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Celebró 40 años de carrera con un tributo al Rey del rock

Héctor Ortiz causó una explosión de emociones al interpretar a Elvis Presley
 
Periódico La Jornada
Lunes 19 de agosto de 2013, p. a14

Yo no hablo inglés, pero canto las de Elvis. ¡Me vale!, comentó una señora de unos 70 años de edad en el concierto de Héctor Ortiz, titulado Elvis Symphonic Experience, realizado la noche del pasado sábado en el Pepsi Center WTC, que registró una excelente entrada.

Algunos fans lucían lentes como los que usaba el ídolo, otros unos copetes abultados, no al modo de Enrique Peña Nieto o de John F. Kennedy, sino del tipo envaselinado del intérprete de Zapatos de ante azul.

Familias enteras, muchos niños, algunos bebés, pero, sobre todo, gente con varias décadas de pisar el planeta, se dieron cita para recordar a Elvis, quien falleció el 16 de agosto de hace 36 años.

Como si se llegara a uno de los hoteles de Las Vegas, en los días de gloria del Rey del rock, los rocanroleros mexicanos y algunos extranjeros tomaron sus lugares y comenzaron a exigir con aplausos que comenzara la tocada con sabor a nieve de limón.

Se apagaron las luces y comenzó la magia. En las pantallas se proyectaron imágenes de Elvis en acción, con el intro que lo caracterizó: Así hablaba Zaratustra. Sin piedad, Elvis-Héctor, Héctor-Elvis, se reventó See See Rider, You Don’t Have to Say You Love Me, Sweet Caroline, I Can’t Stop Lovin’ You, que provocaron gritos.

Elvis Pelvis

Los movimientos de cadera del Elvis Pelvis hicieron que algunas damas sacaran lo salvaje a la voz de ¡papito!, ¡te amo! Y hasta de caballeros que silbaban al muchachón ataviado de un traje azul iridiscente. Blue Suede Shoes y a mover el cuerpo.

Vino un cambio de vestuario y Elvis regresó en medio de gritos del público. ¡Elvis estaba entre las gradas, con la chaviza y la momiza, repartiendo besos y abrazos! Recordó días felices con un popurrí del 68. Luego un unplugged, guitarra en mano.

Luego, Love Me y King Creole, de las más aplaudidas y coreadas. Fue sólo la antesala de la locura, porque lo que vino fue una explosión: Jailhouse Rock, y a quebrar las piernas, sacudir el copete.

Llegó Memories. En las pantallas se proyectaron imágenes de Elvis en varios momentos de su vida, desde que era bebé. La final: del ídolo niño con sus papás en los flancos. Se escucharon suspiros.

Otros éxitos: Now or Never, Always On My Mind, durante la cual se proyectaron imágenes de Priscilla y un beso tan largo que se volvió eterno; Love Me Tender hasta My Way, en la que Elvis dio las gracias y se descubrió: Soy Héctor Ortiz, ¡orgullosamente mexicano! Celebro 40 años de carrera.

Se despidió y en el encore llegaron: Suspicious Minds, que hizo del recinto una catedral con un gran coro. Viva Las Vegas y Can’t Help Falling in Love With You cerraron la velada, el soñar despierto que una noche se estuvo en un concierto de Elvis.