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Las pláticas de paz entre Israel y Palestina
E

l secretario de Estado estadunidense, John Kerry, ha emergido de las intensas discusiones con el gobierno israelí y la Autoridad Palestina como quien arregló la reanudación de las así llamadas pláticas de paz. Se asegura que esto es un avance. Pero ¿lo es?

Del lado israelí, el gobierno prometió la liberación de algunos prisioneros de peso completo (es decir, implicados en ataques mortales) como gesto para hacer posible la reanudación de los diálogos. Pero la promesa resultó poco clara en los detalles. Se proyecta que la liberación ocurra en cuatro etapas. El número de liberados es incierto. La cifra de 104 prisioneros ya llegó a la prensa, pero ¿es éste el total o es la primera etapa? No se ha decidido aún cuándo ocurrirá la primera etapa. Y la propuesta completa recibió el respaldo de todo el gabinete sólo después de que el primer ministro Benjamin Netanyahu ejerciera cuantiosas torceduras de brazo. No sabemos lo que prometió al muy renuente gabinete en cuanto a las negociaciones con el fin de lograr su voto.

Por el lado palestino, la Autoridad Palestina dice que únicamente ha accedido a pláticas en torno a los diálogos. Quiere saber cuál va a ser la línea base para las futuras pláticas fronterizas, el grado de disminución paulatina del ritmo de edificación de los futuros asentamientos israelíes y el calendario preciso para la liberación de los prisioneros. Y quiere saber todo esto antes de septiembre, cuando se reúna la Asamblea General de Naciones Unidas, con el fin de mantener la opción de proseguir sus objetivos de otras maneras en ese organismo. Hamas, que no fue incluida en las pláticas, hizo notar que estos diálogos, si ocurren, podrían dificultar, tal vez descarrilar por completo, la otra serie de diálogos, aquéllos entre Hamas y la Autoridad Palestina, que intentan lograr la unidad palestina.

Es más, un nuevo elemento entró a escena en junio. Por primera vez, la Unión Europea anunció que establecerá nuevas normas para el comercio con Israel. En julio, la Unión Europea mandató que todos los futuros acuerdos comerciales con Israel especifiquen que no incluyen a Cisjordania, Jerusalén oriental o el Golán, todos territorios que la Unión Europea considera que no son parte de Israel. Catherine Ashton, la jefa de política exterior de la Unión Europea, está buscando implementar esta directiva trabajando con siete relevantes comisionados que junten una serie uniforme de guías de la UE para el futuro comercio a partir del primero de enero de 2014.

Con toda seguridad el vocero del gobierno israelí y, de hecho, el propio Netanyahu han objetado esto con fuerza y han solicitado que todo este proceso sea por lo menos pospuesto. El secretario Kerry añadió su voz a esta misma demanda. Catherine Ashton está ignorando estas peticiones. La importancia de esta jugada es doble. Lastima a Israel en lo económico, dado que el comercio con Europa le es muy importante y no es menor para los asentamientos. Pero lo más importante es que se trata de la intervención más fuerte de la UE en favor de una solución con dos Estados y socava la estrategia de pláticas de Netanyahu, suponiendo que busque algo más que su fracaso.

Todo el panorama es algo surrealista. Los principales actores en las posibles pláticas en torno a los diálogos –Netanyahu y Abbas– se encuentran en posiciones políticas débiles, acosados por presiones contradictorias desde dentro de sus bases de poder. Por tanto, a fin de cuentas, es muy poco probable que se involucren en diálogos serios, ni siquiera en pláticas en torno a esos diálogos. Constantemente Netanyahu ha intentado redirigir la atención del mundo, especialmente la del gobierno de Estados Unidos, de las pláticas entre Israel y Palestina a lo que él presenta como la amenaza de Irán hacia Israel. Tampoco Netanyahu ha tenido mucho éxito al respecto.

Encaremos las realidades. Israel no está listo para hacer ningún acuerdo que no incluya por lo menos los siguientes rasgos: retención de todo el gran bloque de asentamientos que se extiende hacia el oriente desde Jerusalén (sobre un 5 por ciento de Cisjordania); soberanía sobre Jerusalén oriental; severos límites a las fuerzas armadas de un Estado palestino; emplazamiento de tropas israelíes en la frontera de un Estado palestino con Jordania.

Justo hacer la lista de estas condiciones es subrayar qué tan imposible debe ser para cualquier líder político palestino aceptar tales términos. Los términos palestinos implican mínimamente las fronteras previas a 1967, soberanía sobre Jerusalén oriental; un Estado que tenga los derechos de cualquier otro Estado soberano. Abbas ha asegurado que ni un solo soldado ni colono israelí podrían permanecer en tierra palestina. Más aún, los palestinos consideran que el tiempo está de su parte por dos razones: la creciente deslegitimación mundial de las posiciones israelitas, como lo hace evidente la nueva postura de la Unión Europea, y la evolución demográfica que conduce a una siempre mayor cantidad de árabes residentes dentro de Israel.

Las dos series de términos mínimos parecen más o menos infranqueables. Así lo han sido en el pasado y no hay razón para pensar que esto cambiará en el futuro previsible.

¿No están concientes de esto los principales actores de los dos países y del resto del mundo? Por supuesto que lo están. Pero sienten que no les queda otra que pretender que todavía no se ha alcanzado un impasse total. Cada lado busca persuadir a la opinión mundial que un impasse así –uno que saben que llegará con toda seguridad– es culpa del otro lado. Sin embargo, lo usual es que los juegos de culpar a los otros cambien muy poco. Lo que podemos esperar es que se mantenga el statu quo por el mayor tiempo posible. Una cosa que todos hemos aprendido en los 10 años anteriores es qué tan inesperado es el momento en que un statu quo se deshace de repente y lo inciertas que son las consecuencias de este colapso en el statu quo.

Traducción: Ramón Vera Herrera

© Immanuel Wallerstein