamiento

Se detectan al año 40 mil casos de enfermedad renal crónica

La mitad de ellos, derivado de complicaciones por diabetes; la hipertensión también lo provoca

De 129 mil personas que la padecen, mil están en etapa terminal y 9 mil son candidatas a trasplante

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La enfermedad renal crónica se vincula con dos de las principales causas de morbimortalidad en el país: la diabetes y la hipertensión. En la imagen, una cirugía de extraccion de riñones para ser usados como donaciónFoto Marco Peláez
 
Periódico La Jornada
Sábado 24 de agosto de 2013, p. 29

Cada año, en México se reportan alrededor de 40 mil nuevos casos de enfermedad renal crónica, la mitad de ellos por complicaciones de diabetes. También la hipertensión arterial puede provocar falla en el funcionamiento de estos órganos, lo cual constituye un problema grave de salud, irreversible y de alto costo, advirtieron especialistas.

De acuerdo con información de diversas organizaciones, en el país hay alrededor de 129 mil personas con este padecimiento, de las cuales unas mil se encuentran en etapa terminal y algo más de 9 mil son candidatas a trasplante. La enfermedad renal crónica es la décima causa de muerte y representa el principal motivo de internamiento en los hospitales.

Se trata de un tema complejo por su vinculación con dos de las principales causas de morbimortalidad a nivel nacional y porque además del alto costo de los tratamientos (diálisis y hemodiálisis), éstos no son más que paliativos y resultan difíciles de efectuar para la mayoría de los pacientes.

Ayer, Kamyar Kalantar, jefe de la División de Nefrología e Hipertensión de la Universidad de California en Irvine, Estados Unidos, se refirió a los cuidados en materia nutrimental que requieren las personas con daño renal, y subrayó los obstáculos que enfrentan éstas para cumplir con las dietas rigurosas y altamente restrictivas, pero que al mismo tiempo deben garantizarles un nivel adecuado de proteínas.

Estas sustancias son las que más pierden los pacientes cuando se someten a diálisis, con la cual se sustituye la función renal.

De acuerdo con datos de los expertos, la desnutrición aumenta el riesgo de muerte. Kalantar comentó que, para preservar la calidad de vida de los enfermos, los médicos deben vigilar de manera puntual los niveles en la sangre de la proteína de albúmina.

En forma ideal, se debe practicar un análisis de sangre mensual para verificar la situación nutrimental. Resaltó que aunque en México los servicios de salud tienen programas de atención integral que prevén la vigilancia de las condiciones de los pacientes, también se requiere garantizar una alimentación complementaria eficaz para prevenir o revertir la eventual desnutrición.

Desde mediados de los años 90 están disponibles en los mercados mundial y nacional algunos complementos alimenticios diseñados específicamente para enfermos renales, pero sólo se adquieren en el sector privado.

En este aspecto, las instituciones públicas de salud limitan su atención a informar a los pacientes sobre los alimentos que deben evitar. En tanto, la mayoría de los suplementos alimenticios no están diseñados para satisfacer sus necesidades.

Se trata de una situación compleja. El especialista refirió datos estadísticos de Estados Unidos, según los cuales en las etapas avanzadas de la enfermedad renal crónica, la mitad de los afectados está desnutrido, y en fase terminal, este indicador se eleva a 75 por ciento. En esta situación, además de pérdida en la calidad de vida, los individuos también ven reducidas sus posibilidades de recibir un riñón en trasplante.

La mayoría, derechohabientes del IMSS

En México, la mayoría de los afectados con diagnóstico (alrededor de 50 mil) son derechohabientes del Instituto Mexicano del Seguro Social, de los cuales 72 por ciento están en terapia de diálisis y sólo 30 por ciento son candidatos a la cirugía sustitutiva.

Otros aspectos del problema son la prevención y la detección temprana de la enfermedad, pues en sus etapas iniciales –cuando es posible detener o al menos retrasar su evolución– no produce síntomas.